Delegados ecuménicos ante el Sínodo (Octava Congregación General)

Intervenciones en la mañana del 15 de octubre

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 15 octubre 2010 (ZENIT.org).- Publicamos las intervenciones de los delegados fraternos de otras confesiones cristianas que intervinieron ante  la Octava Congregación General del Sínodo de los Obispos de Oriente Medio, celebrada en la mañana del 15 de octubre.

 

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– S. Em. Makarios TILLYRIDIS, Metropolitano de Kenia (KENIA)

En este día especial es para mí un gran honor poder hablar delante de Ustedes, un honor que me hace sentir inmensamente humilde. Es para mí una bendición poder tomar la palabra en presencia de Su Santidad, desde esta región que siempre ha sido única en la historia de la Cristiandad ya que es ahí donde tiene sus orígenes. Para la gran mayoría del mundo, Oriente Medio es una región inestable. Pero nosotros, como creyentes en el Evangelio de Cristo, lo vemos de una manera diferente, porque nuestra creencia se basa en las enseñanzas del Príncipe de la paz.
Su Santidad, en sus propias palabras de sabiduría, cuando habló recientemente a la sociedad Británica, expresó esta creencia » Es por esto que quisiera sugerir que el mundo de la razón y el de la fe- el mundo de racionalidad secular y el mundo de las creencias religiosas- necesita el uno del otro y no deberían tener miedo de entablar un diálogo profundo y continuo, por el bien de nuestra civilización». Este mensaje es aplicable y relevante aquí, en Oriente Medio, donde la reconciliación, el amor y la comprensión son esenciales para una coexistencia y cooperación pacífica. Santo Tomás de Aquino dijo una vez: «dadas las diferentes condiciones de los seres humanos, algunas acciones son virtuosas para algunas personas, justas y apropiadas, mientras las mismas acciones son inmorales e inaceptables para otras». Esto es claro en un contexto como el que tenemos en esta región, donde conviven un conjunto de religiones y culturas, donde la creencia de una persona no es igual a la de su hermano. En Oriente Medio la libertad de religión por lo general significa la libertad de culto, y no libertad de consciencia: por ejemplo, la libertad de cambiar la propia religión por otra. El contexto que se presenta aquí es que una religión es una opción social, e incluso nacional, pero no individual. Un cambio de religión es considerado una traición a la sociedad, fundada principalmente en la tradición religiosa. De todas maneras, debemos siempre recordar que esto no deja fuera al amor, necesario para la unidad y la cooperación con todas las iglesias de Oriente Medio. Es muy importante que nosotros, como pastores, cultivemos la unidad en un amor sincero, recordando las palabras de la Madre Teresa: «si quieren que el mensaje de amor sea escuchado, debe ser propagado». Estamos llamados, por lo tanto, a enviar un mensaje de amor a todos los que nos rodean y que influyen en nuestras vidas de diferentes maneras.
En lo que concierne a la comunidad de hermanos y hermanas musulmanes, al igual que la comunidad Judía con la que convivimos, no podemos faltar al respeto a sus creencias y modos de vida. Necesitamos cultivar el respeto y la estima de todas las creencias que nos rodean, mientras predicamos el mensaje de amor y paz entre las diferentes religiones. La cooperación con los no cristianos es muy importante para sanar las injusticias del pasado y promover una coexistencia pacífica. Como pastores de esta gran viña del Señor, los animo a forjar el futuro con humildad, amor y entendimiento, promoviendo el mandato de nuestro Señor en Mateo 28, 19-20. Con humildad, el mensaje de nuestro Señor seguramente será escuchado por las diferentes razas, credos y culturas que rodean esta región.
Una vez más, permítanme expresar mi más sincero agradecimiento por esta invitación especialmente a Su Santidad el Papa Benedicto XVI. Les deseo a todos la paz del Señor y Salvador Jesucristo. ¡Qué él nos ayude a estar siempre unidos en la Fe!

