(ZENIT Noticias / Buenos Aires, 23.06.2026).- Si el Papa León XIV visita Argentina a finales de este año, como muchos esperan, encontrará un panorama religioso profundamente diferente al que recibió a San Juan Pablo II durante sus históricas visitas en 1982 y 1987. El país sigue siendo predominantemente espiritual, pero el mapa institucional de la fe se ha transformado tras décadas de cambios religiosos.
Una nueva encuesta nacional del Barómetro de Religiones y Creencias de la Universidad de Buenos Aires confirma una tendencia a largo plazo que ha transformado gran parte de América Latina: el declive constante de la afiliación católica, el crecimiento sostenido del cristianismo evangélico y el auge de un sector creciente que no se identifica con ninguna religión, pero que a menudo mantiene creencias espirituales personales.
Las cifras revelan una realidad impactante. En 1960, los católicos representaban aproximadamente el 90% de la población argentina. Hoy, según la última encuesta, representan el 57,7%. Estudios previos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CNIT) ya habían documentado el declive, registrando una afiliación católica del 76,5 % en 2008 y del 62,9 % en 2019.
Al mismo tiempo, las iglesias evangélicas continúan su expansión. Los evangélicos representan ahora el 17,7 % de los argentinos, casi duplicando su proporción desde 2008, cuando constituían el 9 % de la población. Para 2019, ya habían alcanzado el 15,3 %.

Quizás el desarrollo más significativo, sin embargo, sea el surgimiento de las personas sin afiliación religiosa como la segunda categoría más numerosa del país. Según la encuesta, el 22,4 % de los argentinos se identifican ahora como sin religión, superando a los evangélicos y solo por detrás de los católicos. Sin embargo, este grupo dista mucho de ser homogéneo. Incluye personas que mantienen cierta apertura a la trascendencia, agnósticos que consideran plausibles tanto la creencia como la incredulidad, y ateos. Muchos siguen practicando formas de espiritualidad a pesar de rechazar la afiliación religiosa formal.
Esta distinción es crucial. La encuesta reveló que casi el 90% de los argentinos aún cree en Dios. En otras palabras, el declive de la religión institucional no necesariamente está generando una sociedad secular o atea. En cambio, muchas personas parecen estar distanciándose de las organizaciones religiosas, al tiempo que conservan sus creencias y prácticas espirituales personales.
La brecha generacional es particularmente reveladora. Entre los argentinos de 16 a 29 años, solo el 44,6% se identifica como católico, en comparación con el 69% entre los mayores de 50. Las comunidades evangélicas tienen una presencia significativamente mayor entre los jóvenes adultos, alcanzando el 23,6% en ese grupo de edad. Mientras tanto, casi un tercio de los jóvenes —el 31%— afirma no tener ninguna afiliación religiosa.
Para los sociólogos, esta tendencia refleja un fenómeno más amplio que se extiende mucho más allá de Argentina. Juan Esquivel, director del Barómetro, sostiene que el aumento de la población sin afiliación religiosa se está produciendo en gran parte del mundo occidental. En varios países europeos, como la República Checa, Estonia, Letonia, los Países Bajos e incluso el Reino Unido, las personas sin afiliación religiosa se han convertido en uno de los grupos demográficos más importantes.
Por lo tanto, lo que está sucediendo no es simplemente un problema católico, sino parte de una transformación cultural más amplia. Las instituciones tradicionales que antes proporcionaban identidad, pertenencia y sentido —incluidos los partidos políticos, los sindicatos, las escuelas y las organizaciones religiosas— han visto debilitarse su influencia. El ámbito religioso no ha escapado a este proceso.
La tendencia es visible en toda Argentina, aunque no con la misma intensidad en todas partes. La práctica religiosa se mantiene más fuerte en algunas regiones del norte, mientras que el área metropolitana de Buenos Aires presenta los descensos más pronunciados en la afiliación católica y el crecimiento más rápido entre los evangélicos y las personas sin afiliación religiosa.

La encuesta también pone de relieve importantes diferencias sociales. Las iglesias evangélicas tienden a atraer mayor apoyo entre sectores con menor nivel educativo, a menudo mediante sólidas redes de asistencia comunitaria, apoyo social y participación local. Por el contrario, los niveles educativos más altos se asocian con mayor frecuencia a la falta de afiliación y a un mayor individualismo cultural.
Sin embargo, la relación entre educación y fe sigue siendo objeto de debate. El propio Papa Francisco cuestionó la idea de que la educación necesariamente debilita la creencia religiosa. Reflexionando sobre el tema, argumentó que la prosperidad material puede representar un desafío mayor para la fe que la formación académica. La autosuficiencia económica, sugirió, puede crear la ilusión de que Dios ya no es necesario, mientras que el apego excesivo a la riqueza corre el riesgo de convertirse en una forma de idolatría.
El difunto Papa argentino insistió repetidamente en que la respuesta de la Iglesia a la disminución de la afiliación no podía reducirse a estrategias de marketing ni a reformas institucionales. Haciéndose eco de una famosa reflexión del Papa Benedicto XVI, Francisco sostuvo que el cristianismo crece por atracción, no por proselitismo. El factor decisivo, argumentó, es el testimonio creíble.
Esta perspectiva puede resultar especialmente relevante hoy en día. La encuesta sugiere que, si bien las identidades religiosas están cambiando, la búsqueda humana de trascendencia se mantiene notablemente arraigada. Argentina puede tener menos católicos que en generaciones anteriores, pero sigue siendo una nación donde la creencia en Dios está muy extendida y donde las cuestiones espirituales continúan influyendo en la vida pública.
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