Monseñor Piacenza: el sacerdote no es “funcionario de Dios” sino “otro Cristo”

Habla el nuevo prefecto de la Congregación para el Clero

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves 7 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- La renovación profunda espiritual de los sacerdotes es indispensable para la nueva evangelización, como el Papa Benedicto XVI ha señalado en varias ocasiones durante el Año Sacerdotal. Éste es el “programa” que lleva en mente el nuevo prefecto de la Congregación para el Clero, el arzobispo Mauro Piacenza.

El prelado concedió esta entrevista a ZENIT nada más conocerse hoy su nombramiento, por parte del Papa, a presidir este dicasterio, tras la renuncia del cardenal Cláudio Hummes por motivos de edad.

Monseñor Mauro Piacenza, que ha trabajado muchos años en la Congregación para el Clero, reconoce que una de sus tareas será mejorar la formación del clero, también a raíz de los escándalos protagonizados por algunos de sus  miembros en los últimos meses.

– El Santo Padre le ha llamado a la alta responsabilidad de guiar el dicasterio de la Curia romana que se ocupa de los sacerdotes. ¿Qué razones han llevado al Santo Padre a realizar esta elección?

Monseñor Piacenza: ¡Habría que preguntárselo al Santo Padre! Por lo que yo puedo imaginar es que algún papel habrá tenido lugar mi larga presencia en este dicasterio, en el que he llevado a cabo la mayor parte de mi servicio a la Curia romana.

Aprovecho la ocasión para renovar mi profundo agradecimiento al Sumo Pontífice por la confianza que me ha mostrado, y para invocar para mi y para todos los colaboradores de la Congregación su bendición paterna, para que todos juntos podamos trabajar incansablemente por el verdadero bien del clero y de la santa Iglesia, no anteponiendo nada al Amor de Cristo.

– También por las conocidas circunstancias recientes, ¿la Congregación para el Clero asume hoy un papel estratégico en el gobierno de Benedicto XVI?

Monseñor Piacenza: De los delitos más graves se ocupa la Congregación para la Doctrina de la Fe. Es ciertamente necesario y un deber, con todo, poner en marcha todos esos instrumentos que impidan que vuelvan a suceder hechos semejantes.

El primero de todos es la formación, inicial y permanente, sobre la cual es necesario vigilar continuamente porque no debe formarse a “funcionarios de Dios”, sino a “otros Cristos”: un buen pastor, que, viviendo totalmente de Dios y para Dios, ofrezca la vida por su rebaño, edificándolo en el amor auténtico.

-¿Y cuáles son los caminos para obtener esto? ¿Cuál es su programa?

Monseñor Piacenza: “No tengo otro programa que el de obedecer a Cristo y a su Iglesia, cuya voluntad se expresa, de manera totalmente peculiar, en la del Santo Padre. Él mismo nos ha remitido muchas veces, también durante el Año Sacerdotal, a una lectura no funcionalista sino ontológica del ministerio ordenado, capaz realmente de “llevar a Dios al mundo” a través del carisma del celibato, la fidelidad evangélica, la caridad pastoral. La Eucaristía, celebrada y adorada, en una concepción semejante del ministerio ordenado, no puede dejar de tener un papel absolutamente central: en ella está el secreto, la fuente de toda existencia sacerdotal “lograda”. La propia respiración del alma sacerdotal es la Eucaristía.

-¿Cuál es la identidad sacerdotal, entonces, que tiene en mente el nuevo Prefecto?

Monseñor Piacenza: ¡Siempre la de la Iglesia! La identidad sacerdotal no puede ser sino cristocéntrica y por ello eucarística. Cristocéntrica porque, como muchas veces ha recordado el Santo Padre, en el sacerdocio ministerial, “Cristo nos atrae hacia sí”, involucrándose con nosotros e involucrándonos en Su misma existencia. Esta atracción “real” sucede sacramentalmente, por tanto de forma objetiva e insuperable, en la Eucaristía, de la que los sacerdotes son ministros, es decir, siervos e instrumentos eficaces.

-Ha señalado hace un momento el celibato. ¿Se prevén novedades a propósito de esta ley?

Monseñor Piacenza: Ante todo hay que quitar la palabra “ley”. La ley es consecuencia de una realidad mucho más alta que se capta sólo en clave cristológica. El celibato es siempre una novedad, en el sentido de que, también a través de él, la vida del presbítero es “siempre nueva”, porque siempre es entregada y, por tanto, siempre es renovada, en una fidelidad que tiene en Dios su propia raíz y en el florecimiento y dilatación de la libertad humana su proprio fruto.

– ¿Como piensa realizar este programa?

Monseñor Piacenza: ¡Si pensara realizarlo yo, sería un temerario! Es el Espíritu el que guía a la Iglesia en la realización de Sus programas. Ciertamente es necesario un profundo redescubrimiento de la dimensión vertical del la vida y de la fe, también para los sacerdotes, volviendo a poner a Dios en su sitio: ¡el primero!.

El Orden, en la vida del discípulo, es garantía de fecundidad apostólica, unido a un profundo espíritu de oración y a una intensa vida eucarística, tanto sacramental como en el don total de sí.

Pido el acompañamiento y el apoyo, por la nueva tarea que me ha confiado el Santo padre, a todos mis hermanos obispos y sacerdotes y a todas las almas consagradas, sensibles a la causa esencial de la santificación del clero, fundamental para toda la gran empresa de nueva evangelización. Que la Virgen María nos acompañe, nos ilumine y nos proteja. A ella confío y consagro todo mi humilde servicio. ¡Gracias!

 

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ZENIT Staff

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