[Texto original: inglés]

– S. Em. Georges KHODRE, Metropolitano greco-ortodoxo de Biblos, Botrys y Monte Líbano (LÍBANO)

Mi intervención versará sobre el texto: «Esta comunión en el seno de la Iglesia católica se manifiesta mediante dos signos: el Bautismo y la Eucaristia en comunión con el obispo de Roma».
La ambigüedad de esta afirmación gira en torno al uso del vocablo Iglesia católica y del vínculo de la Eucaristía con el Papa. Ahora bien, la expresión tiene su origen en San Ignacio de Antioquía, y designa la comunión de una Iglesia local reunida en la fe ortodoxa con su Obispo, de tal modo que la liturgia lo menciona, sin referirse a ninguna otra autoridad eclesial. La mención del Obispo de Roma en la liturgia fuera de su propia diócesis, introduce la idea de una Iglesia universal mencionada en el Instrumentum Laboris y repetida en la misa de inauguración de este Sínodo. El vocablo introduce una noción numérica, espacial, sociológica, mientras que la Iglesia católica está constituida localmente en primer lugar por el Señor, como su Cuerpo. La Iglesia universal no tiene como corolario la existencia de un obispo universal que ejercería una jurisdicción sobre el mundo, independientemente de la Eucaristía, único signo de comunión entre los cristianos. La Eucaristía hace de nosotros, en todas partes, un «pueblo elegido, un sacerdocio real, una nación santa».
La mención del Papa de Roma en las liturgias orientales no implica invitar estas Iglesias a una práctica que Oriente nunca ha conocido.

[Texto original: francés]
– S. Em. Mar Gregoios Yohanna IBRAHIM, Metropolitano de Alep (SIRIA)

Antes que nada, S. Em. Gregorios ha presentado los saludos de Su Beatitud el Patriarca a Su Santidad Benedicto XVI, deseando el buen resultado del Sínodo de los Obispos. A continuación ha tocado tres argumentos importantes, a saber:
1. La emigración de los cristianos de Oriente Medio, que ha definido como una enfermedad mortal, diciendo que hasta ahora este tema no ha recibido la debida atención. Prueba de ello es la emigración continua, imponente, por todos lados. El número de cristianos disminuye cada día y para que este mal pueda curarse y se puedan encontrar soluciones adecuadas que pongan fin a este fenómeno es necesaria una conferencia especial.
2. En lo referente al camino ecuménico, Su Eminencia ha hecho una sugerencia a Su Santidad el Papa: separar la comunión de la autoridad. De este modo, toda la Iglesia entra en una única comunión, y la unidad en la fe vuelve a ser la que era antes de la época de las divisiones.
3. En lo que concierne a las relaciones con los musulmanes, Su Eminencia ha sostenido que el enemigo más grande al que se deben enfrentar tanto los cristianos como los musulmanes es la ignorancia, que a menudo domina el discurso religioso creando tensiones, inestabilidad y conflicto entre cristianos y musulmanes. Ha sugerido que la Iglesia cristiana promueva el pensamiento iluminado y confíe en los moderados.
Para terminar, ha propuesto las siguientes sugerencias:
1- Aunque quizás este argumento ya ha sido tocado por algunos padres sinodales en esta asamblea, ésta es la sede y el momento para someterlo a su atención con el fin de realizar una rápida profundización y llevarla a la realidad. Se trata de una petición general de todos los cristianos de Oriente Medio, a saber: encontrar una solución para unificar la fecha de la celebración de la Pascua. Los cristianos esperan con impaciencia ver su unidad representada por este símbolo. Por lo tanto, ¿será este venerable Sínodo el que tome la decisión de unificar la Fiesta de la Pascua? Su Beatitud el Patriarca Gregorios Laham lo ha anunciado varias veces, incluso se ha acercado a la realización del sueño de todas las Iglesias de Oriente Medio de unificar la Fiesta de Pascua. Este puede ser el primer paso hacia la tan anhelada unidad cristiana.
2 – Nuestra Iglesias están arraigadas en
las persecuciones y nosotros, en Oriente, somo hijos de los mártires. No debemos olvidarnos de los mártires de los siglos XIX y XX, que fueron víctimas de masacres inhumanas, o lo que nosotros los Sirios llamamos Sifo. Mi propuesta es que Su Santidad adopte la idea de una fiesta única para los mártires cristianos a nivel universal y para ello sólo se necesita el consenso de todas las Iglesias cristianas, con objeto de que así se establezca un día para la celebración de la Fiesta de los Mártires en todas partes. De este modo habremos dado otro paso hacia la unidad cristiana y, al mismo tiempo, perpetuaremos la memoria de nuestros santos mártires cada año.

