(ZENIT Noticias / León, Guanajuato, 06.07.2026).- La Arquidiócesis de León, en el estado mexicano de Guanajuato, ha lanzado una seria advertencia a los fieles tras detectar que un hombre expulsado del estado clerical se presentaba públicamente como sacerdote católico y oficiaba celebraciones religiosas, incluso en una funeraria de la ciudad. El caso ha reavivado una cuestión poco conocida por muchos católicos: no basta con vestir como un sacerdote o simular celebrar una misa para actuar legítimamente en nombre de la Iglesia.
El arzobispo de León, monseñor Jaime Calderón, informó mediante un comunicado que Francisco Isaías Rodríguez Núñez no pertenece al presbiterio arquidiocesano, carece de cualquier nombramiento eclesiástico y no posee autorización para ejercer ministerio alguno en esa jurisdicción (ni en ninguna otra de la Iglesia católica).
La aclaración fue necesaria después de que varios fieles alertaran de la presencia del denominado «Padre Paco», quien presidía actos de culto y aseguraba falsamente formar parte del clero de la arquidiócesis. Las verificaciones realizadas por la autoridad eclesiástica desmintieron por completo esa afirmación.
La historia de Rodríguez Núñez comenzó años atrás en el estado de Nayarit. Ingresó inicialmente al seminario de la diócesis de Tepic, aunque fue separado antes de completar su formación. Posteriormente obtuvo una segunda oportunidad en la Prelatura Territorial de Jesús María del Nayar, donde fue ordenado diácono en 2018.
Sin embargo, nunca llegó a recibir la ordenación sacerdotal. En febrero de 2022 fue expulsado del estado clerical tras detectarse diversas irregularidades en su situación personal, según han explicado responsables eclesiásticos. Esa decisión supuso la pérdida de todas las facultades ministeriales que había recibido como diácono y le impidió ejercer legítimamente cualquier ministerio en nombre de la Iglesia Católica.
Pese a ello, en los años siguientes continuó presentándose como ministro católico en distintas comunidades de Nayarit, lo que obligó en varias ocasiones a la diócesis de Tepic a emitir avisos públicos para advertir a sacerdotes y fieles. Ahora el problema se ha trasladado al estado de Guanajuato.
El episodio que desencadenó la nueva advertencia ocurrió tras el fallecimiento de una persona cuya familia acudió a una funeraria situada en las inmediaciones del Parque Hidalgo, en León. Allí les recomendaron contratar al supuesto sacerdote para presidir la celebración religiosa. Fue la propia familia la que comenzó a sospechar cuando la ceremonia les resultó extraña y posteriormente encontró informaciones que advertían de que el celebrante ya había sido desautorizado por la Iglesia.
Ante esta situación, monseñor Calderón recordó un aspecto esencial del derecho canónico y de la vida sacramental de la Iglesia: la celebración legítima de la Eucaristía y de los sacramentos exige no solo haber recibido válidamente las órdenes sagradas, sino también permanecer en plena comunión con la Iglesia y contar con las facultades que la autoridad eclesiástica concede para ejercer el ministerio.
En el caso concreto de Rodríguez Núñez existe además un elemento determinante: nunca fue ordenado sacerdote. Por tanto, no solo carece de autorización para celebrar la Misa, sino que tampoco posee el sacramento del Orden en su grado sacerdotal, indispensable para consagrar la Eucaristía o absolver los pecados en confesión.
La arquidiócesis ha pedido a los fieles que, antes de organizar bautizos, funerales, bodas u otras celebraciones religiosas con ministros que no conocen, comprueben siempre su identidad y su adscripción eclesiástica. También los exhortó a no promover ni participar en actos presididos por personas que carezcan de la correspondiente autorización de la Iglesia.
Finalmente, el arzobispo agradeció la colaboración de quienes informaron oportunamente de la situación. Esa actuación, señaló, ha permitido proteger la vida sacramental de la Iglesia local y evitar que más personas fueran engañadas en momentos especialmente delicados, como el duelo por la pérdida de un familiar.
El caso pone de manifiesto la importancia de la vigilancia pastoral y de la información a los fieles. Aunque este tipo de episodios son poco frecuentes, la Iglesia insiste en que la autenticidad del ministerio sacerdotal no depende únicamente de la apariencia externa o de las palabras pronunciadas durante una celebración, sino de la comunión con la Iglesia y de la misión recibida legítimamente para ejercer ese servicio.
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