Los huérfanos de Belén víctimas de la falta de peregrinos

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El orfanato católico vive de donativos

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BELÉN, 15 enero 2001 (ZENIT.org).- Los niños del orfanato de las Hijas de la Caridad en la ciudad en que nació Jesús están pagando las consecuencias de la falta de peregrinos, originada tras el estallido de la violencia en Tierra Santa.

Se trata, en su mayoría, de hijos ilegítimos rechazados por familias palestinas que los entregan a las religiosas para desentenderse de la «vergüenza» provocada por una hija encinta.

«La Crèche», como es conocida la casa, asiste desde hace más de un siglo a los huérfanos gracias a los donativos que ofrecen los peregrinos que vienen a Belén y que ahí se alojan.

Sor Sophie Boudri, una de las responsables del centro de acogida, declara: «Estos meses de enfrentamientos y el cierre de los territorios palestinos han bloqueado la afluencia de peregrinos que venían a visitarnos. Sin ellos, no podemos sobrevivir».

Por este motivo, la religiosa ha decidido lanzar un grito para pedir ayuda a través de las páginas del diario católico italiano, Avvenire.

Entre sus brazos tiene a Ahmed. «Este niño tiene padres –explica sor Sophie–, pero su familia es sumamente pobre y no puede comprar los caros tratamientos que necesita. Todos los meses, tenemos que suministrarle una inyección de gammaglobuline que cuesta 500 dólares. Tiene que comer alimentos con alto poder nutricional. Además, en este período, algunas familias se han quedado en la miseria y vienen a pedirnos leche y asistencia».

A estos problemas, las Hijas de la Caridad tienen que afrontar uno nuevo. «Con toda la razón el Tribunal Eclesiástico trata de pedir pruebas para ver si los niños son cristianos. Ahora bien, el Islam prohíbe la adopción de hijos ilegítimos, que no gozan de ningún reconocimiento social, no tienen derecho a llevar un nombre, son excluidos de la herencia y condenados a la marginación», explica con amargura.

De este modo, se ha complicado muchísimo la posibilidad de que «La Crèche» pueda dar en adopción estos niños, especialmente en el extranjero.

Los ochenta pequeños acogidos por las religiosas, muchas de ellas palestinas (sor Sophie es libanesa) han pasado por situaciones desesperadas. Con frecuencia sus madres se han refugiado en casa de las religiosas para dar a luz a escondidas, y evitar de este modo el que sus padres o hermanos les maten, en nombre de una ley del honor no escrita.

«El año pasado salvamos a 23 muchachas», dice la religiosa.

Otros niños son confiados a las Hermanas por los servicios sociales de la Autoridad Palestina. «No tenemos estructuras –reconoce Diana Mubarak, responsable de Asuntos Sociales–, en esos casos nos dirigimos a las monjas de Belén».

En esa casa, explica Mubarak, los niños son acogidos y queridos. Pero ahora las religiosas se encuentran en grave dificultad.

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ZENIT Staff

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