[Texto original: árabe]

– S. E. Armash NALBANDIAN, Obispo de Damasco, Primado (SIRIA)

1. Emigración.
Nosotros de las iglesias cristianas, estamos sufriendo por un gran problema relativo a la emigración de nuestros fieles. Esto no se debe a causas económicas o circunstancias políticas en los países en los cuales vivimos, si bien muchas son las dificultades provenientes del conflicto israelo-palestino, la guerra en Iraq o la inestabilidad política en Líbano y en otros países de Oriente Medio. La mayor causa de emigración es con frecuencia el plan de las políticas internacionales de occidente, que ignoran la existencia de cristianos en Oriente Medio y en Tierra Santa y cuando califican a nuestros países como países y sociedades terroristas. Un país islámico no significa automáticamente un país terrorista.
2. Diálogo con el Islam
Cada día damos testimonio de nuestra fe cristiana, cuando nos vemos forzados a clarificar el espíritu del mensaje del Evangelio, el mensaje de amor, de paz, tolerancia, etc. en países no cristianos a causa de las políticas internacionales que intentan declarar a casi todos los países de Oriente Medio como países terroristas e islámicos fundamentalistas. El diálogo interreligioso, con frecuencia necesita de grandes esfuerzos para encontrar un camino común con nuestros hermanos y hermanas musulmanes y aceptar y respetar además que el Islam también contiene principios de amor, paz, solidaridad y el testimonio de un Dios misericordioso, el Creador todopoderoso. Sólo podemos esperar que las iglesias en Occidente que levanten sus voces o hagan esfuerzos contra los políticos y todos aquellos que intentan usar la religión para justificar la guerra de intereses económicos y políticos. La autoridad moral de la iglesia tiene su propio peso y valor en las decisiones políticas internacionales.
3. Dimensión ecuménica
Entre las iglesias de varias confesiones en Oriente Medio existe una relación muy saludable, vital y ecuménica. Tenemos una gran esperanza en que la Asamblea Especial de los Obispos de Oriente Medio nos ofrecerá nuevas oportunidades para encontrar nuevos caminos para el diálogo ecuménico, la cooperación y el testimonio del mensaje del Evangelio. Sentimos, sin embargo, un peso cuando leemos en los Lineamenta, en el párrafo 9, la siguiente afirmación: «Después de las divisiones y las separaciones, fueron realizados periódicamente esfuerzos para reconstruir la unidad del Cuerpo de Cristo. En este esfuerzo de ecumenismo se formaron las Iglesias católicas orientales.». Nuestras Iglesias existen en países que han sido la cuna del Cristianismo. Ellas son los custodios vivientes de nuestro origen cristiano. Estas tierras han sido bendecidas por la presencia de Cristo mismo y por la primera generación de cristianos. Debemos aceptar los hechos históricos, pero permitan que no los llamamos «esfuerzos ecuménicos».
Esperamos que esta Asamblea Especial para los Obispos de Oriente Medio dé lugar a una reorganización de las iglesias católicas y a una renovación del testimonio de fe. Pero la misión y también la existencia de las iglesias católicas puede ser o debe ser entendida sólo en comunión ecuménica y en la unidad con las otras iglesias de la región.

