Juan Pablo II pide libertad y derechos humanos para Cuba

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Recuerda que el embargo contra la isla es «éticamente inaceptable»

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CIUDAD DEL VATICANO, 6 julio 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II presentó este viernes para la «hora histórica» que está viviendo Cuba las propuestas de la doctrina social cristiana, que pondrán las bases del respeto integral de los derechos humanos en la isla y de una «reconciliación sincera».

En este sentido, el pontífice por una parte se pronunció contra el embargo impuesto por Estados Unidos y, por otra, denunció que los cubanos siguen sin gozar de sus plenos derechos y libertad.

El obispo de Roma dejó este mensaje a los miembros de la Conferencia de los Obispos Católicos de Cuba, presidida por monseñor Adolfo Rodríguez Herrera, arzobispo de Camagüey, que han venido esta semana a Roma para realizar su quinquenal visita al Papa y a la Curia romana.

Derechos humanos
«Cuando ustedes, como obispos católicos de Cuba, reclaman justicia, libertad o mayor solidaridad –añadió el Papa–, no pretenden desafiar a nadie, sino que cumplen su misión, propiciando para el pueblo cubano una vida sólidamente basada en la verdad sobre el hombre».

«En nombre de esa justicia», aclaró, «las medidas económicas restrictivas impuestas desde el exterior» son «injustas y éticamente inaceptables».

«Con esa misma claridad quiero recordar –subrayó sin tapujos– que el hombre ha sido creado libre y, al defender esa libertad, la Iglesia lo hace en nombre de Jesús, que vino a liberar la persona de toda clase de opresión».

El Papa recordó al analizar la situación que atraviesa Cuba que los derechos humanos deben «ser considerados integralmente, desde el derecho a la vida del niño aún no nacido, hasta la muerte natural, sin que pueda excluirse ningún derecho individual o social, ya sean los derechos a la alimentación, a la salud, a la educación, ya sean los derechos a ejercer las libertades de movimiento, de expresión o de asociación».

Balance de la visita papal
Al mismo tiempo, el pontífice aprovechó la presencia de los obispos cubanos para hacer un balance de su histórica visita de enero de 1998 a la isla caribeña.

Mostró su alegría al constatar que se han dado progresos en la libertad religiosa (en concreto, citó «la recuperación de la fiesta de la Navidad, la posibilidad de realizar algunas procesiones –que forman parte de la rica piedad popular–, una mayor participación de los católicos en la vida del país, la presencia de algunos jóvenes cubanos en la XV Jornada Mundial de la Juventud en Roma o un notable incremento de la participación de los fieles en la recepción de los sacramentos».

«Hay, sin embargo, otros aspectos que aún no han obtenido un resultado satisfactorio –constató con tristeza–, pero es de esperar que, con la buena voluntad de todos, se alcance la solución conveniente y justa».

Tras la visita del Papa, la Iglesia ha pedido sin éxito entre otras cosas al Gobierno de Fidel Castro ofrecer su contribución en el campo de la enseñanza y poder dejar escuchar su voz en los medios de comunicación, controlados prácticamente en su totalidad por el Partido Comunista Cubano. Lo único que ha alcanzado ha sido el permiso para algunas revistas de reducida circulación.

«Hora histórica» para la evangelización
El Papa, como confesó está mañana, está convencido de que el futuro del cristianismo en la Isla dependerá en buena parte de la aplicación del Plan Global de Pastoral 2001-2006 establecido por la Conferencia Episcopal al concluir el año del Jubileo.

Gracias a esta iniciativa, «se han abierto en muchos hogares centros de reunión de la comunidad católica, especialmente en barrios y poblados donde durante años no ha sido posible construir nuevos templos», constató con satisfacción el Papa.

Estas «Casas de Misión o de Oración», como son conocidas, constituyen, consideró, una respuesta acertada a la «hora histórica» que vive en estos momentos Cuba.

«Ante un mundo cansado de las viejas ideologías, las cuales al perder su atractivo inicial, han dejado en muchos un vacío profundo y una falta de sentido de la vida», Juan Pablo II presentó en todo su atractivo la persona de Cristo a los cubanos de inicios de milenio.

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ZENIT Staff

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