(ZENIT Noticias – OMPress / República Centroafricana, 06.07.2026).- El pasado 29 de junio era asesinado en el pueblo de Zémio, en el Este de la República Centroafricana, el padre Crépin Martial Monga. Ahora descansa en el cementerio de Bangassou, junto a los misioneros que llevaron en los últimos cien años el Evangelio a este corazón de África.
El padre Crépin era el coordinador del Comité Local para la Paz y la Reconciliación de Zémio y estaba muy comprometido para lograr que cesara la violencia y se instaurara la paz en esta zona cercana a la frontera con Sudán. Los desafíos eran muchos, tensiones étnicas, presencia de bandas armadas, del ejército, de mercenarios, todo ello mezclado con el control del territorio y de los recursos.
El misionero comboniano Juan José Aguirre, hasta el 24 de junio pasado obispo de Bangassou, en declaraciones exclusivas a las Obras Misionales Pontificias, ha recordado a este joven sacerdote. Él mismo lo ordenó el 8 de diciembre de 2021. Reconoce que ha sido “un horror, nos ha tocado muchísimo”. El sacerdote era párroco en la parroquia de San Juan Bautista en Zémio desde hacía tres años. Mons. Aguirre cuenta que “la zona de Zémio, es una zona donde no ha habido desarrollo. Decía Pablo VI que el nuevo nombre de la paz es el desarrollo. Pues allí no ha habido y la población ha sido casi abandonada”. Este abandono llevó a que grupos de jóvenes se sublevaran, consiguieran armas y atacaran a personas y bienes. “El gobierno centroafricano”, añade el misionero, “había mandado últimamente soldados, los llamados FACA y también había mandado soldados rusos, de los Wagner, que están contratados por el gobierno”. Según parece en estas últimas semanas “había luchas entre estos grupos de soldados; había rencillas entre ellos y había mucha violencia en el pueblo de Zémio”. Por la noche del pasado 29 de junio, “hubo disparos de un lado y de otro y alcanzaron al padre Crépin, en la zona de la yugular, en el cuello, hacia el oído. No sabemos si fue un ajuste de cuentas o una bala perdida, pero lo mató en el acto. Así que al llegar la noche estaba muy agitado el ambiente y solo pudieron llevarlo hasta la Iglesia y allí en la Iglesia lo dejaron”.
El obispo emérito de Bangassou cuenta que, “al día siguiente por la mañana, al amanecer a las 5:00h entraron varias mujeres, lavaron el cuerpo, lo prepararon. Y desde Bangassou se negoció que el cuerpo viniera hasta Bangassou, a 300 kilómetros, para enterrarlo allí en Bangassou”. Tras una verdadera odisea debido a la situación del terreno por las lluvias lo llevaron y el día 1 de julio, el miércoles pasado, tuvo lugar el entierro, “en el cementerio de Bangassou junto a muchos misioneros que se han ido enterrando allí en los últimos 100 años. Algunos mayores, otros jóvenes, de muchísimas nacionalidades”.
El actual obispo de Bangassou, el misionero Aurelio Gazzera, tras el entierro “buscó una avioneta que le llevó a Zémio donde aterrizó con otro padre”. Mons. Aguirre cuenta que “llevan allí toda la semana intentando animar a la gente y consolarla, enjugar las lágrimas, y enterarse bien qué pasó, quién lo mató, y las circunstancias del asesinato, y rezar, sobre todo rezar”.
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