[Texto original: inglés]
– S. E. Shahan SARKISSIAN, Obispo de Alep, Primado de los Armenios en Siria (SIRIA)

En «Christianity at the Cossroads in the Middle East», publicado en 1981, Su Santidad Aram 1er se expresaba ya en estos términos: «Oriente Medio fue la cuna de la Iglesia, pero la presencia cristiana allí se encuentra hoy amenazada. En esta región, que fue la fuente de la cultura cristiana y del pensamiento teológico, la cultura y la identidad cristiana se debilitan. También la Iglesia lucha por su existencia y su supervivencia en Oriente Medio». Esta inquietud, que su Santidad expresó con bastante anticipación, constituye, todavía hoy, más que una realidad. Existen situaciones en las que los esfuerzos de la Iglesia se quedan cortos. Lo cual significa que es imposible naturalmente cambiar de manera drástica las condiciones que nos rodean. Sin embargo, como Iglesia, podríamos determinar juntos procesos relativos a nuestro compromiso futuro, en vista de una renovación y de una solidaridad interna más eficaz. 
A la atención del Sínodo las siguientes prioridades: 
1. Debemos manifestar más concretamente y más claramente la Unidad de las Iglesias, que constituye, hoy más que nunca, un imperativo para Oriente Medio. Respetando las diferencias eclesiológicas, las Iglesias deben estar unidas, planificar juntas y actuar juntas. 
2. El respeto mutuo y la comprensión recíproca constituyen las bases del diálogo y de la coexistencia islámico – cristiana. Profundizar la coexistencia con el Islam, permaneciendo fieles a la misión e identidad cristiana.
3. El testimonio cristiano es la misma vocación de la Iglesia. Se considera una prioridad, relanzar y promover la educación cristiana, la renovación espiritual y la diaconía, la evangelización interna y la transmisión de valores cristianos a los jóvenes, la participación activa de los laicos en la vida y vocación de la Iglesia,.
4. Subrayar la importancia de la cooperación ecuménica institucional y el diálogo teológico bilateral. La reforma y la reorganización del Consejo de las Iglesias de Oriente Medio constituyen hoy una prioridad mayor, a la que ya se dedican las Iglesias miembros.
Su Santidad Aram 1er considera este Sínodo, en cierto sentido, como el Sínodo de todas las Iglesias de Oriente Medio, pues nosotros vivimos en las mismas condiciones, compartimos los mismos problemas y afrontamos los mismos desafíos. Por consiguiente, debemos concentrarnos colectivamente en la presencia y testimonio cristiano en Oriente Medio y dedicarnos juntos a reorganizar nuestro compromiso y nuestra misión. 

[Texto original: francés]
– S. E. Michael LANGRISH, Obispo de Exeter (REINO UNIDO)

Traigo los saludos de Su Gracia el Arzobispo de Canterbury. Tenemos en cuenta la emigración de los cristianos en la mayor parte de Oriente Medio, y las circunstancias que pueden dificultar su permanencia y crecimiento. Sobre esta situación hay mucha ignorancia entre los cristianos de Occidente. Los anglicanos intentan hacer su parte, junto a las iglesias históricas de Oriente Medio, para aumentar la atención de los gobiernos y de los medios de comunicación social, como también de sus propios miembros. Tratamos de reunirnos en un compromiso nuevo profético con las escrituras, seguros de la esperanza y de la verdad de la Palabra de Dios encarnada. Estas cuestiones fueron discutidas por el Arzobispo y el Santo Padre durante la reciente visita papal al Reino Unido. Mediante el estudio, la oración, la defensa, la peregrinación y la atracción de las Iglesias Orientales Católicas de forma plena hacia nuestro diálogo ecuménico, como a nuestros hermanos y hermanas Ortodoxos, intentaremos crecer en nuestra capacidad, por la gracia de Dios, para vincularnos, como un solo cuerpo, al único Señor por el cual somo llamados y santificados.

[Texto original: inglés]

– Mensaje del Rev. Dr. Olav Frykse Treit, Secretario General del Consejo Mundial de las Iglesias.

