Intervenciones en el Sínodo de África (X)

Undécima Congregación General, mañana del lunes, 12 de octubre

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 12 de octubre de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación los resúmenes de las intervenciones que se produjeron durante la undécima Congregación General de la Asamblea del Sínodo sobre África, en la mañana del lunes, 12 de octubre.

Intervenciones de los padres sinodales.


– S. E. R. Mons. George Cosmas Zumaire LUNGU, Obispo de Chipata, Presidente de la Conferencia Episcopal (ZAMBIA)

Hemos visto Comisiones de Justicia y Paz establecerse en casi todas nuestras parroquias e incluso en algunas pequeñas Comunidades Cristianas (SCC). Dichas Comisiones están suponiendo una gran diferencia, al ayudar a nuestros cristianos mediante intervenciones bien documentadas sobre asuntos sociales. En parte gracias al trabajo de estas Comisiones de Justicia y Paz, la Iglesia Católica en Zambia es considerada por los católicos y por los no católicos, como una institución creíble y coherente con la promoción de los Derechos Humanos.
También hemos sido bendecidos en el área de las comunicaciones sociales, en donde ahora tenemos estaciones de radio de las comunidades católicas en nueve de nuestras diez diócesis. Las estaciones de radio están desempeñando un papel preponderante en la promoción de un buen gobierno y de la educación cívica. Las comunidades rurales en donde el analfabetismo es muy alto, están encontrando finalmente su voz, articulando libremente su fe en la radio sobre temas relacionados con la justicia en sus propias comunidades. La mayor parte de las estaciones de radio incluyen, en su programación cotidiana, un espacio para los no católicos.
Sin embargo, no estamos satisfechos. Somos conscientes que tenemos aún varios desafíos. Por ejemplo, al igual que otros países bendecidos por los recursos naturales, en el nuestro las compañías multinacionales han mostrado poco o ningún interés en la promoción del bienestar social de nuestra gente, especialmente en las industrias del sector de la extracción como el sector minero. Dicho sector está desencadenando un impacto negativo en el medio ambiente y es por esta razón que Zambia es la anfitriona de un gran encuentro internacional sobre el impacto de las industrias de extracción en los países pobres al finalizar este Sínodo.
Además, nos sentimos retados por el impacto que tiene la pobreza en el medio ambiente. Por ejemplo, la pobreza está generando la destrucción gratuita de los bosques a través de la combustión de carbón vegetal y de métodos de cultivo insostenibles. Como Iglesia, debemos proponer nuevas ideas que mitiguen esta situación. Mi deseo es el de exhortar a este Sínodo para que haga una declaración clara y fuerte sobre nuestras preocupaciones con respecto a los temas de justicia ambiental, como contribución a la próxima conferencia sobre el medio ambiente que se llevará a cabo en Copenhague.

[Texto original: inglés]

– S. Em. R. Card. Wilfrid Fox NAPIER, O.F.M., Arzobispo de Durban (SUDÁFRICA)

Es cierto que ha habido algunos golpes de Estado desde la última Sesión del Sínodo Africano en 1994, pero el monstruo que usurpa antidemocráticamente el poder, no ha desaparecido, ni mucho menos. Más bien, ha cambiado su apariencia y su modus operandi.
Ya no vemos líderes que individualmente asumen el poder absoluto y se declararan a sí mismos presidentes vitalicios. Pero cada vez con más frecuencia, vemos partidos políticos tomar su lugar.
Por ejemplo, los siguientes países en el sur de África, Botswana, Angola, Zimbawe y Mozambique, desde su liberación han sido gobernados, o mejor dicho, dominados por el mismo partido.
Por supuesto, no hay nada equivocado en ello, si el electorado libre e imparcialmente le otorga este mandato. De todos modos, hay señales que sugieren que éste no es el cuadro completo.
-Cuando un partido se arroga a sí mismo todo el mérito de haber logrado la liberación;
-Cuando proclama que sólo él sabe lo que la gente quiere o necesita, incluso negándose a interrogarle o escucharle;-Cuando fuerza una legislación e impone unas políticas que están en evidente contradicción con lo que se sabe que la gente desea;
-Cuando proclama que cualquier persona con puntos de vista diferentes es ipso facto contrarrevolucionario, o racista;
Entonces es que algo va realmente mal.
Sugiere que el partido, de hecho, ya ha efectuado un golpe de estado, aunque no le dé este nombre. Para sumar el insulto a la injuria, el partido se declara a sí mismo en favor de los pobres, y así implementa políticas «en favor de los pobres», aún cuando se enriquece enormemente con tanta avaricia, que el coeficiente Ginni del país (la brecha entre ricos y pobres) los situaría en el primer puesto de la clasificación.
El golpe de Estado tiene seguramente lugar cuando el partido elige escuchar a sus aliados ideológicos más bien que a los pobres y necesitados, que representan la mayoría que los ha elegido.
El golpe se completa cuando el partido se identifica a sí mismo tan completamente con el Estado que el presidente se siente seguro exclamando: «¡(nuestro partido) gobernará hasta el retorno de Jesucristo!» ¿No implica esto que nada, ni siquiera el proceso democrático, los desalojará del poder?
Hermanos y hermanas, así es como líderes cada vez más numerosos están llevando nuestro continente a esta situación. En el proceso, dan la espalda a su herencia religiosa y cultural, en la que el rostro de Dios está presente. En su lugar, están abrazando ideologías faltas de Dios y de vida, que han causado estragos en los pobres, allí donde se han impuesto.
Ésta es seguramente una razón para orar y trabajar por un milagro que lleve la verdad y la liberación sostenible, ya no de los colonizadores, sino esta vez de las dictaduras de los partidos todopoderosos, que han tomado el poder con un golpe de Estado silencioso.

