NAIROBI, 1 mayo 2001 (ZENIT.org).- La Conferencia Episcopal de Kenia emitió un comunicado el pasado viernes en el que expresa su posición en relación a la versión dada por el FBI, según la cual el padre Kaiser, misionero estadounidense, se habría suicidado.

Los obispos keniatas afirman que han considerado, con la asesoría de expertos, el informe final emitido por el FBI sobre la muerte del padre John Anthony Kaiser y afirman, en primer lugar, «que este informe no puede dar legalmente conclusiones finales». Esto compete, añaden, «a un tribunal de justicia, según las leyes de Kenia, con el fin de encontrar las causas de la muerte, tras una investigación».

«En consecuencia --añade la Conferencia Episcopal de Kenia-- pedimos ahora una investigación sobre la muerte del padre Kaiser, cuando todos los testimonios puedan ser examinados y contrastados».

El padre John Anthony Kaiser era una persona incómoda para el actual Gobierno de Kenia. Monseñor Peter Kairo, obispo de Nakuru, fue uno de los primeros en acudir al lugar del delito, en Naivasha, a unos 70 kilómetros al oeste de Nairobi, en agosto pasado. Encontró el cadáver todavía sobre el asfalto. La cabeza del padre John había sido traspasada por un disparo.

La semana anterior a su muerte, durante una visita a Nairobi, el misionero estadounidense, perteneciente a la Sociedad Misionera de San José de Mill Hill, había dicho que temía por su vida. «Estaba triste y nervioso», contó entonces un compañero religioso.

Nacido en 1932 en Minnesota, poco después de la ordenación sacerdotal, fue a Kenia y tras veinte años de trabajo comprometido, en la diócesis de Kisii, en 1993 había sido trasladado a la
de Ngong.

En relación al informe del FBI, la Conferencia Episcopal de Kenia en pleno expresa serias dudas sobre el modo en que ha sido realizado. Denuncian una serie de lagunas inexplicables en un informe del cuerpo policial especializado en perseguir el crimen de EE.UU.

Las primeras dudas se refieren a las pruebas recogidas por los detectives del FBI. Los obispos keniatas señalan que se ha hecho una selección de las mismas «en la escena del crimen, de manera poco profesional», con fotografías borrosas, falta de explicación de las huellas dactilares encontradas en el coche, y no encontradas en la pistola, ninguna alusión a la sangre hallada en la camioneta del misionero y en el hacha encontrada en la misma.

Se preguntan los obispos si «se entrevistó a todos los testigos» y «quiénes fueron» estos, así como se interrogan sobre «qué certeza se puede adjudicar a su testimonios, y dónde esta la prueba de que el padre Kaiser recibió un disparo de su propia pistola, ya que no se ha presentado un informe balístico».

En segundo lugar, refiriéndose a las pruebas «postmortem», los obispos de Kenia se preguntan por qué «el FBI. ignora a tres de los cuatro doctores que examinaron el cadáver». Este hecho, afirman, «parecería obedecer a la idea de apoyar la tesis del suicidio».

El doctor Di Maio, el único tenido en cuenta en el informe, citó la hipótesis del suicidio e indicó sin embargo que sería bienvenida cualquier prueba en contrario. Los obispos se preguntan si se ofrecieron materiales en este sentido al médico ya que parece sugerir que «habría más material o pruebas que no se le habían facilitado».

«¿Qué tipo de materiales o pruebas son esos? ¿por qué esperaba conseguirlos y no se le han dado?», se interrogan los prelados.

En otras informaciones, uno de los doctores presentes en el examen postmortem dijo que el padre Kaiser tenía marcas de dedos manchados de sangre, junto al bolsillo de su pantalón. Afirman también los obispos de Kenia que la información proporcionada está basada sólo en probabilidades.

Se sorprenden asimismo del gran énfasis dado por el informe del FBI a la salud mental del misionero y a su estado mental, en las últimas 96 horas de su vida. Según los obispos, «esto parece encaminado a reforzar la tesis del suicidio. Pero, en la página 80, se dice que el padre Kaiser tenía planes de futuro. Según los psiquiatras, el suicidio es el resultado del sentimiento de inutilidad y desesperanza. Este no era obviamente el caso del padre Kaiser. Sus superiores inmediatos, sus amigos más cercanos y su familia, aunque aceptan el gran estrés en que vivía, ya que era seguido, acosado y amenazado, no consideran que el padre Kaiser tuviera tendencias suicidas, y él mismo expresamente excluyó la idea del suicidio, mientras que expresamente previó su propio asesinato», indica el comunicado episcopal.

«Si el padre Kaiser estaba perturbado mentalmente, etc. ¿Por qué lo estaba? Hubo incidentes que causaron este estrés, como la ruptura de la ventana de su habitación, el seguimiento con coches y el apedreamiento de su coche ¿Por qué? Sólo una nueva investigación responderá a nuestras preguntas y aquietará nuestras dudas e interrogantes», indican los prelados de Kenia.

Y concluyen su comunicado pidiendo una investigación así como que el fiscal general del Estado abra un expediente sobre la investigación y presente este a los investigadores. También solicitan los miembros de la Conferencia Episcopal que toda evidencia en posesión del FBI y el cuerpo policial equivalente en Kenia, sean entregadas a los investigadores propuestos por un tribunal independiente. En estas se podrían incluir, indican, las pruebas omitidas en el informe final del FBI, todas las declaraciones de todos los testigos; todas las fotografías; cualquier grabación de vídeo existente; informes médicos y análisis de laboratorio, y piden que especialmente todas las pruebas y evidencias, incluyendo la camioneta del misionero, sean conservadas con todo cuidado.

Y concluyen con una frase bíblica: «Dejad que el derecho corra como el agua, y la justicia como un río sin fin» (Amos 5, 24)

El comunicado está firmado por el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor John Njue, de la diócesis de Embu, el vicepresidente, Cornelius Korir, de la diócesis de Eldoret y los 24 obispos restantes de Kenia.