La lucha contra el racismo comienza en la familia

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Entrevista con el arzobispo Diarmuid Martin sobre la Conferencia de la ONU

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CIUDAD DEL VATICANO, 29 agosto 2001 (ZENIT.org).- El Consejo Pontificio Justicia y Paz ha publicado este miércoles el documento «La Iglesia y el racismo – Por una sociedad más fraterna» con el objetivo de ofrecer una contribución específica a la Conferencia de las Naciones Unidas contra el racismo, que comenzará el próximo viernes y concluirá el 7 de septiembre en Durban, Sudáfrica.

El texto actualiza un documento del mismo título publicado por este organismo vaticano en 1988.

El arzobispo Diarmuid Martin, observador permanente del Vaticano ante la sede de Ginebra de las Naciones Unidas, quien dirigirá la delegación vaticana en la Conferencia, en esta entrevista concedida a «Radio Vaticano» ilustra cuál es la posición de la Santa Sede en los argumentos tan importantes y delicados que afrontará la Conferencia internacional.

–¿Cuál es la contribución que ofrecerá la Santa Sede en la Conferencia?

–Arzobispo Diarmuid Martin: La primera contribución es de apoyo a un acontecimiento que no es sólo una Conferencia «contra» algo, sino una Conferencia «a favor» de una nueva de convivencia entre los pueblos y cada una de las personas, como una familia humana.

–El Consejo Pontificio de la Justicia y de la Paz ha presentado un documento compuesto por una nueva introducción y por el texto que publicó sobre el argumento en 1988. En este documento, se subraya la importancia fundamental del perdón para la reconciliación de la sociedad. Parece que se sale del argumento central, el racismo…

–Arzobispo Diarmuid Martin: El perdón es algo decisivo. La manera en que afrontamos el pasado y el presente ofrece una nueva clave para afrontar el futuro. Por este motivo, este documento, como contribución de la Santa Sede, ha sido recibido de manera muy, muy positiva, pues reconduce la Conferencia sobre las cuestiones esenciales, sobre la manera en que hay que construir una nueva convivencia de familia humana para el futuro.

–El documento subraya también la importancia de la educación contra el racismo. ¿Cuáles son las propuestas de la Santa Sede en este sentido?

–Arzobispo Diarmuid Martin: Por lo que se refiere a los agentes de la educación, en el documento preparativo de la misma Conferencia, la Santa Sede ha introducido referencias a la familia. De hecho, en el fondo, la lucha contra la intolerancia comienza en la familia. Si nuestras familias son lo que tienen que ser, es decir, centros de acogida, entonces comenzarán a crear una sociedad diferente. Pero la educación requiere que estemos muy atentos también a nivel de sociedad. La historia nos enseña que es necesario percibir las primeras manifestaciones de fenómenos «casi» racistas para evitar que comiencen a asentarse.

–El nuevo documento publicado por el Consejo Pontificio Justicia y Paz retoma el pensamiento de Juan Pablo II sobre el papel de las religiones. ¿Por qué se ha introducido este elemento?

–Arzobispo Diarmuid Martin: Me impresionó mucho la frase que utilizó el Papa durante el «Angelus», el pasado domingo (Cf. Zenit, 26 de agosto de 2001) tomada de la declaración del Concilio Vaticano II «Nostra aetate»: «No podemos invocar a Dios Padre de todos si nos negamos a comportarnos como hermanos con algunos de los hombres creados a imagen de Dios…».

Es necesario recordar, además, que el racismo es una mentira. El mismo concepto de raza es artificial. Las últimas investigaciones realizadas por la genética afirman, una vez más, que genéticamente ¡todos somos iguales!

–El texto señala después las nuevas formas de discriminación, que en ocasiones se presentan de manera subrepticia, como es por ejemplo a través de las técnicas de procreación artificial, etc.

–Arzobispo Diarmuid Martin: Hay que tener siempre presente que la tentación eugenésica, es decir la tentación de manipular las diferencias en las personas, no hay muerto en nuestra sociedad, especialmente hoy, considerando que existen enormes intereses ligados a la investigación genética. Es necesario prestar mucha atención al surgimiento de nuevas formas de racismo a través del progreso genético, que podrían esconderse incluso tras los velos del progreso de la ciencia. Sobre este tema la Iglesia debe alzar su voz de manera muy clara.

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ZENIT Staff

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