[Texto original: inglés]

– S. E. R. Mons. Jean-Pierre TAFUNGA, S.D.B., Arzobispo Coadjutor de Lubumbashi (REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO)

En la mayor parte de las culturas africanas, el mal se concibe como la consecuencia de una transgresión de lo que está prescrito, ya se trate de los preceptos divinos, que exigen incondicionalmente la obediencia y la sumisión, o de una ley social, dictada por las autoridades que gobiernan, o incluso de prohibiciones o prescripciones rituales. Cada acto que disminuye o destruye la vida y cada acto o actitud y comportamiento que quiebre la unidad, el orden y la armonía de las cosas son considerados como males.
Según el tipo de falta cometido, la persona responsable está llamada a confesar con total sinceridad el mal cometido. Esta confesión, generalmente, se hace delante del jefe, garante del orden social, o delante de un curandero. En algunos casos, la confesión de hace delante de la comunidad. El incriminado está llamado a manifestar su firme resolución de reparar necesariamente el daño causado.
Está obligado a la reparación el individuo que ha cometido el acto o, en su defecto, la familia. La reparación se hace pagando los gastos prescritos, los daños y perjuicios. Según las culturas, estos daños y perjuicios consisten en ofrecer un animal vivo o un producto de caza.
La personas afectadas pueden entonces acordar el perdón a aquéllos que los han ofendido. La reparación cierra el proceso en el momento en que la persona es perdonada y la reparación efectuada.El punto culminante de la reparación es el rito de reconciliación. Por temor al castigo (muerte súbita, brutal, inesperada, etc…) que vendría directamente de Dios o de un hechicero, el transgresor debe llevar a cabo el rito de reconciliación para mejorar su conducta y obtener el perdón. Este rito se desarrolla en un entorno sagrado, delante de la comunidad y del oficiante (mistagogo) que preside la ceremonia.
Las fórmulas de la confesión, las actitudes del penitente,
los maltratos corporales, los materiales y objetos utilizados y su simbolismo, así como los gestos y fórmulas pronunciados por el oficiante para purificar al penitente, cambian según las tribus.
La confesión va siempre seguida de consejos y admoniciones severas para ayudar a la conversión definitiva. Se acompaña de ritos entre los cuales debemos señalar, concretamente: la ceremonia ritual de la bendición y del gran perdón; la comida festiva y comunitaria, símbolo de la alegría por haber recobrado la buena situación anterior a la falta y por haber reconciliado a los miembros de una comunidad; el pago de los honorarios al oficiante; el rito de aplacamiento de los fetiches vengadores o de los espíritus si ha habido una maldición por parte del ofensor.

[Texto original: francés]

– S. E. R. Mons. Louis NZALA KIANZA, Obispo de Popokabaka (REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO)

Pensamos que es imperativo que la solidaridad proyectada desde esta óptica, no se limite al intercambio de experiencias pastorales sino que tenga en cuenta la cuestión vital del compartir el personal y los bienes.
En efecto, los graves problemas de la pobreza, de la miseria, de la tragedia del hambre, del no poder acceder a los cuidados médicos y a otras necesidades básicas que conocen la mayoría de los países africanos, exigen de nuestras Iglesias hoy, un nuevo espíritu de solidaridad, de comunión y de caridad inventiva. Las Iglesias de África deben ser más audaces, inventivas y pro-activas para desarrollar estructuras susceptibles de inscribir en su praxis eclesial esta solidaridad orgánica.
Sin desatender la importante dimensión de la solidaridad a nivel de la Iglesia universal, es el momento de desarrollar más las relaciones de solidaridad en el seno de una misma diócesis, entre diócesis diferentes, en el seno de una misma Conferencia Episcopal y entre las diferentes Conferencias Episcopales de África.
Pensamos que cuando hablamos de justicia y paz, se hace urgente actualizar la composición de los fondos de solidaridad a nivel diocesano, nacional, regional y continental. Dichos fondos de solidaridad podrían ayudarnos, a nivel de África, a intervenir con los medios a disposición sin esperar todo del occidente. Las Caritas diocesanas nacionales, regionales y continentales, pueden ser los instrumentos apropiados para la constitución de dichos fondos.
Estimamos que lo que está en juego en la puesta en marcha efectiva de esta solidaridad pastoral en las Iglesias de África, es una exigencia a la vez ética y teológica. Tiene un fundamento cristológico, encuentra sus bases en el corazón de la fe y no es solamente un partido de orientación social o político.

[Texto original: francés]

– S. E. R. Mons. Antonio Maria VEGLIÒ, Arzobispo titular de Eclano, Presidente del Pontificio Consejo de la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes (CIUDAD DEL VATICANO)

La realidad de la pastoral de la Movilidad humana es un fenómeno tan importante, tan difundido y tan complejo, sobre todo en África y desde África, que siempre ha sido y sigue siendo, un Continente muy interesado en este problema, principalmente en cuanto a los flujos migratorios, los refugiados y desamparados. En las últimas tres décadas, diferentes circunstancias han alimentado tal fenómeno. Además de la urbanización en crecimiento, las guerras y los conflictos de diferente naturaleza que han transformado varios países en «exportadores» de prófugos e inmigrantes hacia los Países vecinos, hacia otras regiones del Continente o hacia Países mas lejanos, existen factores económicos, sociales, culturales y políticos, que se entrelazan obligando a los africanos a abandonar sus propios países de origen.
Los movimientos migratorios en África son más bien «horizontales» que «verticales». De hecho la emigración intercontinental es mucho más importante que aquélla que se hace hacia el resto del mundo, hasta el punto de estimar que la migración interna implica actualmente al menos 40 millones de personas, en su mayor parte africanos. Y todo indica que estos flujos internos e interregionales continuarán incrementándose con los años y en las próximas décadas.
La crisis económica y los conflictos que afectan a muchos países del continente africano han dado lugar a preocupantes sentimientos xenófobos hacia los inmigrantes, transformados en chivos expiatorios de los problemas políticos y económicos internos. Por lo tanto, a menudo, las políticas migratorias de los Estados se han vueltos mas rígidas para hacer difícil la permanencia y el desarrollo de actividades por parte de los inmigrantes.
En este contexto, el respeto por los Derechos Humanos, por los principios democráticos y del Estado de derecho, por el buen gobierno, la profundidad del dialogo político y el refuerzo de la cooperación internacional, representan las lineas guías con las que se juega el presente y el futuro de África.
La dimensión pastoral, en tal proceso, no es de menor importancia. Solamente una auténtica relación de justicia conducirá, de hecho, a la paz y de allí, la Iglesia en África, podrá sacar las fuerzas para estar al servicio de la reconciliación y del anuncio del Evangelio.

