Intervenciones de los Padres Sinodales (II)

Tercera Congregación General, mañana del martes 6 de octubre

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 7 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación los resúmenes de las intervenciones que se produjeron durante la Tercera Congregación General de la Asamblea del Sínodo sobre África, en la mañana de ayer martes 6 de octubre.

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Cardenal Zenon Grocholewski (Ciudad del Vaticano), prefecto de la Congregación para la Educación Católica

Los centros católicos de educación han desempeñado un papel importantísimo en la obra de evangelización y han contribuido mucho al desarrollo social y cultural del continente. Precisamente en el ámbito de la enseñanza y la educación la Iglesia en África tiene que afrontar su mayor desafío.

a) La educación más importante es la de los seminaristas. Con respecto a los seminarios, la Congregación para la educación católica (CEC) es competente en los territorios de las misiones sólo “en lo concerniente al plan general de estudios” y no en lo que se refiere a la “formación”. En cuanto a la enseñanza en los seminarios, cabe resaltar que 70 institutos ya se han afiliado a una facultad eclesiástica, y principalmente a la Universidad Pontificia Urbaniana (lo cual equivale a una sexta parte de todos los seminarios afiliados en el mundo), que está obligada a desarrollar un control regular de la enseñanza. En esta materia hay que preocuparse por la falta de conexión orgánica entre la enseñanza filosófica- que se realiza a menudo en un sitio diferente o se apoya en un instituto no adecuado- y la enseñanza de la teología.

En todo caso, los problemas más graves relativos a la formación del clero en África (adecuado discernimiento, formación espiritual y afectiva, etc.) exceden a la competencia de la CEC, aunque la enseñanza y la formación sacerdotal son elementos estrechamente vinculados entre sí. En la perspectiva de la formación se debe exigir sobre todo que en cada nación se elabore un apropiado “Ratio institutionis sacerdotalis” (requerido expresamente por el Concilio: OT,1) y aprobado por la autoridad competente de la Santa Sede, que debería redactar un reglamento general adecuado, como se pidió en la I Asamblea general del Sínodo de Obispos del año 1967. Son necesarias, además, las visitas apostólicas regulares y cualificadas como también una preocupación constante por la formación de los formadores y, de manera especial, una sólida formación espiritual de aquellos sacerdotes que estudian en Roma, dado que son ellos principalmente quienes serán a su vez enseñantes y formadores en los seminarios.

b) Con respecto a las escuelas católicas, su presencia en África es significativa: unos 12.500 parvularios con más de 1.260.000 alumnos; más de 33.250 escuelas primarias con unos 14.000.000 de alumnos: y casi 10.000 escuelas secundarias con unos 4.000.000 alumnos. Una realidad tan vasta ofrece a la Iglesia un valioso instrumento de evangelización, de diálogo y de servicio a la población del continente. Es importante que estas escuelas conserven y refuercen su clara identidad católica. Esto exige que la formación de los enseñantes no sea solamente profesional sino también espiritual, y que consideren su trabajo como un apostolado.

c) Por lo que concierne a los institutos de estudios superiores, en los últimos decenios su número se multiplicó. Hoy existen 23 Universidades católicas, 5 Facultades teológicas y tres Facultades filosóficas. Todas estas instituciones constituyen un lugar privilegiado para evangelizar las culturas y formar hombres rectos, operadores de paz, de reconciliación, testigos de la fe. Al respecto quisiera proponer algunas consideraciones útiles:

– Me complace subrayar el esfuerzo que han hecho las facultades eclesiásticas con respecto al problema de la enculturación: esta exige una aguda sabiduría evangélica y hay que afrontarla a la luz de las enseñanzas de la Iglesia.

– En todas las universidades católicas debe estar presente el pensamiento teológico, por lo menos en las cátedras de teología para laicos, de la doctrina social de la Iglesia, etc.

– Actualmente hay que dar especial importancia a la formación de católicos altamente cualificados para los medios de comunicación “son el nuevo areópago de nuestro siglo”.

– También hay que intensificar la pastoral en las universidades estatales.

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Cardenal Emmanuel Wamala, arzobispo emérito de Kampala (Uganda)

Me regocijo con aquellas Iglesias particulares que están “elevando un himno de acción de gracias por la liberación de los regímenes dictatoriales”.

Pero tal vez no nos damos cuenta de que hay una nueva generación de dictadores que está remplazando a la generación anterior. Quizá preferimos llamarles “dictadores blandos”, pero en cualquier caso siguen siendo dictadores.

