MONTREAL, domingo, 31 de octubre de 2010 (ZENIT.org-El Observador).- En el estadio que sirviera de sede a los juegos olímpico de Montreal en 1976, más de 50 mil personas encabezadas por el cardenal Jean-Claude Turcotte, arzobispo de la ciudad, agradecieron a Dios el que el Papa Benedicto XVI canonizara al primer santo de Canadá, el hermano André, el pasado 17 de octubre en la Plaza de san Pedro del Vaticano.

Con cientos de jóvenes de todas las parroquias de la diócesis de Montreal y personas discapacitadas cerca del altar, así como la presencia del primer ministro de Canadá, Stephen Harper, y el primer ministro de la provincia de Quebec, Jean Charest, la eucaristía dio inicio a las 2 de la tarde con casi 60 obispos que vinieron de toda la nación.

Con el canto de entrada que decía en su estrofa "Dios, te alabamos, Señor, te aclamamos en la gran procesión de todos los santos", la Iglesia de Canadá conmemoraba la bendición de sus mártires, beatos y santos que han dado vida a su nación, y el último de ellos y hasta ahora el primer varón nacido en Canadá, es el santo cuyo nombre de pila era Alfred Bessette (1845 -1937).

En la homilía el cardenal Turcotte dijo que el hermano André, quien murió antes de los profundas transformaciones de los  sesentas que afectaron a la sociedad y la Iglesia canadiense, era una persona de otra época, pero que la Iglesia no canoniza jamás únicamente por lo que fue, sino quecanoniza por lo que esa persona tiene que mostrar a las mujeres y hombres de hoy.

¿Qué nos tiene que mostrar el hermano André hoy?, preguntó el Cardenal, comentando que en su tiempo fue reconocido como hacedor de grandes milagros y que tuvo la audacia de construir en Mont-Royal el más grande oratorio dedicado a san José.

Hoy (el hermano André) nos dice y muestra que la vida es hermosa y fructífera cuando se configura para escuchar y servir a los demás, indicó el purpurado canadiense.

El hermano André, continuó, era un hombre de escucha y compasión, que dejó a pobres y ricos acercarse a él, e iba a encontrarse con aquellos que no podían llegar a él, y después de escuchar consolaba, oraba por ellos y les pedía confiar en Dios, en María y con fervor él oraba a san José.

Por la mañana el padre Charles Corso de la Congregación de Santa Cruz contaba en el portentoso oratorio de San José, a un grupo de periodistas invitados por el Ministerio de Turismo de Québec, que el hermano André, quien era solamente un portero analfabeto en su congregación religiosa, llegaba a recibir diariamente 300 personas, que iban a buscarlo para confiarle sus desgracias y sufrimientos le solicitaban oración, y él escuchaba a todos y les dedicaba tiempo y oraba con ellos.

El amor a san José hizo que el santo hermano André construyera la más grande basílica en Canadá y la más grande basílica en todo el mundo dedicada a san José. Y no sólo eso, sino que es considerado como uno de los "arquitectos" de la Iglesia católica de Montreal, por la forma que edificó sobre la Roca principal, que es Cristo, la fe de los habitantes de la zona.

El oratorio de san José de Mount-Royal, basílica consagrada el 17 de octubre de 2004 y que ha pasado por diferentes etapas desde su inicio, en 1904, recibe dos millones de peregrinos y visitantes cada año, y es un destino para buscar paz y consuelo a través de san José y san André.

El padre Claude Grou, c.s.c., rector del oratorio, habló en exclusiva con Zenit-El Observador al finalizar la misa de acción de gracias y nos comentó que la devoción a san José por parte del santo hermano André se debía principalmente al hecho de que su familia y su madre -a quien perdió a los doce años-- eran muy devotos de este santo, padre adoptivo de Jesús, y que también la Congregación de Santa Cruz tiene como devoción particular el amor a san José.

San José es el patrono de Canadá y una figura clave para los trabajadores del país, continuó el Padre Grou. Y ante la pregunta de por qué es significativo y atrayente el hermano André no sólo para católicos, sino para cristianos no católicos y de otras religiones, el rector del oratorio respondió que el hermano André fue un hombre sencillo, un hombre de la gente, una persona con la que la población se siente identificada y por eso la gente lo quiere tanto.

La transmisión en vivo de la misa fue seguida en todo Canadá por 2 millones de personas a través de la televisión e Internet.

Actualmente la Congregación de Santa Cruz, a la cual el hermano André pertenecía, tiene más de 1600 miembros que trabajan en la educación, en parroquias y otros tipos de servicio a la comunidad, con un carisma enfocado en la justicia social. Sus miembros están activos en 16 países y 4 continentes: África, América, Asia y Europa.

La Congregación  de Santa Cruz anima espiritualmente el Oratorio de San José de Mount-Royal en Montreal,fundado por el Hermano André, donde se encuentra su tumba y un relicario que custodia y expone su corazón.

Más información en www.saint-joseph.org