(ZENIT Noticias / Lourdes, 21.08.2026).- La fachada de la Basílica del Rosario en Lourdes pronto perderá uno de sus elementos artísticos más reconocibles. Todos los mosaicos creados por el exjesuita Marko Rupnik serán cubiertos, y a diferencia de medidas anteriores, esta vez el cambio será permanente.
El obispo Jean-Marc Micas de Tarbes y Lourdes ha dejado claro que la decisión no es simplemente un ajuste temporal para la visita del Papa León XIV al santuario francés los días 26 y 27 de septiembre. Los mosaicos permanecerán ocultos tras la partida del Papa, mientras la diócesis inicia un nuevo proceso para determinar cómo se debe redecorar la fachada. Se espera que artistas y teólogos se unan a la comisión que ya está estudiando el futuro del sitio.
El momento elegido es, sin duda, significativo. León XIV pasará poco más de un día en Lourdes, donde tiene previsto celebrar misa, reunirse con los enfermos y sus cuidadores, y participar en la tradicional procesión del Rosario con velas. También está prevista una reunión privada con supervivientes de abusos durante su viaje a Francia, aunque el Vaticano no ha especificado si tendrá lugar en París o en Lourdes.

The mosaics on the doors of the facade of the Basilica of Our Lady of the Rosary, at the Sanctuary of Our Lady of Lourdes in southwestern France, are being covered in an undated photograph provided by the sanctuary. The doors showcase the artwork of Father Marko Rupnik, a priest and former Jesuit, who is currently under investigation after accusations of spiritual, psychological and sexual abuse by multiple adult women. Bishop Jean-Marc Micas of Lourdes and Tarbes said March 31, 2025, that the sanctuary will cover the mosaics on the door of the facade of the basilica, citing a need for a symbolic step to help those unable to cross its threshold. (OSV News photo/courtesy Lourdes Sanctuary)
Micas insiste en que la visita papal es una oportunidad para impulsar el diálogo, y no la razón de la decisión. Su postura se ha forjado a partir de conversaciones con supervivientes de abusos, algunos de los cuales le han comentado que el contacto con la obra de Rupnik les dificulta regresar a Lourdes. Para el obispo, esto supone un problema pastoral en un santuario cuya vocación fundamental es acoger precisamente a quienes sufren y buscan consuelo.
«Mi función es asegurar que el santuario acoja a todos, especialmente a quienes sufren», ha declarado Micas.
Este razonamiento confiere a la decisión una trascendencia que va más allá del destino de una colección de obras de arte en particular. La cuestión que se plantea en Lourdes es si un espacio sagrado puede seguir exhibiendo de forma destacada la obra de un artista acusado de graves abusos cuando algunas presuntas víctimas consideran que dicha obra constituye un obstáculo para regresar al santuario.
El caso de Rupnik sigue sin resolverse legalmente. Fue expulsado de la Compañía de Jesús en 2023 tras problemas disciplinarios y ahora se enfrenta a un proceso canónico en el Vaticano por acusaciones de abuso sexual, espiritual y psicológico contra numerosas mujeres. La oficina de prensa del Vaticano desmintió en julio las informaciones que afirmaban que el tribunal ya lo había absuelto, indicando que los jueces aún estaban examinando la documentación. El tribunal está compuesto por cinco jueces ajenos tanto al Dicasterio para la Doctrina de la Fe como a la Curia Romana.
Esta situación sin resolver hace que la última decisión de Micas sea particularmente relevante. El obispo ha declarado explícitamente que el futuro de los mosaicos no dependerá del veredicto. Incluso una absolución, según su postura, no conllevaría automáticamente su restitución. Por lo tanto, la justificación es pastoral, más que una declaración de culpabilidad judicial.
Lourdes ha llegado a este punto gradualmente. Los mosaicos se instalaron en 2008 para conmemorar el 150 aniversario de las apariciones y representan los Misterios Luminosos del Rosario. Su ubicación en la fachada principal hacía prácticamente imposible que los peregrinos los pasaran por alto.
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Tras hacerse públicas las acusaciones contra Rupnik, la diócesis creó en 2023 una comisión integrada por supervivientes de abusos, especialistas en arte sacro, abogados, responsables de prevención y capellanes del santuario. En julio de 2024, las obras dejaron de iluminarse durante las procesiones nocturnas con velas. En marzo de 2025, se cubrieron otras obras de Rupnik en las puertas de la basílica, y Micas explicó que su presencia podría dificultar el acceso de los supervivientes a la iglesia.
La última decisión completa esta progresión: desde la reflexión, pasando por la visibilidad reducida, hasta la ocultación parcial y, finalmente, la cobertura de toda la fachada.
La controversia también tiene una dimensión católica más amplia. El estudio de Rupnik contribuyó a proyectos en más de 200 espacios litúrgicos en todo el mundo, incluyendo importantes santuarios e iglesias católicas. Por consiguiente, Lourdes no se enfrenta a un encargo artístico aislado, sino a un problema que afecta a numerosas instituciones que deben decidir qué hacer con obras destacadas asociadas a un artista que enfrenta graves acusaciones.
La decisión de la diócesis no borra el significado religioso de los mosaicos ni prejuzga al tribunal canónico. En cambio, establece una prioridad diferente para el santuario: que el entorno visual de un lugar dedicado a la sanación no se convierta, para las víctimas de abusos, en otra fuente de angustia.
Este principio cobra especial relevancia en Lourdes. La identidad del santuario es inseparable de los enfermos, los vulnerables y aquellos que llegan con heridas que no siempre son visibles. La decisión de Micas sugiere que, en un contexto así, la atención pastoral puede requerir incluso modificar algo de gran valor artístico cuando su presencia continua se ha convertido en un impedimento para las personas a las que el santuario está destinado a acoger.
Los mosaicos desaparecerán, por lo tanto, de la vista, pero no necesariamente del diálogo de la Iglesia. Tras la peregrinación del Papa, Lourdes tiene previsto retomar el tema con artistas y teólogos para determinar qué debería sustituirlos.
El próximo rediseño será, pues, más que un proyecto arquitectónico. Será una oportunidad para que el santuario decida qué lenguaje visual expresa mejor su misión tras la crisis de abusos, y si el arte sacro puede volver a ser, ante todo, un signo de consuelo para quienes acuden a Lourdes en busca de sanación.
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