Tras el Jubileo, cada creyente debe convertirse en misionero, afirma el Papa

Recibe a los directores de las Obras Misionales Pontificias

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CIUDAD DEL VATICANO, 11 mayo 2001 (ZENIT.org).- Tras el Jubileo, cada creyente debe convertirse en un misionero. Este es el desafío que ha lanzado Juan Pablo II a los miembros del Consejo superior de las Obras Misionales Pontificias, reunidos en Roma con motivo de su asamblea anual.

Las Obras Misionales, cuyos directores y colaboradores llegaron a la audiencia papal acompañados por el nuevo encargado de la Santa Sede para las Misiones, el cardenal italiano Crecenzio Sepe, tienen por objetivo alentar la conciencia misionera y favorecer el envío de personal y de medios materiales para promover la evangelización, especialmente en aquellas zonas en las que el Evangelio todavía no ha sido anunciado.

Tras el Jubileo, explicó el Papa a los 114 directores nacionales de las Obras Misionales, en representación de cerca de 130 países de todo el mundo, es necesario lanzar «una nueva época misionera». La característica de esta nueva era es que la misión ya no es monopolio de los consagrados. «Todos los creyentes están llamados a «preparar los caminos del Señor», abandonando todo miedo o duda».

«Todos están llamados a acoger, conscientes de sus propias pobrezas, la invitación de Cristo: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura»», añadió el Santo Padre.

El Papa dio las gracias también a los hombres y mujeres que en todo el mundo han consagrado su vida «entre dificultades de todo tipo» para convertirse en misioneros. En ocasiones, reconoció deben afrontar incluso «el sacrificio de la vida».

«¡Cuántas veces la muerte de estos testigos de la fe abre inesperadas posibilidades al Evangelio del amor y de la paz!», exclamó el Papa. Esta invencible pasión por Cristo es singular y elocuente testimonio para los hombres de nuestra época».

El secretario de la Obra de la Propagación de la Fe, monseñor Bernardo Prince, en declaraciones a la agencia Fides, ha explicado que en el último año se ha registrado un aumento del 10% de las peticiones de subsidios por parte de las Iglesias de misión. A estas necesidades, las Obras Pontificias han respondido con las contribuciones de cada uno de sus países.

En el año 2000, los países más pobres, a causa del cambio desfavorable del dólar, han disminuido su contribución. Este hueco ha sido compensado con un aumento consistente de las ofrendas de los países más ricos, en especial de Estados Unidos.

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ZENIT Staff

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