[Texto original: italiano]

– S. E. R. Mons. Luigi BRESSAN, Arzobispo de Trento, Presidente de la Comisión Episcopal para la Evangelización de los Pueblos y la Cooperación entre las Iglesias de la Conferencia Episcopal Italiana (ITALIA)

Sentido de intercambio fraterno y agradecimiento por los testimonios encontrados en una fe cristológica y por lo tanto comprometida.
Informaciones sobre los 3.601 misioneros italianos en África, disponibles para proyectos pastorales locales. Puntos de pregunta con respecto a los muchos sacerdotes africanos en Italia.
Sostén a las Pontificias Obras Misioneras y al fondo de la CEI para el desarrollo; coordinación realizada a través de las Conferencias Episcopales.
Don que esperamos: reforzarnos en la fe.

[Texto original: italiano]

– S. Em. R. Card. John NJUE, Arzobispo de Nairobi, Presidente de la Conferencia Episcopal (KENIA)

África sigue teniendo sed de un gobierno bueno. Muchos países de África continúan resistiendo al mal gobierno, donde un hambre de poder incontrolado ha llevado a la impunidad total, la corrupción, la manipulación de las personas, y otros males sociales y políticos similares, ocasionados por corazones humanos que necesitan conversión. La Iglesia en Kenya y en otras partes de África continúa comprometiéndose para crear sistemas de gobierno que consideren la justicia finalizada al servicio del bien común. Las cartas pastorales han afrontado constantemente el tema del mal gobierno, que se podría definir como el cáncer de África. Esto es lo que ha empobrecido a la gente en el continente.
Muchas son las personas oprimidas, que tienen la urgencia de experimentar las certezas que Cristo da. «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la buena Nueva (…) para dar la libertad a los oprimidos.» (Lc 4, 17-21).
Estas personas oprimidas deben ser invitadas a participar en la construcción de sistemas de gobierno justos a través de la redacción de buenas constituciones. La constitución de Kenya y de otros países de África debe ser revisada para poder afrontar los temas del buen gobierno, de los derechos humanos, de la reconciliación y del proceso de paz. Todo ello puede ser realizado solamente a través de sistemas justos.
Lo que es evidente, en Kenya y en África en general, es que algunos líderes prefieren mantener constituciones que les permitan tener un poder fuera de todo control que conduce a la anarquía y a la dictadura.
La violencia post-electoral en Kenya en el año 2008 es un buen ejemplo de impunidad. El Acuerdo Nacional, que fue alcanzado dando vida a un gobierno de amplia coalición, trajo gran alivio a la gente de Kenia, cuyos hermanos habían muerto en masa o se habían vuelto refugiados en su propio país. Las
reformas propuestas como soluciones permanentes a los problemas sociopolíticos, sin embargo, aún no han sido implementas. El proceso contra quienes han perpetrado la violencia post-electoral debe aún iniciar.
La Iglesia en Kenya sigue expresando con énfasis la urgencia con que se deben realizar las reformas a través de buenos sistemas de justicia. Continúa intensificando la educación cívica para que los ciudadanos conozcan sus deberes y derechos. Esta educación es necesaria en toda África, según los problemas que cada país presenta. Es urgente, por lo tanto:
tener un programa de formación para las personas de gobierno; formar políticos buenos y santos como agentes de buen gobierno; crear capellanías para los políticos; reforzar los medios de comunicación católicos para favorecer la formación moral de todos; promover el rol profético de la Iglesia en todos los sitios, dedicarse con determinación a la formación permanente de todos los agentes de evangelización, incluídos los políticos, formación que debe basarse en un sólido catecismo y en la Doctrina Social de la Iglesia. Este sínodo nos ofrece una oportunidad especial para reflexionar sobre este cáncer que está devorando nuestro continente y para el que es necesario encontrar un remedio. El buen gobierno no es sólo una prioridad, es una obligación. Podría también agregar que la política es para África un tema tan importante que no puede ser dejado sólo en manos de los políticos, considerando los riesgos que ya hemos experimentado. Ha llegado el momento de actuar en forma constructiva.

[Texto original: inglés]

– S. E. R. Mons. Gianfranco RAVASI, Arzobispo titular de Villamagna di Proconsolare, Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura (CIUDAD DEL VATICANO)