“La cultura de los principios democráticos” de la que hablan los textos, no es la que ellos quieren cultivar. De hecho, ellos no creen en ningún principio democrático sólido. Creen en un único principio: en la “ingeniería política”. En muchos de los países africanos, la política que estamos viviendo es una política sin Dios, es un estilo de gobierno que alimenta conflictos. El escenario político general en el continente africano y en Madagascar está claramente descrito en las siguientes palabras, en el número 23: “Ellos (nuestros líderes) favorecen la división para proteger su reinado (y algunas veces el de sus hijos). En algunos lugares, el partido en el poder tiende a considerarse el Estado mismo”. Los ejemplos de situaciones de este tipo abundan en muchos países de África y esa parece ser la tendencia.

El ministerio de la reconciliación que nos ha sido confiado, como leemos en 2Co 5,18, es una tarea extremadamente desafiante. Debemos ir a la raíz de las causas de los conflictos y las guerras. Un gobierno sin principios sólidos es, en mi opinión, una de las principales.

¿Cómo podemos resolver este problema? Yo no veo otra solución que no sea la educación. Debemos influir en la familia y la educación, con el fin de incluir los principios democráticos fundamentales que encontramos en la Doctrina Social de la Iglesia.

Las estructuras que encontramos en la Iglesia, comenzando por la familia, las pequeñas comunidades cristianas, los colegios y demás, son algunos de los foros en los que, con prudencia, se puede iniciar la formación de líderes que siga estos principios. Es también ahí donde puede comenzar la reconciliación entre grupos y tribus.

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Monseñor Vincent Landel, arzobispo de Rabat (Marruecos), presidente de la Conferencia Episcopal Regional de África del Norte (CERNA)

Estudiantes subsaharianos en el Magreb: más de 30.000

Injusticia:

-Ellos descubren un mundo en el que el Islam es social y en el que prácticamente no hay libertad religiosa para un magrebí.

-Descubren la injusticia en la concesión de las becas a los poderosos y a las familias privilegiadas.

-Para algunos de ellos, la Iglesia supone un respiro y ellos son la vida de nuestras comunidades cristianas.

¿Cómo podrá la Iglesia ayudar a estos jóvenes a reagruparse para reflexionar sobre su futuro sin desanimarse?

Paz:

-Estos estudiantes descubren el mensaje social de la Iglesia y todo su testimonio de paz.

-¿No tiene la Iglesia la tarea de una evangelización a partir del compendio?

Reconciliación:

-Estos estudiantes y becarios descubren todo el mundo del Islam con el cual se deben reconciliar; pero, al mismo tiempo, se abren a otros mundos, a otras culturas, a otras religiones. Esto es lo que permitirá la reconciliación.

-Que la Iglesia del Magreb pueda ayudarlos a abrirse al
mundo.

-Que la Iglesia en África les ayude a convertirse en cristianos responsables.

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Monseñor Jean-Noël Diouf, obispo de Tambacounda (Senegal), Presidente de la Conferencia Episcopal

1. La descripción de una liturgia de Penitencia en el pueblo Ndut (Senegal) en el pasado:

Si se concedía el perdón, la reconciliación se celebraba con alegría. En caso contrario, había una condena a muerte, con el homicidio del representante de la otra parte.

2. Las reflexiones de los miembros de la Conferencia Episcopal de Senegal, Mauritania, Cabo Verde y Guinea-Bissau, en cinco puntos:

Primer punto: la reconciliación, la justicia y la paz necesitan de la humildad, el amor y la conversión. En otras palabras, “un corazón nuevo y un espíritu nuevo”.

Segundo punto: cristianos en misa y paganos en la vida. Es necesario volver a ser “discípulos” de Cristo.

Tercer punto: el huracán de la globalización. Hay que resistir a él construyendo refugios que sean sólidos, es decir, comunidades cristianas evangelizadas y evangelizadoras.

Cuarto punto: Ser “sal y luz” para preservar a África de la disgregación y del desánimo: guardar el Evangelio y los valores africanos.

Quinto punto: Un congreso eucarístico para analizar en profundidad los resultados del Sínodo.

3. Recurrir a la planificación pastoral que se está poniendo en marcha en el África occidental francófona.

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Monseñor Giorgio Bertin, obispo de Djibouti, Administrador Apostólico ad nutum Sanctæ Sedis de Mogadiscio (Somalia)

Desde hace algunos años, en el aniversario de la muerte de Mons. Salvatore Colombo OFM, Obispo de Mogadiscio asesinado el 9/7/1989, comencé a recordar en la Misa no solamente a él, sino también a una serie de personas que fueron asesinadas mientras estaban al servicio de la justicia, de la paz y de los pobres en Somalia. Entre ellos se contaban algunos católicos como la doctora Fumagalli, Annalena Tonelli y la Hermana Leonella; también hermanos “protestantes”; había musulmanes somalíes, que han sido mayoría en este país musulmán; y también otras personas no pertenecientes a ninguna fe en particular. Llamo a esta jornada del 9 de julio “jornada de los mártires de Somalia”. Este día nos sirve para recordar que muchas personas de diferentes convicciones han sacrificado sus propias vidas por una mayor justicia, fraternidad y paz en Somalia.

