Para recomenzar, Europa debe recuperar sus valores cristianos y humanos

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Monseñor Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados, a los embajadores de la UE

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ROMA, viernes 15 junio 2012 (ZENIT.org).- El arzobispo Dominique Mamberti, secretario para las Relaciones con los Estados de la Santa Sede, dirigió un discurso a los embajadores de los países de la Unión Europea acreditados ante la Santa Sede con ocasión del final del semestre de la presidencia de turno danesa. El encuentro se desarrolló en Roma el lunes 11 de junio.

“Querría dedicar la conversación de hoy a algunas reflexiones acerca del futuro de Europa, en relación al grave momento de crisis, especialmente económica, que esta está viviendo”, dijo monseñor Mamberti.

“Europa sufre ahora –subrayó- las consecuencias del endeudamiento, unido a un mercado de trabajo a menudo rígido y a fuertes presiones competitivas del exterior, que han impulsado a una deslocalización cada vez más marcada de las actividades productivas. En años recientes hemos constatado que el continente envejece y produce cada vez menos”.

Además de estos factores, monseñor Mambertir señaló que “se da una pérdida progresiva de identidad cultural y social de los pueblos europeos, a la cual se une, a menudo, una lejanía de la sociedad civil de la política, que con empeño consigue realizar la tarea que le espera, o sea perseguir el bien común”.

“Confianza, solidaridad y responsabilidad –subrayó- con palabras clave a través de las cuales Europa está llamada, hoy más que nunca, a mirarse a sí misma. Ellas deben informar no sólo las relaciones internas de la Unión sino también las relaciones que esta mantiene con los otros actores de la escena mundial, como también respecto a los países limítrofes, que aspiran a formar parte de la misma Unión”.

Y concluyó expresando su esperanza: “Confío en que nuestro continente sepa encontrarse de nuevo a sí mismo también en las actuales dificultades. El logro de tal empresa dependerá de la medida en que Europa sepa mirar con gratitud y reconocimiento hacia sus propios orígenes, sobre todo de la capacidad de proponer de nuevo de manera constructiva y creativa aquellos valores cristianos y humanos, como la dignidad de la persona humana, el profundo sentimiento de la justicia y de la libertad, la laboriosidad, el espíritu de iniciativa, el amor a la familia, el respeto de la vida y el deseo de cooperación y de paz, que son las notas que la caracterizan”.

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ZENIT Staff

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