Mi voz es la de un europeo que con admiración y respeto se dirige a los hermanos Obispos africanos para proponer una intervención muy simple y general sobre un tema que ha estado presente en muchas páginas del Instrumentum laboris y en las intervenciones ya escuchadas en el aula. Si bien el color negro es el símbolo tradicional del continente, África en verdad se presenta como un arcoiris cromático multicultural y multirreligioso. Solo para poner un ejemplo, la UNESCO en Camerún ha encontrado al menos 250 idiomas diferentes, ademas las lenguas bantú son ideológicamente tan sofisticadas que usan hasta 24 clasificaciones gramaticales distintas según las diferentes cualidades de las variadas realidades.
Frente a semejante cofre de tesoros culturales y espirituales formado por tradiciones populares y familiares, símbolos y ritos religiosos, sabiduría, memoria, folclore, quisiera proponer tres observaciones esenciales.
La primera contiene el deseo de que el Sínodo estimule de muchas maneras a África para custodiar su identidad cultural y espiritual, impidiendo que sea disuelto por el viento de la secularización y la globalización que sopla con fuerza también en las 53 naciones africanas.
Sin embargo, África debe también respirar los valores positivos de la comunión moderna universal y, en consecuencia, debe saber combatir los nacionalismos, los integrismos étnicos, las peculiaridades tribales, los fundamentalismos religiosos.
La segunda consideración propone, en cambio, que el Sínodo pueda dirigirse también a Occidente y al Norte del mundo para que se instaure ese dialogo que sugestivamente Mons. Monsegwo Pasinya en su informe, llamó la colaboración, no solamente respecto a las materias primas sino también a las materias grises, o sea, de los valores, creando espacios de comprensión y comunión y no de colonización o, peor aún, de rechazo recíproco. Fue lo que sucedió en los primeros siglos de la cristiandad con el inestimable don hecho a la Iglesia y a la cultura occidental de Antonio, Pacomio, Tertuliano, Cipriano, Clemente de Alejandría, Orígenes, Atanasio y el gran Agustín.
Como tercera reflexión quisiera volver a proponer la profundización metodológica y temática de la delicada, pero siempre muy necesaria cuestión de la inculturación del mensaje cristiano. La inculturación -como Juan Pablo II sugería a los obispos de Kenya en 1980- «será realmente un reflejo de la Encarnación del Verbo, cuando una cultura, transformada y regenerada por el Evangelio, produce de su propia tradición expresiones originales de vida, de celebración y de pensamiento cristiano». En esta línea una función significativa podría ser llevada a cabo por la red de Centros culturales católicos que se extienden por toda África y que presenta tipologías muy variadas a veces de nivel académico-universitario, otras de naturaleza popular y parroquial.

[Texto original: italiano]

– S. E. R. Mons. Joseph Edra UKPO, Arzobispo de Calabar (NIGERIA)

Una reconciliación duradera impide mirar al pasado por ser este semilla de nuevos conflictos. Consolida la paz, rompe el ciclo de la violencia y refuerza las instituciones democráticas recién establecidas o nuevamente introducidas. Como una operación retrospectiva, la reconciliación promueve la curación personal de los supervivientes, la reparación de injusticias pasadas, la construcción o reconstrucción de relaciones no violentas entre individuos y comunidades, y la aceptación de todas las partes del conflicto de una visión común y de comprensión del pasado. En la práctica, una reconciliación tan completa no es tan fácil de alcanzar. La experiencia de un pasado brutal hace de la búsqueda de una convivencia pacífica una delicada e intrincada operación.
La Iglesia en África debe continuar implicando a las otras religiones en el diálogo, involucrando a los medios de comunicación, a las escuelas y a la sociedad civil.
Participar activamente en las Comisiones de Verdad y Reconciliación (Truth and Reconciliation Missions). Las creadas por los gobiernos pueden sólo calmar los ánimos, pero no llevan a una reconciliación duradera. Debemos potenciar estas Comisiones para que sanen también las heridas espirituales y mejoren la vida de las comunidades.
Deberían organizarse seminarios sobre la Doctrina Social de la Iglesia en los ayuntamientos, en las escuelas, para los políticos, independientemente de sus partidos:
Curando los recuerdos y usándolos para detectar las primeras señales de alarma; enseñando a las generaciones futuras cómo identificar los signos de una nueva y potencialmente peligrosa desconfianza; dando una educación que lleve a la resolución de los conflictos y a la transformación, una educación y unos programas de formación para la paz y la reconciliación; intensificando el apostolado en las cárceles y la reinserción de los ex prisioneros; facilitando unas oportunidades para que las comunidades que están saliendo de un conflicto puedan compartir sus experiencias y aprender de los otros que han pasado por situaciones similares; alentando y sosteniendo a los ministros de educación para que analicen y examinen de qué forma deben cambiar los sistemas educativos necesitan cambiar y cómo pueden expandirse para promover una paz duradera.

[Texto original: inglés]

– S. E. R. Mons. Gervais BANSHIMIYUBUSA, Obispo de Ngozi (BURUNDI)

Después de quince años de una guerra civil que ha desestabilizado la sociedad burundesa (1993-2008) quisiéramos daros las gracias por vuestra cercanía espiritual, moral y material e informaros que la guerra en el país terminó sin vencedores ni vencidos, gracias al diálogo y a las negociaciones entre sus protagonistas. El país está actualmente comprometido en un proceso de paz y de reconciliación. Pero por favor, seguid rezando por esta paz precaria.
Dado que esta segunda Asamblea sinodal de los Obispos para África habla de justicia, paz y reconciliación por parte de la Iglesia, nos pareció útil compartir con vosotros un aspecto del rol de nuestra Iglesia en este proceso de paz social y política que se está presentando actualmente en nuestro país.
Yendo más allá (sin ignorar la importancia) de las innumerables iniciativas de me
diación, de enseñanza y de acciones sociales llevadas a cabo por la Iglesia de Burundi para que el país llegara a la fase actual del proceso de paz, quisiera centrar esta intervención en la decisión tomada por la Iglesia de Burundi de entrar en el Sínodo para dar su contribución específica al proceso de paz y de reconciliación del pueblo.
Desde el año 2004, frente a la situación de una sociedad que había perdido casi todos sus puntos de referencia culturales y morales y que se abandonaba a crímenes y pecados colectivos a gran escala, hemos decidido comprometernos en sínodos diocesanos que tienen por tema: «convirtamosnos para promover una cultura de paz y de reconciliación».
Quisiera terminar con un doble llamado a esta Asamblea Sinodal para África:
-Que incluyamos en nuestras resoluciones la celebración de sínodos diocesanos que prolonguen el tema de la presente asamblea, a saber: «nuestras Iglesias locales al servicio de la edificación de una cultura de paz y de reconciliación», puesto que no siendo un trabajo realizable por cristianos a nivel individual la obra de edificación de una cultura de paz y de reconciliación, triunfamos al involucrar al gran conjunto de la familia eclesial para que la luz sea visible.
-Que las Iglesias de los países pequeños, en el marco de nuestra Iglesia que es la misma Familia de Dios en todos los lugares, nos ayude con sus propios recursos a tener en África Institutos y Universidades que tengan facultades que se concentren en la prevención y resolución de conflictos y facultades a favor de la paz y la reconciliación.