Es un honor y un privilegio para el Consejo Mundial de las Igles
ias (CMI) dirigirse a este venerable encuentro sinodal reunido en la Asamblea Especial para Oriente Medio, que constituye una verdadera oportunidad para unir a todos los cristianos de la región, orientales y ortodoxos orientales, católicos y evangélicos, en su presencia y testimonio.
Esta ha sido la preocupación y el intento de la familia ecuménica durante los últimos años ya que todos creemos, firmemente, que nuestra fe apostólica se basa tanto en el lugar donde se produjeron los eventos de la salvación, como en la región desde donde se expandió la Buena Nueva al «oikoumene» (a todo el mundo habitado). Al mismo tiempo, nuestra fe ha sido desafiada y mantenida viva gracias a nuestra comunión y solidaridad con nuestras hermanas y hermanos de la región. Sabemos que nuestras hermanas y hermanos siguen dando testimonio de la misma fe, porque Dios no nos dio «un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y sobriedad» (2 Tm 1,7). Vemos que este espíritu los fortalece en su resolución y esperanza, en su lucha por la paz merecida, por la dignidad humana, la libertad, la igualdad en la ciudadanía. De hecho, este espíritu nos llama a todos a tomar acciones concretas mientras acompañamos a nuestros miembros y a las Iglesias hermanas en la región en la misión que el Señor les ha encomendado.
Las Iglesias miembros del CMI han dicho claramente que, como cristianos, estamos llamados a orar y trabajar por una merecida paz para Jerusalén y para todos los pueblos que viven allí y en toda la región. Sabemos que Jerusalén tiene un significado especial para todos, y sabemos que el actual conflicto árabe-israelí ha tenido repercusiones negativas en toda la región y fuera de ella. Igualmente, creemos que una paz merecida para Jerusalén, en el futuro, podrá tener un impacto positivo considerable también en las Iglesias, en su presencia y testimonio en la región.
En junio de 2007, el CMI ya convocó una conferencia internacional ecuménica por la paz en Amman, en la cual los Jefes de las Iglesias de Jerusalén unidos hicieron un llamado a sus hermanos y hermanas en Cristo en esta urgente súplica: «Demasiado es demasiado. No más sin obras. Es tiempo de actuar». Nosotros, Iglesias y colaboradores ecuménicos de todo el mundo, les prometimos que «juntos íbamos a actuar, orar, hablar, arriesgando vidas y reputaciones para construir, junto a ustedes, los puentes de una paz durable entre los pueblos de este hermoso y torturado lugar, para poner fin a décadas de injusticia, humillación e inseguridad, décadas durante las cuales han vividos como refugiados y bajo ocupación. Vamos a trabajar con ustedes para buscar y alcanzar la paz. Hemos dejado pasar mucho tiempo y el tiempo no ha servido a la causa de la paz, sino a la causa del extremismo. Esta es nuestra causa más urgente y no podemos esperar».
Durante mi reciente visita a Jerusalén fui exhortado, una vez más, por los Jefes de las Iglesias locales para luchar por el fin de la ocupación que traerá justicia y paz, tanto a los palestinos como a los israelíes, y restaurará la dignidad humana. Esta es la primera petición que también escuchamos de los cristianos palestinos que nos retan con sus «palabras de fe, esperanza y amor»desde el centro de su sufrimiento. Su documento sobre «Kairos» trae esperanza allí donde se espera la paz mundial. En él se expresa su fe en un Dios que ama por igual a todos los pueblos en esa tierra y llama a una resistencia que se centre en la lógica del amor que busca y compromete la humanidad del ocupador.
Su venerable Sínodo representa una oportunidad única dada por Dios para amplificar el llamado en coro de la Iglesia Católica para que sea escuchado y traiga consigo justicia y paz para todos. El Sínodo ha despertado expectativas sin precedentes en todos los cristianos de Oriente Medio, especialmente en los iraquíes y palestinos que sufren serias tribulaciones. De hecho, todos los cristianos de la región necesitan renovar sus compromisos ecuménicos y revivir el instrumento privilegiado para ello, que es el Consejo de Iglesias de Oriente Medio.
Ha llegado el momento de emprender acciones juntos. Para nosotros, cristianos, estas acciones se basan en tres imperativos fundamentales: un imperativo ético y teológico para una Paz Justa; un imperativo ecuménico para la unidad en la acción y el imperativo Evangélico para una valiosa solidaridad y amor por todos nuestros vecinos.
Actuemos juntos y unámonos en nuestro llamado sincero a los gobiernos afectados en la región y en todo el mundo, para que una paz auténtica y duradera prevalezca en toda la región.
Oremos y actuemos juntos para que los cristianos de Oriente Medio sigan siendo «sal de la tierra» (Mt 5,13) y «luz del mundo» (Mt 5,14).
Acompañemos a las Iglesias de la región en el papel transformador que tienen en sus sociedades.
Oremos y actuemos para fortalecer su presencia común y testimonio.
¡Qué Dios nuestro Padre les bendiga a Ustedes y al Sínodo! ¡Qué Su Hijo, nuestro común Señor Jesucristo, les guíe e ilumine sus mentes y sus pasos durante sus deliberaciones! ¡Qué el Espíritu Santo les fortalezca y fortalezca a sus Iglesias en el amor del Padre!

