El drama de la Iglesia hoy: el divorcio entre fe y cultura

Según el cardenal Poupard

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BILBAO, 4 junio 2002 (ZENIT.org).- El drama de la Iglesia contemporánea es la ruptura entre fe y cultura, afirmó este lunes el hombre de Juan Pablo II para la Cultura en una intervención pronunciada en Bilbao

«La Iglesia no logra hacer oír su voz en los foros donde se crea pensamiento y se discute, en el mundo de la artes », reconoció el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura.

«Se llega así a la paradójica situación de que los cristianos viven en una situación de minoría cultural en países de tradición cristiana, como es el caso de España, donde aún hoy el número de bautizados en la Iglesia católica se acerca al 90% de la población», añadió durante el acto de celebración del 25 aniversario de la fundación del Instituto Labayru, organizado ayer en el Palacio Euskalduna de la capital vizcaína.

El cardenal en su intervención se preguntó si la Iglesia sigue teniendo un puesto en la cultura actual como elemento creador o simplemente como un vestigio del pasado.

«¿Es posible vivir la fe en esta cultura postmoderna o tendremos que contentarnos con crear espacios protegidos, ghettos, ciudadelas donde preservar una cultura cristiana, abandonando este mundo a su suerte?», interrogó.

El purpurado galo explicó esta situación aduciendo cuatro motivos: las guerras de religión europeas de los siglos XV y XVI; la progresiva emancipación del poder político respecto a toda instancia religiosa; el racionalisno científico «que creyó poder sustituir a la religión como explicación de la realidad y consideraba a Dios como una hipótesis innecesaria, y, finalmente, la cuestión social que produjo el alejamiento de grandes masas de población de la vida y la práctica religiosa».

Para poner remedio al problema, Poupard expuso una serie de actuaciones. Primero señaló que en cualquier camino a tomar ha de estar implicada toda la comunidad cristiana, no sólo los pastores o los laicos comprometidos en el mundo cultural: «Debemos crear cultura dando vida a nuevas expresiones de la fe o revitalizando aquellas prácticas recibidas de nuestros padres».

Después se refirió a la labor de los laicos activos en el mundo de las ciencias y las artes: La Iglesia «puede enorgullecerse de grandes realizaciones en el servicio a los pobres, en el voluntariado y la solidaridad, pero urge una acción más incisiva en investigación científica, pensamiento, creación artística y literaria para superar la división entre las élites culturales y un pueblo que, pese a la secularización, sigue siendo mayoritariamente católico».

La Universidad católica, dijo, tiene aquí un papel «insustituible» a la hora de abordar este problema, ya que debe ser «un hervidero de iniciativas e ideas que no se contenta con vivir de un pensamiento prestado, ajeno, sino que quiere someterlo todo a la luz del Evangelio».

Y por último, Poupard apuntó a los medios de comunicación social y abogó por «apostar decididamente, invirtiendo recursos humanos y económicos de manera que haya periodistas, directores de cine, actores, productores… dispuestos a vivir coherentemente su fe».

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ZENIT Staff

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