[Texto original: francés]

– S. E. R. Mons. Menghisteab TESFAMARIAM, M.C.C.J., Eparca de Asmara (ERITREA)

Las congojas y tribulaciones que afligen a la mayor parte del continente africano, es decir, los continuos conflictos, las injusticias, las violaciones de los Derechos Humanos, la falta de libertad religiosa, las persecuciones, la explotación de los recursos humanos y naturales, los diferentes tipos de enfermedades, la pobreza, el desempleo, el hambre, los desplazamientos, la «fuga de cerebros» y el tráfico humano, son suficientemente conocidas y difundidas. Esto, y hablo por experiencia, está causado por fuerzas internas y externas de ansia de poder y desenfrenada codicia de bienes materiales.
La familia, como primero y más pequeño núcleo de cualquier sociedad y de la comunidad cristiana, es la primera e indispensable escuela de reconciliación, justicia y paz. Porque es en familia donde uno aprende el sentido de pertenencia y de identidad, y los valores de la solidaridad, el compartir, el respeto por los demás, la hospitalidad, la unidad, etc…
Es cierto que el mayor número de refugiados y desplazados procede de África. Es también cierto que muchos africanos están aún intentando cruzar desiertos y mares para alcanzar las tierras en las que ellos piensan que recibirán una mejor educación, más dinero, y sobre todo, una mayor libertad. Hay una gran necesidad de cuidado pastoral para este vulnerable grupo de gente. Nuestro Sínodo debe urgir a las Iglesias de origen y aquéllas que los acogen a establecer una más estrecha colaboración.
De todos modos, la emigración en África no ha empezado recientemente. Hay ahora muchos africanos que se han establecido con éxito en el mundo desarrollado. Si son motivados por nosotros, estarán preparados para hacer su contribución para la mejora de la vida en sus países de origen. No debemos excluirlos de participar en el desarrollo de las potencialidades de África. En estrecha colaboración con nuestras iglesias hermanas en Europa, América y Australia, tenemos que conducir sus esfuerzos para sacar adelante a África, tanto humana como espiritualmente.
Si la familia africana y los africanos en diáspora están ayudando a la Iglesia a ser «sal de la tierra y luz del mundo», entonces podemos estar seguros de que una formación básica y continua muy efectiva se está dando a todos nuestros agentes pastorales. Especialmente, en este año del sacerdocio, es vital que los miembros de presbiteriado sean plenamente conscientes de su llamado a ser ministros de reconciliación, abogados creíbles de justicia y fieles portadores de la paz de Cristo.

[Texto original: inglés]

– S. E. R. Mons. Martin Igwemezie UZOUKWU, Obispo de Minna (NIGERIA)

En nuestra diócesis tenemos un programa conocido como «Family apostles of the divine Mercy devotion» (apóstoles familiares de la devoción de la Divina Misericordia), que se dedican a la más pequeña comunidad de la familia de Dios, la «Iglesia doméstica». Estos apóstoles familiares de la divina misericordia, hombres y mujeres, son preparados como líderes de la iglesia de sus aldeas, agentes de reconciliación, promotores de justicia y paz en las comunidades de sus propios lugares. Ellos comparten cotidianamente la Palabra de Dios en sus casas, rezan el rosario y oración de la divina misericordia y también guían las oraciones comunitarias.
También el «Zumunta Mata», un grupo de mujeres católicas, cuyo lema es «nosotras somos la sal de la tierra y la luz del mundo», está compuesto por agentes de evangelización, reconciliación, promotores de justicia, paz y misericordia. Ellas y sus hijos interactúan con las mujeres musulmanas y con sus hijos a nivel popular gracias a este apostolado de la familia y las animan a pasar una hora al día en oración durante la cual leen el Corán, descubren la misericordia de Dios y rezan con sus rosarios, promoviendo así un diálogo con el Islam y el testimonio de vida a través de la oración . De hecho algunas familias musulmanas han aprendido a agregar en sus oraciones cotidianas una nueva versión de la oración de la Divina misericordia.
La catequesis y la oración de las que hemos hablado ayudan hoy a nuestros jóvenes a desarrollar interés y amor por el rosario y la adoración/bendición eucarística en las capillas de nuestras parroquias.
Un llamado a los Padres Sinodales: les ruego, alienten a sus sacerdotes, religiosos y laicos a promover en sus parroquias y centros de formación la devoción por la Divina Misericordia y a amar la devoción eucarística.