[Texto original: inglés]

– S. B. Mar Gewargis SLIWA, Metropolitano de Bagdad e Iraq (IRAQ)

Con felicidad les traigo los saludos y las oraciones de nuestro Patriarca, Su Santidad Mar Dinkha IV.
Todos los cristianos de Oriente Medio y, especialmente, los ciudadanos cristianos iraquíes han oído hablar de estos encuentros. Todos consideran que esto es una reunión espiritual y santa y creen que, sea lo que sea, cuando sea, lo que pidamos a Dios para su salvación y felicidad será dado. Por lo tanto, pienso que estos encuentros tienen una gran responsabilidad sobre nosotros si nada de lo que esperan se ha conseguido: debemos ser conscientes de que su fe y su dependencia de la iglesia podrían verse afectadas.
Todos nosotros, con nuestros distintos jardines bellos y sagrados, debemos trabajar juntos, amigable, fraternal y espiritualmente, para seguir regando las raíces de la Cristiandad en esta tierra nuestra, rescatando así nuestro mundo de los terribles desastres, viviendo en el respeto y la amistad con otros creyentes en nuestros Señor Todopoderoso, donde sea que vivan y en qué país vivamos, como ciudadanos buenos y respetuosos, siendo buenos vecinos para los que están necesitados.
Todos los pueblos del mundo, todos los gobiernos y todas las organizaciones eclesiales y gubernamentales, en todo el mundo, saben lo que está pasando en Iraq y se dan cuenta claramente de las circunstancias inesperadas y la situación horrible a la que debe enfrentarse el pueblo iraquí en general, y los cristianos iraquíes en particular, desde la invasión de abril de 2003.
Los problemas y los sufrimientos de las cristianos en Iraq son distintos a los de los otros cristianos de los países de Oriente Medio.
Deberíamos buscar y estudiar para así conocer los motivos que han causado unas circunstancias tan inesperadas y horribles, reconociendo quien está detrás de todo esto, en modo tal que esta asamblea encuentre la solución para poner fin a lo que está pasando en nuestro país, impidiendo así que los ciudadanos cristianos iraquíes huyan de su país.
La situación necesita medidas y acciones urgentes, sabias y rápidas. De lo contrario, los ciudadanos cristianos iraquíes, cansados y sufrientes, no esperarán nada, ni tendrán más esperanza en estas asambleas y dirán: «Hasta cuándo tengo que esperar», preparándose pues a dejar la cuna de la civilización y la Cristiandad.
Tomo esta importante reunión como una oportunidad para pedirles, mis queridos hermanos y hermanas, según sus propias posiciones y responsabilidades, que soliciten con urgencia a las organizaciones políticas y humanitarias internacionales que salven al pueblo iraquí en general de esta destrucción, creando así circunstancias pacíficas que mantengan a los cristianos en el país. Esto evitaría la emigración de los cristianos, y no daría más quebraderos d
e cabeza a los gobiernos extranjeros occidentales sobre si aceptar o menos a estos emigrantes.
Deseo a esta bendita asamblea un resultado fructífero y exitoso, para fortalecer así la fe y la esperanza de nuestros creyentes en la Santa Iglesia.

[Texto original: inglés]

  

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ZENIT Staff

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