No somos solamente nosotros los católicos los que queremos la reconciliación, la justicia y la paz en Somalia o en África. Hay muchas otras personas e instituciones de buena voluntad. Hace dos domingos nos decía el Evangelio: “Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros” (Mc 9, 40). Esto significa que tenemos el deber de colaborar con todos.

Concretamente, os sugiero algunos puntos no exhaustivos, pensando tanto en Somalia como en África:

1) hacer memoria “juntamente con los demás”, de las personas mejores que han servido al bien de un determinado pueblo;

2) tener momentos de oración en común con los creyentes de otras creencias en favor de la paz;

3) detener el tráfico de armas y la libre circulación de criminales de guerra;

4) invitar a la Comunidad Internacional a una mayor colaboración, no sólo en la lucha contra la piratería, sino también en la reconstrucción del Estado en Somalia;

5) colaborar con los musulmanes de buena voluntad para aislar y neutralizar la obra nefasta de grupos islámicos radicales, que son la causa de problemas, en primer lugar para los mismos musulmanes y también para los demás;

6) apoyar y desarrollar la acción de la Santa Sede y de sus diplomáticos.

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Monseñor Michael Dixon Bhasera, obispo de Masvingo (Zimbabwe)

Nuestros fieles cristianos están unidos por una reconocible cultura común, expresada en una plétora de variaciones. Esta herencia cultural que nos da nuestra identidad, está en peligro de extinción a causa de los hechos históricos, los procesos naturales y los proyectos humanos. La Iglesia-Familia de Dios en África nunca podrá ser auténtica si su base cultural, que es tan rica y puede ser usada para resolver tantos problemas, resulta erosionada.

Los desafíos que debemos afrontar están determinados tanto por el proceso de globalización como por los factores locales. Se trata de un conjunto de problemas complejos creados por el hombre, como la corrupción, la codicia, la opresión y el totalitarismo. Esperamos que este Sínodo se ocupe adecuadamente de estos temas.

Nuestra fuerza surge de nuestra relación con Cristo. Alimentamos esta relación mediante los Sacramentos, especialmente el Sacramento de la Eucaristía, con el cual somos modelados en la Familia de Dios, y todos debemos ser agentes de reconciliación, salvación, justicia y paz.

La idea de las relaciones le gusta a África porque nace del corazón de sus culturas. A través de nuestra participación en los Sacramentos, estamos unidos por una sola sangre, la sangre de Cristo.

El vínculo sacramental puede ser más fuerte que el biológico, que une a las familias. Ello pone de relieve los valores de la familia africana, como la solidaridad, el compartir, el respeto, la hospitalidad, el estar juntos y la reconciliación mediante la justicia reparadora.

La Iglesia-Familia se convierte en un signo visible y un instrumento de justicia, de paz y de reconciliación si si se entiende y se vive de manera correcta. Después de esta turbación, la reconciliación genuina se expresa mediante la restitución y la reparación.

Algunas de nuestras gentes recurren a las sectas o a la brujería ante las dificultades. Además, es doloroso cuando los católicos se vuelven contra sus hermanos católicos a causa de conflictos políticos, sociales, económicos y regionales. El problema es el escaso conocimiento del significado de la Iglesia como Familia (de Dios). Esta catequesis debería comenzar en la familia para luego continuar en nuestras instituciones de enseñanza, sanitarias, de desarrollo social y de formación.

Cuando la fe alcanza la comprensión de “quiénes somos”, entonces podrán empezar a dirigirse hacia un diálogo ecuménico y fomentar la reconciliación, la justicia y la paz.

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Monseñor Sithembele Anton Sipuka, obispo de Umtata (Sudáfrica)

Después de muchas décadas de conflicto y tensión, Sudáfrica logró encontrar una solución pacífica a sus problemas políticos como país y creó estructuras democráticas y vías que han conducido a la paz. El problema, sin embargo, es que estos principios de democracia no han conseguido llegar a las mismas gentes. Mientras el país se transforma legal y políticamente, en el día a día, a nivel de relaciones interpersonales, las gentes siguen pensando según el viejo sistema y se sienten diferentes e, incluso, enemigos los unos de los otros.

Lo que nos indica que es más fácil cambiar las estructuras externas que cambiar de mentalidad y, por esto, hasta que no cambien ambas, la democracia no será valorada ni se mantendrá en Sudáfrica.

El enfoque principal del trabajo evangelizador de la Iglesia es el cambio de corazones y es aquí donde puede hacerse una contribución significativa.