[Texto original: inglés]

– S. E. R. Mons. Timothée MODIBO-NZOCKENA, Obispo de Franceville, Presidente de la Conferencia Episcopal, Presidente de la Asociación de las Conferencias Episcopales de África Central (A.C.E.R.A.C.) (GABÓN)

Nuestra región de África Central continúa siendo teatro de injusticias, divisiones y violencias intolerables. Esto hace actualmente que la vida sea difícil e hipoteca el futuro de nuestro país.
La miseria oprime a la mayor parte de las poblaciones. Los problemas sociales asumen dimensiones alarmantes. Los homicidios, la violencia sexual, los robos, las violencias de todo tipo se han vuelto algo trivial. Estas violencias tienen repercusiones que dejan marcas profundas tanto en los individuos como en la sociedad, porque los corazones están más habitados por el pecado que inclinados a la conversión; la justicia, que produce la paz, se ve burlada; la verdad, que es la única que puede liberar, está ultrajada. Para salir de esta situación, es necesario reaccionar y construir culturas de justicia y de verdad.
La experiencia bíblica nos propone el camino de la reconciliación. La reconciliación transforma las relaciones con Dios, con los demás y con el ambiente. La verdadera reconciliación parte del corazón. Solamente una persona reconciliada con Dios y consigo misma puede ser a su vez fuente de reconciliación. Esta reconciliación se realiza en Jesucristo, el Hijo de Dios, que con su muerte y resurrección ha reconciliado a los hombres con Dios y a los unos con los otros.
Reconciliar a todos los hombres haciendo de ellos una sola familia, la familia de Dios, es y permanecerá la primera misión de la Iglesia. Esto no se reserva sólo a algunos. Es un deber de todos: Obispos, Sacerdotes, laicos y todas las instit
uciones eclesiales. Los cristianos no deben temer dar testimonio de la propia fe. Este compromiso supone acciones concretas de reconciliación en la Iglesia. Para estar al servicio de la reconciliación, la Iglesia debe ser realmente una familia reconciliada.
El Sínodo debe suscitar en todo el pueblo de Dios una dinámica de reconciliación. Para esto es necesario:1. Tener en cada Diócesis un organismo que tenga a su cargo el seguimiento regular de la aplicación de las resoluciones del Sínodo.
2. Elaborar una catequesis y una pastoral bíblica que favorezcan la educación a la reconciliación
3.Aprender nuevamente el respeto hacia nuestras tradiciones africanas y hacia la Biblia-
4. Promover la cultura del bien común y del servicio desinteresado en la Iglesia y en la sociedad.

[Texto original: francés]

– S. E. R. Mons. Augustine Obiora AKUBEZE, Obispo de Uromi (NIGERIA)

En el pasado, nuestros ancestros creían en la existencia de brujas y en los estragos que causaban a la humanidad y a la sociedad. En Nigeria, casi todos los habitantes conocen o, al menos, han oído hablar de las brujas y de la manera en la que han afectado la vida de las personas.
Siempre se ha dicho que las brujas poseen poderes sobre humanos que usan para perpetrar el mal. Dice una creencia, que una bruja puede causarle daño a cualquier persona, incluyendo a su propia familia y es precisamente por este motivo que son tan repudiadas. Se dice que matan a sus propios hijos, beben sangre humana, traen ruina y enfermedad a sus amigos y familias. Es decir, contrariamente a los seres humanos normales, las brujas conciben y provocan las más horribles desgracias a sus familias y comunidades.
Las presuntas brujas son abandonadas, aisladas, discriminadas, condenadas al ostracismo por parte de la comunidad. Algunas veces, las llevan a los bosques y las asesinan cruelmente o las deshonran y asesinan en público, otras veces, las meten en ácido o las envenenan. Hay casos en los que han sido envenenadas y enterradas vivas. Algunas Iglesias no han ayudado al respecto, ya que se han presentado casos de pentecostales que encadenaban y torturaban presuntas brujas para que confesaran.
Desafortunadamente, en las familias y escuelas, incluso en Iglesias y Mezquitas, en los medios de comunicación y en las películas, presentan a los africanos como creyentes en que las brujas existen y que la brujería es efectiva. Sin embargo, la creencia en esta práctica carece de justificación, de sabiduría y de sentido común. Por ello es sorprendente que esta superstición primitiva aún tenga significado para muchos africanos de este siglo XXI. Es por lo que creemos necesario exponerlo a este cuerpo sinodal para emitir declaraciones específicas que orienten a nuestro rebaño.

[Texto original: inglés]

– S. E. R. Mons. Jaime Pedro GONÇALVES, Arzobispo de Beira (MOZAMBIQUE)

El Obispo de Beira, Padre Gonçalves presentó el caso del compromiso de la Iglesia en la reconciliación de los pueblos de África austral, de manera especial, a partir de 1988, cuando el Papa Juan Pablo II, de feliz memoria, visitó la región. El esfuerzo de la Iglesia y de otras iglesias y religiones, asociado al esfuerzo de los líderes políticos que buscaban la reconciliación, dio muy buenos frutos. La violencia cesó y la paz volvió a los pueblos de la región.
Presentó además el caso de Mozambique en el que la Iglesia intercedió en las conversaciones de reconciliación para poner fin a una guerra civil que duró 16 años. Se firmó un feliz acuerdo de paz y el país está tranquilo.
De estas y otras iniciativas en África, el padre Jaime concluyó que éstas se deben profundizar y promover. Son una esperanza en el futuro de paz para la sociedad de África. Sostuvo que la Iglesia debe formar reconciliadores y pacificadores para la resolución de conflictos. Los jóvenes deben participar en las prácticas de reconciliación.
Reiteró que estas iniciativas se deben intensificar y consolidar porque en el mundo político de África hay retrocesos, nuevos brotes de violencia, restablecimiento de dictaduras y persecuciones políticas.
Finalmente previó un jubileo de reconciliación para todo el continente africano como fruto del compromiso de todos para la reconciliación.

