El cristianismo, un etcétera en la Constitución Europea

Según Marcello Pera, presidente del Senado italiano, intelectual laico

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ROMA, 25 junio 2002 (ZENIT.org).- Marcello Pera, presidente del Senado italiano, conocido intelectual laicista, denuncia que por el momento para la Constitución Europea el cristianismo está siendo reducido a un genérico «etcétera».

«Considero que, a diferencia de lo que ha sucedido hasta ahora, en la Unión Europea (UE) debemos tomar constancia, con conciencia y también con orgullo de las raíces cristianas de Europa. Que no son las únicas, pero son absolutamente importantes», explica.

«Yo suelo decir que Europa tiene dos grandes progenitores –añade en declaraciones al diario Avvenire. La tradición cristiana, que nos ha entregado el concepto de persona, es decir del individuo, que en cuanto tal, antes todavía de ser ciudadano, es portador de dignidad y de derechos. Y la tradición greco-romana, que ha puesto en el mercado de las ideas del mundo el concepto de instituciones y el de los derechos públicos».

«Sería miope construir Europa olvidando de quién somos hijos», añade Pera, que antes de entrar en la política era catedrático de Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Pisa.

«En definitiva, yo que soy un laico, me he quedado sorprendido de esta “reducción a etcétera” de uno de mis progenitores. La tradición cristiana es mucho más que un etcétera: es la condición del hecho de que nosotros estemos hoy aquí con nuestros valores», insiste.

«Quiero ser claro –confiesa por último–: para mí, como laico, no existen verdades absolutas y trascendentes, pero no es verdad que todas las posiciones y proposiciones sean iguales».

Y se explica con un episodio de su vida. «Hace algún tiempo, tuve una breve pero interesantísima conversación con Juan Pablo II. Recuerdo que le dije: “Santidad, yo soy un laico, pero esta cuestión del relativismo sobre el que usted insiste tanto también me preocupa».

«Constato que se ha ido difundiendo en los últimos cincuenta años un pensamiento que toca siempre las mismas teclas: no hay fundamentos, no hay ya demostraciones, no hay verdades superiores. Y así todos, laicos y creyentes, hemos perdido el gusto de la “justificación” de lo verdadero y lo falso, de lo bueno y lo malo, de lo justo y lo injusto. No me gusta generalizar, pero veo una peligrosa timidez hacia la verdad. Hay que salir de ella», invita.

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ZENIT Staff

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