El Papa destaca la importancia de invitar al entendimiento en Centroamérica

Al recibir al nuevo embajador de El Salvador ante la Santa Sede

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 18 de octubre de 2010 (ZENIT.org).- “Es importante que existan voces que inviten al entendimiento mutuo y a la cooperación generosa, en aras del justo progreso y la estabilidad de la comunidad internacional” en toda Centroamérica.

Lo afirmó este lunes el Papa al recibir en el Vaticano al nuevo embajador de El Salvador ante la Santa Sede, Manuel Roberto López Barrera, con motivo de la presentación de sus cartas credenciales.

En su discurso, Benedicto XVI destacó la tarea de la Iglesia en El Salvador, que “desde su competencia específica, con independencia y libertad, trata de servir a la promoción del bien común en todas sus dimensiones y al fomento de aquellas condiciones que consientan en los hombres y mujeres el desarrollo integral de sus personas”.

Aludió algunos problemas actuales de El Salvador, afirmando que “evangelizando y dando testimonio de amor a Dios y a todo hombre sin excepción alguna, se convierte en elemento eficaz para la erradicación de la pobreza y en acicate vigoroso para luchar contra la violencia, la impunidad y el narcotráfico, que tantos estragos están causando, sobre todo entre los jóvenes”.

Señaló que “al contribuir en la medida de sus posibilidades al cuidado de los enfermos y ancianos, o a la reconstrucción de las regiones devastadas por las catástrofes naturales, quiere seguir el ejemplo de su Divino Fundador”.

El ejemplo de Cristo, explicó, “no le permite permanecer ajena a las aspiraciones y dinamismos del ser humano, ni mirar con indiferencia cuando se debilitan exigencias tan primordiales como la equitativa distribución de la riqueza, la honradez en el desempeño de las funciones públicas o la independencia de los tribunales de justicia”.

“Tampoco deja de sentirse interpelada la comunidad eclesial cuando a muchos falta una vivienda digna o no tienen un empleo que les procure su realización personal y el mantenimiento de sus familias, viéndose obligados a emigrar fuera de la Patria”, continuó.

“De igual manera, sería extraño que los discípulos de Cristo fueran neutrales ante la presencia agresiva de las sectas, que aparecen como una fácil y cómoda respuesta religiosa, pero que, en realidad, socavan la cultura y hábitos que, desde hace siglos, han conformado la identidad salvadoreña, oscureciendo también la belleza del mensaje evangélico y resquebrajando la unidad de los fieles en torno a sus Pastores”.

“En cambio, la labor materna de la Iglesia en su afán constante de defender la inviolable dignidad de la vida humana desde su concepción a su ocaso natural –tal como lo proclama también la Constitución del País-, el valor de la familia fundada en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y el derecho de los padres a educar a su prole según sus propias convicciones morales y espirituales, crea un clima en donde el verdadero espíritu religioso se funde con el denuedo por alcanzar metas cada vez más altas de bienestar y progreso”, añadió.

El Papa apreció “las dotes personales” del nuevo embajador y su “vasta experiencia en variados campos de la docencia, la administración pública y la vida social”.

Destacó los “estrechos lazos que unen al pueblo fiel salvadoreño” con el sucesor de Pedro, de larga tradición, y el “patrimonio de valores fermentado con la levadura evangélica”, que los salvadoreños “han de nutrir”.

También calificó como “consolador” el esfuerzo del país para edificar una sociedad cada vez más armónica y solidaria, siguiendo los acuerdos firmados de paz en 1992.

Y afirmó que “gran alegría hallará el pueblo salvadoreño, de espíritu sacrificado y laborioso, si el proceso de paz se ve cotidianamente confirmado y se potencian las decisiones tendentes a favorecer la seguridad ciudadana”.

En este sentido, señaló la importancia de que los salvadoreños “se convenzan de que la violencia nada consigue y todo empeora, pues es una vía sin salida, un mal detestable e inadmisible, una fascinación que embauca a la persona y la llena de indignidad”.

Y afirmó que la paz, “como don del Divino Salvador, es también una tarea a la que todos han de cooperar sin vacilación, encontrando para ello en el Estado un firme valedor a través de disposiciones jurídicas, económicas y sociales pertinentes, así como de unas adecuadas Fuerzas y Cuerpos de Policía y Seguridad, que velen en el marco de la legalidad por el bienestar de la población”.

El Papa también aseguró que “la Sede Apostólica contribuirá a afrontar el camino de diálogo y convivencia pacífica emprendido por las autoridades de vuestro país, de forma que todo salvadoreño considere el suelo patrio como un auténtico hogar que lo acoge y le ofrece la posibilidad de vivir en él con serenidad”.  

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ZENIT Staff

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