[Texto original: portugués]

– S. E. R. Mons. Théophile KABOY RUBONEKA, Obispo Coadjutor de Goma (REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO)

Partiendo de nuestra experiencia en curso en la R. D. del Congo, para aliviar las consecuencias y traumatismos sufridos por las mujeres y los niños, proponemos:
1. Luchar contra la violencia sexual, remontándonos a sus últimas causas, que son las crisis de gobierno, manifestadas en las guerras, saqueos y en la explotación anárquica de los recursos naturales, la circulación de armas, el mantenimiento de las milicias, la ausencia de un ejército fuerte y republicano, etc.
2. La creación de casas de la mujer y de las jóvenes como Centros de escucha y acompañamiento de las mujeres violadas y traumatizadas.
3. La implicación directa de las mujeres en las Comisiones de justicia y paz, para que las promuevan y luchen contra las ideas denigratorias sobre ellas, vehiculadas por la nueva ética mundial y por ciertas tradiciones culturales.
4. La formación, a través de la catequesis y la alfabetización concientizadora de las mujeres para permitirles llevar a cabo su función. Aquélla se articula en tres módulos dedicados a la dignidad y vocación de la mujer; la mujer como artífice de la paz; y la mujer como agente del cambio social.
5. El establecimiento de estructuras de promoción de la mujer. Podría tratarse de organizaciones de mujeres que se ocupen de diferentes actividades a nivel parroquial y diocesano, y centros de formación de las mujeres para la paz.

[Texto original: francés]

– S. E. R. Mons. Evariste NGOYAGOYE, Arzobispo de Bujumbura, Presidente de la Conferencia Episcopal (BURUNDI)

En los tres países de los Grandes Lagos, las Conferencias Episcopales han trabajado para acercar a los jóvenes en conflicto. Los jóvenes han sido utilizados e instrumentalizados durante los conflictos que han enfrentado a sus países. Por ello, la identidad única y exclusiva les ha sido impuesta a los que eran diferentes. Estos eran considerados como enemigos ya que no tenían nada en común con «nosotros». Ni siquiera comparten la misma humanidad, por tanto deben ser eliminados. Todo lo que compone la identidad plural (religiosa, étnica, cívica, social, etc…) ha sido eclipsado en beneficio de la identidad única y exclusiva. Muchos estudios, en la región de los Grandes Lagos, en los Balcanes y en otras partes, han demostrado que la manipulación de esta identidad puede ser mortal. La ideología construida sobre esta lógica desemboca en un pecado social, colectivo, estructural. Los jóvenes que nacen, crecen y son educados en esta ideología, reciben una conciencia moral y unas percepciones culturales deformadas. Deseo que esta Asamblea se ocupe de las consecuencias de este pecado de dimensiones sociales.
Las Conferencias Episcopales de los Grandes Lagos han luchado contra esta mentalidad decidiendo:
1) Unir a los jóvenes;
2) Divulgar y difundir la Doctrina Social de la Iglesia
Para acercar a los jóvenes ha habido que proceder poco a poco, a través de los movimientos laicos (Acción Católica y movimientos de las nuevas comunidades): para empezar, entre jóvenes de barrios y colinas diferentes, después entre parroquias diferentes, para organizar más tarde unos foros diocesanos.
En el centro de estos encuentros se puso siempre el contenido de la Doctrina Social de la Iglesia: los temas de la paz, la justicia y la reconciliación han sido desarrollados bajo forma de catequesis y han alimentado la oración y el intercambio. Mientras tanto, la Comisión episcopal regional de Justicia y Paz ha elaborado unos módulos de divulgación de esta doctrina.

[Texto original: francés]

– S. E. R. Mons. Marcel Honorat L
éon AGBOTON, Arzobispo de Cotonou, Vicepresidente de la Conferencia Episcopal (BENÍN)

Así pues, la Iglesia de África debe seguir anunciando la buena nueva de la reconciliación y proponerse siempre su realización a través de los sacramentos, sobre todo el de la penitencia. Esta reconciliación por el sacramento de la reconciliación es indispensable: es la primera y de ella, para el cristiano, se derivan los demás gestos o actos de reconciliación.
Deseo por tanto que este sínodo pronuncie nuevamente una palabra fuerte que sitúe en primer plano, en la misión de reconciliación de la Iglesia, el sacramento de la reconciliación:
– Primero, a nuestro nivel, el de los sacerdotes y obispos, ministros ordenados. Se trata de darle de nuevo al ejercicio del ministerio de la reconciliación mediante el sacramento un lugar más importante en el programa pastoral de cada sacerdote, como una especie de exigencia fundamental en su ministerio cotidiano: horas de escucha y confesión, tanto en su forma individual como en forma de celebración comunitaria. Que dicha insistencia se inscriba en la consciencia de los futuros sacerdotes durante su formación así como la centralidad de la Eucaristía lo está en la vida del sacerdote.
-Después, a nivel de todo el pueblo cristiano. En efecto, si se viven plenamente, los ministerios de la reconciliación hacen de todos los que siguen a Jesucristo «verdaderos constructores» y agentes de paz. El hombre justo, justificado en Cristo mediante el ministerio de la Iglesia es, por tanto, un agente eficaz para un mundo justo y reconciliado. Los fieles laicos deben ser sobre todo agentes de reconciliación y de paz en el mundo, que es su vocación y misión.

[Texto original: francés]

– S. E. R. Mons. Jean-Claude MAKAYA LOEMBA, Obispo de Pointe-Noire (REPÚBLICA DEL CONGO)

