Romero Pose: «Poveda se sitúa en las antípodas de la New Age»

Inaugurada en la Pontificia de Salamanca la Cátedra dedicada al Beato español

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SALAMANCA, 24 mayo 2001 (ZENIT.org).- «En la línea del despojo franciscano, don Pedro Poveda se sitúa en las antípodas de la New Age, en la que lo importante es valorar el yo y rechazar todo lo demás», dijo el obispo auxiliar de Madrid, monseñor Romero Pose, en la lección inaugural de la Cátedra Pedro Poveda, el pasado 22 de mayo.

Los asistentes superaron ayer el aforo del Aula Magna de la Pontificia Universidad de Salamanca. Además de miembros del claustro, asistieron profesores de otras universidades de España, autoridades civiles, numerosos sacerdotes y amigos de la Institución Teresiana. Presidieron el solemne acto el rector, don Julio Manzanares, y la directora de la Institución Teresiana, profesora Loreto Ballester.

«En la encrucijada de los caminos de la Iglesia y la cultura contemporánea, a comienzos del siglo XX, el beato Pedro Poveda en su tiempo y nosotros en el que nos toca vivir, deseamos ofrecer la luz de la fe para las búsquedas de la racionalidad, y junto a ella, la sal de una experiencia humanizadora que ahonda sus raíces en la Encarnación, dijo la profesora Ballester.

Monseñor Romero Pose, en su intervención, titulada «Los primeros cristianos en los escritos de Pedro Poveda», presentó un estudio de las fuentes que inspiraron la espiritualidad povedana, fuertemente teñida por el «atractivo por los relatos de las primeras comunidades y, de un modo especial, la narraciones martiriales», dijo. Recordó que «Catequesis, Cruz, transmisión y martirio», fueron los pilares del evangelizador y pedagogo Poveda.

Un aspecto de la espiritualidad povedana, que subrayó el ponente, es la concepción de la existencia como peregrinación. «La espiritualidad del peregrino –explicó–, tan acorde con la eclesiología de la «Lumen gentium» (la Iglesia como caravana de peregrinos), acerca el espíritu de Poveda a la espiritualidad patrística. Hay que vivir ligeros, llevar poco peso, despojarnos, para alcanzar la meta».

«Nuestro autor –añadió– se inspira en Gregorio Magno: es fácil dejar las cosas pero más difícil dejarse a sí mismo. Negarse a sí mismo es la mayor de las pobrezas o del despojo. En la línea del despojo franciscano, Poveda se adelanta a las tentaciones de la New Age, en la que lo importante es valorar el yo y rechazar todo lo demás, a los otros. Poveda en las antípodas de la gnosis es bien sabedor que si uno no se niega a sí mismo no puede abrazar el seguimiento del Señor. Radicalidad que Poveda hermana con la sencillez, con el despojo y desnudez».

La espiritualidad de peregrino y la centralidad martirial ofrece a la obra povedana, señaló el obispo auxiliar de Madrid, «una fisonomía que descubre la riqueza de su «espíritu exteriorizado», que tiene como cardo la fortaleza y el amor (cf. 2 Tim 1,7). Es ésta una manera de expresar el acontecimiento de la encarnación, la visibilidad de Dios. Como si la Obra fuese la visibilidad de lo divino, o lo divino hecho carne y figura. El secreto de esta exteriorización, tan guardiniana y balthasariana, de esta fisonomía ha lugar cuando se pone «a Dios en el corazón». Este es el secreto. Esta indicación acerca a Poveda a la más rica de la teología oriental».

Por su parte, la profesora Camino Cañón, responsable del seguimiento de la Cátedra, habló sobre el diálogo fe-cultura. Recordó los tiempos que vivió Pedro Poveda: Unas décadas -dijo- en que la fuerte presencia del neopositivismo había marcado una escisión entre una ciencia que se desarrollaba con grandes logros, y dimensiones centrales de la vida humana como son la ética, la estética, la religión.

Los últimos años de Poveda, indicó la profesora Cañón, coinciden con el periodo en que Husserl denuncia la crisis de las ciencias europeas, identificando precisamente las raíces de ese abismo abierto entre las ciencias y el mundo de la vida: meras ciencias de hechos, hacen meros hombres de hechos. «Hoy sabemos muy bien lo que esto significa», dijo.

En la España del tiempo –recordó– «se vive esa situación en la forma de incompatibilidad entre ciencia y fe. Y fue éste uno de los rasgos de su momento cultural que Poveda afrontó. Se aproximó a él no sólo desde la reflexión, sino con un ambicioso programa de acción que pasa por la vida ».

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ZENIT Staff

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