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El Instituto para las Obras de Religión (IOR) abre sus puertas a los periodistas

Cipriani: ni cuentas anonimas ni operaciones con bancos off-shore. Deseamos transparencia para acabar con este velo de misterio

Por H. Sergio Mora

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 28 junio 2012 (ZENIT.org).- El IOR no tiene finalidad de lucro, no hay cuentas anónimas o cifradas, el sistema no permite operaciones sin los parámetros identificativos, todas las operaciones son trazables por diez años, el balance es controlado por una sociedad externa, no hay relaciones con bancos off-shore. Y no sólo: las operaciones sospechosas son señaladas a las autoridades competentes, y ahora hay controles como los de la AIF. Además no basta ser religioso para abrir una cuenta.

Estos fueron algunos de los temas expuestos hoy en la sede del Instituto para las Obras Religiosas (IOR) con sede en el Torreón de Nicolás V en El Vaticano, a una delegación de unos sesenta periodistas italianos y extranjeros, algunos de los cuales vinieron especialmente para el evento.

La conferencia de prensa presidida por el director general del IOR, Pablo Cipriani, acompañado por los cuatro miembros del Consejo de la Superintendencia, o sea todos sus directivos.

“Cuando se vive una situación en la cual se quiere imponer una línea de transparencia pienso que sea justo dar los elementos para informarse” dijo el director Cipriani. Y añadió “queremos acabar con este velo de misterio que se creó entorno al IOR” y al concluir la conferencia deseó que la misma “pueda ser un punto de inicio”.

El número dos del Instituto (la presidencia aún está vacante después de la dimisión de Gotti Tedeschi) expuso su presentación con diapositivas y respondió a las preguntas de los periodistas en un tono muy franco, creando incluso algún pequeño embarazo y necesidad de precisar mejor los términos al portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi, que moderaba el encuentro.

El director general contó desde sus primeras dificultad al llegar al IOR, después de trabajar veinticinco años en el sector bancario, que iniciaron con el acostumbrarse a diferenciar entre los títulos de eminencia (dado a los cardenales) a los de excelencia (para los obispos).

Pasó entonces a una panorámica sobre el Instituto “muchas veces llamado banco, incluso si técnicamente no lo es, entre otras cosas porque el IOR no tiene fines de lucro ni utilidad de balance como objetivo primario, aunque si tiene que mantener la capitalización del Instituto”.

“La misión del IOR –ha indicado- es cuidar y administrar los bienes muebles e inmuebles, transferidos o confiados al Instituto por personas físicas o jurídicas y destinadas a obras de religión y caridad”.

Sobre el pasado del Instituto, Cipriani se limitó a indicar aquello que conoce desde que el está en el Vaticano: “En el IOR no hay cuentas cifradas, desde 1996 el nuevo sistema informático permite que la trazabilidad de todas las operaciones bancarias. Si en el pasado hubo transacciones problemáticas no lo se, si bien hoy puedo decir que no las hay y que para nuestra tranquilidad sabemos que desde 1996 el sistema es absolutamente seguro”.

Pidió entretanto no confundir el cifrado de cada operación financiera, en los datos que los bancos se intercambian, con cuentas anónimas o cifradas, que son cosas muy diversas.

Cada cifrado es el código de una operación de una cuenta con un dueño, número, y todos los datos que permiten sea trazable. “El Instituto utiliza para las transacciones el sistema SWIFT que impone reglas precisas para cada transacción, con datos obligatorios como ordenante, beneficiario, causa, etc”.

Además “todos los clientes están sujetos a las políticas y procedimientos de know your customer (KYC) y customer due diligence (CDD). Además el Instituto no tiene relaciones bancarias con paises off-shore” (llamados también paraísos fiscales”.

“Por ley –añadió Cipriani- el IOR tiene que señalar a las autoridades competentes eventuales transacciones sospechosas”, en este sentido la ley 127 fue modificada y la 166 la ha acercado aún más a los standard internacionales. “ Cuando hay una transacción sospechosa, la norma es no aceptarla”.

El IOR, indicó Cipriani, cuenta con controles antirreciclaje como la auditoría interna y el colegio de revisores. Pero también externos como desde 2011 la Autoridad de Información Financiera AIF y aún antes, en 1990, una sociedad externa para certificar el balance, que desde 2009 es Deloitte, la cual colaboró en el 2010 y 2011 para mejorar los sistemas de controles sobre el AML/CFT. Además desde 1995 el balance es conforme con el estandard IAS (Internacional Accounting Standard).

Una cuenta en el IOR puede ser abierta solamente por un religioso autorizado por el superior en el caso de las órdenes que tienen voto de pobreza, pero también por sacerdotes, quienes tienen que presentar la documentación que será contrastada con la propia diócesis o las autoridades competentes.

Mientras las leyes internacionales obligan a “mantener registradas las operaciones por cinco años, nosotros las mantenemos por diez”, dijo Cipriani que indicó como para cualquier operación en contante superior a los diez mil euros es necesario compilar un documento aduanero.

El director general explicó también los casos de la JP Morgan Chase y las polémicas de dos transferencias de dinero que fueron bloqueadas por las autoridades italianas y desbloqueadas en el 2011.

Las cuentas son unas 33.000, el capital total es de unos 6.000 millones de euros, el 70% de las operaciones son en Europa, el 65% se hace en euros, el 30% en dólares y el resto en otras divisas.

Desde el momento que no es un banco, por lo tanto si fines de lucro, los intereses no superan el 5%. Los empleados son 112 más algunos consultores externos en casos particulares. El IOR da servicios a entes de la Iglesia en 150 países.

Los servicios financieros se ocupan de proteger los fondos que le son confiados, asistir las transferencias con fines institucionales, y consulta y apoyo en la gestión financiera. Pero también servicios no financieros como legados y donaciones.

Por necesidades legales, el IOR tiene una pequeña reserva en oro en la Reserva Federal en Nueva York y las inversiones son para proteger los capitales y no con finalidad especulativa.

El balance anual está firmado por el director general, certificado por Deloitte, después de que hacia finales de abril los cardenales lo presentan al papa. En caso que sea positivo, el pontífice decidirá cómo emplearlo y en qué porcentaje. El año pasado 55 millones de euros fueron destinados a obras varias.

El encuentro concluyó con una visita a las dependencias del Instituto.

Cipriani mostró confianza en que el recorrido de gran legalidad tomado por el IOR, en línea o aún superior a la de varios países que pertenecen a la llamada White liste le permitan al Vaticano entrar en ella.

De hecho, la comisión antirreciclado de la Unión Europea, la Moneyval, por invitación de la Santa Sede ya realizó dos inspecciones y un informe sobre las actividades financieras del Vaticano, que el 4 de julio serán discutida en Estrasburgo, cuyos resultados por indicación de la Moneyval son reservados. Aunque indiscreciones filtradas en los medios de prensa indicaron un parecer positivo sobre 41 puntos y negativo sobre ocho, con lo que el Vaticano entraría o al menos ya estaría a un paso de lograrlo.

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