«La crueldad de ETA ha llegado al extremo», afirma el arzobispo de Valencia

Condena el atentado de Manuel Giménez Abad, político del Partido Popular

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VALENCIA, 7 mayo 2001 (ZENIT.org).- Ante el asesinato del presidente del Partido Popular de Aragón, Manuel Giménez Abad, que tuvo lugar ayer por manos del grupo terrorista ETA, el arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García-Gasco, ha denunciado que «la crueldad de ETA ha llegado al extremo asesinando a un padre de familia ante los ojos de su propio hijo».

En declaraciones a la agencia de noticias del arzobispado de Valencia, AVAN, el prelado añade que «lo más oscuro y abominable de la condición humana se expresa en las acciones de la banda terrorista».

En la tarde de ayer, cuando Manuel Giménez Abad, de 52 años, se dirigía junto con su hijo mayor al estadio de la Romareda, para presenciar el partido entre el Zaragoza y el Numancia, en el centro de la capital zaragozana recibió tres disparos, dos en la cabeza y uno en la espalda. El atentado forma parte de la estrategia de terror lanzada por ETA en plenas elecciones autonómicas en el País Vasco.

El prelado, que ha testimoniado su recuerdo y oración a la familia de Giménez Abad, ha mostrado «nuestro aliento más decidido» a cuantos «pueden ejercer su responsabilidad política o electoral para poner fin al terrorismo, para que obren en consecuencia».

El hecho de que este asesinato se produzca a una semana de las elecciones autonómicas vascas «para inyectar el miedo a los votantes», confirma que esos comicios «son algo más que unas elecciones: son un juicio de civilización en el que se pone en juego poder acabar con un sistemático genocidio, con una consolidación de la civilización de la muerte», según el arzobispo.

La «mayor vergüenza histórica» que puede llegar a generarse en esas elecciones es que «se pierda la ocasión de erradicar definitivamente el terror y sus secuaces por la vía democrática».

A este respecto, el arzobispo de Valencia, ha precisado que «la menor sombra de complicidad con la abyección terrorista desde las urnas sería una gravísima expresión de colaboracionismo con el mal, además de una profunda quiebra de civilización y un episodio de atroz malignidad en la vida y en la historia de un pueblo».

Por este motivo, «hemos de ayudar a que los juicios de la ciudadanía no se vean seducidos por retóricas tramposas, ni por juegos dialécticos vacíos, sino que se asienten con firmeza en la única verdad moral adecuada al caso: es totalmente inadmisible matar a una persona para conseguir un objetivo político».

De igual forma, «es completamente rechazable, dividir a la sociedad entre amigos y enemigos, para, a continuación, negar a los enemigos el derecho a la vida y a la libertad a través de atentados terroristas».

Monseñor García-Gasco ha exhortado, asimismo, a «incrementar la capacidad de respuesta ante tamaña monstruosidad terrorista, que abruma y angustia el corazón de las personas de bien».

Igualmente, ha apelado a «quienes hemos recibido el don de la fe» para que ejerzan «la obligación humana y cristiana de rezar por las víctimas de la violencia y sus familias, y por el fin del terrorismo».

En este sentido, ha precisado que «sólo desde una esperanza que va más allá de todas las esperanzas humanas podemos mantener nuestra confianza en que llegue la paz».

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ZENIT Staff

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