En el cumplimiento de la misión nos encontramos a menudo con interlocutores que actúan también según unos conceptos de justicia muy diferentes a los nuestros.
De hecho en las crisis sociales por las que atraviesan nuestras sociedades, cada actor actúa pensando que la justicia está de su parte. Es capaz también de encontrar argumentos, partidarios y patrocinadores que sostengan su actuación. Esta realidad, cuando concierne a los líderes políticos y /o económicos, se vuelve más complicada en nuestros países.
Además, con mucha frecuencia, detrás de cada líder político y/o económico, en nuestras sociedades africanas existe un conjunto de personas que deciden o intiman (familias, clanes, etnias, gurúes, políticos extranjeros, organizaciones gubernamentales o no gubernamentales, por citar sólo algunas). Con frecuencia no se conocen públicamente. Entonces, nuestra palabra profética de Pastores no logra su objetivo, porque se dirige solamente a la parte visible de la montaña, es decir, a los líderes políticos y/o económicos de nuestros países. ¿Como puede nuestra palabra y nuestra acción proféticas llegar a quienes mueven los hilos en la sombra y pretenden no saber nada de lo que se trama?
Ante situaciones como la multiplicación de las milicias armadas, los niños soldado, la miseria que empuja a los jóvenes a la astucia, las empresas que explotan las numerosas riquezas del subsuelo africano, las nuevas prácticas religiosas, la denuncia no es suficiente. Hay que ir más lejos y abrir perspectivas nuevas, caminos de esperanza. Nosotros, los Pastores, no debemos ocupar el puesto de los economistas o de los políticos, sino ayudar a cada cristiano, sea cual sea su estatus, a conducir una vida profunda y auténticamente cristiana que abre en los corazones, en las familias y en la sociedad caminos de reconciliación, de justicia y de paz.

[Texto original: francés]

– S. E. R. Mons. George BIGUZZI, S.X., Obispo de Makeni, Presidente de la Conferencia Episcopal (SIERRA LEONA)

Quisiera invitar a los padres sinodales a que hagan un apelo inequivocable para la abolición total y universal de la pena de muerte.
Más allá del tratamiento brutal que se les reserva a los prisioneros de guerra, el sufrimiento de civiles durante los conflictos y el reclutamiento de niños soldados son crímenes contra la humanidad, claramente enumerados incluso en la Convención de Ginebra y en sus protocolos adjuntos. El camino hacia la paz y la reconciliación pasa a través del reconocimiento, el rechazo y la reparación de esos crímenes. La guerra no justifica los crímenes contra la humanidad. La voz profética de la Iglesia es necesaria, aunque no haya muchos que la escuchen.
La Iglesia en África ha dado pasos de gigante hacia la autosuficiencia económica, aunque en muchos aspectos aún necesita del apoyo de otras Iglesias. Yo estoy seguro de que puedo hablar en nombre de otros obispos cuando expreso mi más sincera gratitud por la inmensa ayuda recibida de las Iglesias de Europa, de Norteamérica y de otras partes del mundo. La Iglesia en la mayor parte del África subsahariana le debe su primera evangelización y crecimiento al esfuerzo misionero de la Iglesia en el mundo occidental.
Con frecuencia, la Iglesia en el mundo occidental canaliza su ayuda a través de sus propias organizaciones eclesiales para el desarrollo y la cooperación en el extranjero. Los nombres de dichas organizaciones difieren de país a país, pero son oficinas católicas nacionales. Para nuestra sorpresa, con mucha frecuencia, los directores o los representantes de dichas oficinas apoyan o empiezan proyectos paralelos a -o incluso fuera de- nuestros programas pastorales, sin consultarlo con el obispo local o con la Conferencia episcopal nacional. Algunas veces se toman decisiones sobre qué proyectos hay que financiar, dónde se deben ejecutar y qué agencia se debe escoger para que los aplique, y todo ello sin consultarlo con nosotros. Dicho sistema humilla a la Iglesia local, es un desperdicio de recursos, no garantiza la continuidad e ignora el potencial efecto evangelizador de la obra de la Iglesia en nuestra sociedad.
El humilde apelo que dirijo a nuestros hermanos obispos de la Iglesia en los países occidentales es el de establecer unas directivas claras para el personal que administra sus oficinas de desarrollo para que trabaje consultándonos y teniendo en cuenta los planes y las prioridades pastorales de los obispos africanos.

[Texto original: inglés]

– S. E. R. Mons. Egidio NKAIJANABWO, Obispo de Kasese (UGANDA)

Se ha mencionado muchas veces en nuestros discursos que nosotros, líderes religiosos, deberíamos hacer frente a nuestros Gobiernos y protestar contra el mal gobierno. Lo hemos hecho frecuentemente, pero no parece que hayamos tenido mucho éxito. Cuando protestamos, muchas veces critican que estamos interfiriendo en la política y que deberíamos limitarnos solamente a asuntos religiosos. Piensan que estamos apoyando a uno u otro partido político de la oposición. Deberíamos, por esto, dejar bien claro que los asuntos religiosos incluyen la defensa de los derechos de las personas.
La Madre Iglesia, en su sabiduría, nos ha dado una vía para mostrar que no estamos hablando políticamente cuando criticamos el mal gobierno. En el Código de Derecho Canónico de la Iglesia, se prohíbe a los clérigos tomar partido político o aceptar cargos públicos. Esto comprometería nuestra independencia y libertad (n° 285 y 287). Los gobiernos y sus órganos deberían entender entonces que hablamos como hombres de Dios, defendiendo los derechos del pueblo de Dios.
Hemos sido enviados, como el profeta Jeremías, para hablar en contra de sus malas prácticas. Dios dijo a Jeremías: «adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. No les tengas miedo, que contigo estoy yo para salvarte» (Jer. 1,7-8).
Otro modo en que podemos realizar este cambio es, como se ha dicho, instruir a nuestros cristianos más profundamente en su fe y en la doctrina social de la Iglesia, para que sigan las enseñanzas del Evangelio.
Cuando se conviertan en cristianos convencidos y conozcan también los derechos humanos
, se movilizarán a todos los niveles. Nuestro objetivo principal son los Consejeros (representantes políticos) a nivel local y los Miembros del Parlamento, a nivel nacional, de modo que todos juntos podamos tratar de eliminar la corrupción en nuestros países.
Esto no debería ser imposible, especialmente en un país que posee gran población cristiana. Después de todo, muchos de los funcionarios corruptos son nuestros cristianos.

[Texto original: inglés]
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ZENIT Staff

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