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Monseñor Jean Mbarga, obispo de Ebolowa (Camerún)

Para el presente Sínodo, la Iglesia-Familia de Dios, que está en África con la misión de contribuir a la reconstrucción de un África presa de las crisis múltiples pero ricas en cuanto posibilidad de renovar su pastoral sobre la base de una eclesiología de apertura a los desafíos de la sociedad: ¿Qué África para la Iglesia?, ¿Qué Iglesia para África?

En sus muchas dimensiones, esta misión consiste en extinguir los co
nflictos, reconstruir la casa África sobre la roca del Evangelio y de la fe, de suerte que:

-Allí donde la fe Cristiana se debilita o no existe, las comunidades eclesiales den un testimonio de vida evangélica, de práctica eclesial y de compromiso social;-Allí donde la cultura está dividida entre la tradición y la globalización, la Iglesia inspira obras culturales humanizantes que difunden los verdaderos valores dignos del hombre;

-Allí donde el Estado explota al pueblo, las comunidades eclesiales se comprometan en favor de la democracia y el buen gobierno de los bienes y de las personas, la cultura de la gratuidad y del don.

-Allí donde castigan la guerra y las rebeliones, que haya una movilización de todos por la paz.

Para ser signo e instrumento de estos valores, la Iglesia-Familia servidora será una Iglesia que viva en paz y pueda dar la paz, que se evangelice y evangelice la sociedad.

-Será una Iglesia madre y educadora, que dé a África una carta de valores.

-Una Iglesia abogada y profética que organice la defensa a favor de políticas, legislaciones y estructuras sociales iluminadas por un humanismo africano y cristiano.

-Una Iglesia mediadora que reconcilie a las partes enfrentadas, trabaje por la prevención de los conflictos y anime permanentemente el diálogo social.

-Una Iglesia movilizadora que promueva un apostolado asociativo militante y un liderazgo de los fieles laicos, un clero y los consagrados formados para la sociedad actual.

-Una Iglesia comunicadora que produzca con las nuevas tecnologías obras de difusión de cultura africana cristiana.

-Una Iglesia que actúe en favor de obras sociales y programas pastorales adecuados, que promuevan la salud, la educación y el trabajo productivo.

Este Sínodo puede proponer la creación de misiones o de comisiones muy específicas que clarifiquen e intensifiquen esta eclesiología y esta pastoral de apertura a los desafíos de la sociedad de hoy.

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Monseñor Thomas Kaboré, obispo de Kaya (Burkina Faso)

La educación en favor de la justicia y de la paz es una misión esencial de la Iglesia como Familia de Dios. Los niños de Dios son artesanos de la paz: «bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios», proclama el Señor Jesús. Si la Iglesia existente en África es Familia de Dios, es lugar de reconciliación, de justicia y de paz.

En un continente en el que se desgarra por los conflictos y las luchas, es Dios quien nos invita a ser una Iglesia Familia, lugar de reconciliación, de justicia y de paz. Por esto, los Padres del primer Sínodo para África “reconocieron rápidamente que la Iglesia como Familia sólo puede dar su medida de Iglesia ramificándose en comunidades suficientemente pequeñas que permitan estrechas relaciones humanas (…) sobre todo para vivir del amor universal de Cristo que transciende las barreras de las solidaridades naturales de los clanes, tribus u otros grupos de interés” [Ecclesia in África § 89].

Para asumir dicha misión, nos hace falta pues trabajar para transformar nuestras Comunidades Cristianas de Base (CCB). Éstas deberían volverse verdaderas familias: eso significa conversión, “solicitud por el otro, la solidaridad, el calor de las relaciones, la acogida, el diálogo y la confianza”[Ecclesia in África § 63]. Llamamos así a estas Pequeñas Comunidades, Comunidades

-Familia. Ellas son las que darán a la Iglesia su rostro y su realidad de familia para hacer de ellas lugares de reconciliación.

Lo esencial del trabajo para llegar a dicha edificación de la familia será, antes que nada, la Evangelización. El primer objetivo de estas Comunidades-familia es el constituirse en Escuelas de Evangelización. Es importante que todas las Iglesias lleguen a ser una comunión de Comunidades-Familia y que toda la Iglesia sea evangelizada, es decir, que sea renovada interiormente y llegue a ser una humanidad nueva. Esto supone que los pastores se vuelvan predicadores itinerantes de la Buena noticia y que vayan de comunidad en comunidad.

La Evangelización será así menos una cuestión de método y de técnicas, que testimonial: “Un verdadero testimonio por parte de los creyentes hoy es esencial en África para proclamar de manera auténtica la fe. En particular, es necesario que se de testimonio de un sincero amor recíproco” [Ecclesia in África § 77]

Construir la Iglesia como Familia de Dios significa, por tanto, promover que las Comunidades -Familia sean verdaderas familias de Dios, lugares de integración entre cristianos de diferentes etnias, regiones y condiciones sociales.

[©Libreria Editrice Vaticana]

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ZENIT Staff

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