'La vocación no es una cuestión de números'

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La Iglesia española celebra este domingo la 52ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas

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Un seminarista y una novicia españoles, un sacerdote indio y una religiosa chadiana han contado este miércoles cómo descubrieron su vocación. Ha sido durante el encuentro que ha tenido lugar en la sede de Obras Misionales Pontificias (OMP), convocado conjuntamente por esta institución, la Conferencia Episcopal Española (CEE) y la Conferencia Española de Religiosos (CONFER).

Benjamine vivía en una zona musulmana en el norte del Chad. La primera vez que vio a una monja tenía 7 años y solo recuerda «su velo». No sabía «qué era» una monja, pero una amiga le había dicho que las monjas se dedicaban «a evangelizar», y desde ese momento no hacía más que repetir: «Quiero ser monja». Pero tanto el primer sacerdote al que confió este deseo, como su padre y hasta el obispo que la confirmó, le decían: «Eres pequeña, tienes que estudiar». Benjamine llegó a pensar si esas personas «no querían que fuera monja».

Yeeva descubrió su vocación sacerdotal en India, cuando tenía 21 años, y cree que esa vocación es «lo mejor que me ha pasado». Para Yeeva, que proviene de una Iglesia que ha conocido la persecución, seguir a Cristo le «nace del corazón».

Maria Jeeva Arulandu, sacerdote de los Misioneros del Verbo Divino, y Kimala Nanga Benjamine, hoy ya Misionera Comboniana, recibieron la llamada al sacerdocio y a la vida religiosa en un contexto cultural y geográfico muy distinto al de Javier Cedrón, seminarista del Seminario Mayor de Madrid, y Montse Chías González-Blanch, juniora de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, ambos españoles.

Las vocaciones de estos jóvenes ponen de manifiesto que «el Señor sigue llamando», que la vocación no es una cuestión de «números» y que los que hoy llegan al sacerdocio o a la vida religiosa siguen haciéndolo «con la misma pasión por Jesucristo de siempre». Para ellos, «no falta la llamada, sino, tal vez, la respuesta».

Benjamine y Yeeva, como Javier y Montse, admiten que las dificultades pueden surgir en el camino. A veces tienen que ver con el contexto en el que nace la vocación: para Benjamine fue difícil que su familia comprendiera que quería «consagrar su vida, en lugar de tener marido e hijos». Otras veces, con un determinado «estilo de vida». Montse renunció a unos planes que había ido construyendo a su medida: había ganado las oposiciones para el Magisterio de Educación Física, se había independizado, tenía novio.

A veces la vocación puede tardar en despertar. Como dijo Javier, «me habían hecho un regalo que todavía no había abierto». Pero cuando la llamada es del Señor, acaba triunfando sobre todo lo demás.

La 52ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas, que se celebrarán el próximo 26 de abril, con el lema «¡Qué bueno caminar contigo!», han sido la ocasión para que estos jóvenes hagan visible su realidad. Todos ellos esperan la oración y la ayuda de los españoles.

(IDV) (RLG)

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ZENIT Staff

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