Los obispos hacen un balance de la crisis argentina a la luz de la fe

Comienza la Asamblea Plenaria Extraordinaria

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BUENOS AIRES, 26 septiembre 2002 (ZENIT.org).- Ver a con los ojos de Dios el difícil momento que atraviesa Argentina es, según el presidente de la Conferencia Episcopal, el objetivo de la Asamblea Plenaria Extraordinaria que comenzó este miércoles.

Al presidir la misa de inauguración, monseñor Estanislao Esteban Karlic, aclaró a los prelados presentes que «estamos aquí, reunidos para mirar desde la fe el horizonte que se presenta a nuestro pueblo y para ayudarle a descubrir la voluntad de Dios en los signos de los tiempos, que son a la vez difíciles y maravillosos, porque nos ofrecen la posibilidad de vivir a fondo las grandes virtudes que transforman la historia».

«A la profundidad de la crisis debe corresponder la radicalidad de la respuesta generosa», aclaró.

Tras la misa, los obispos se entrevistaron con los delegados laicos en las mesas sectoriales del denominado Diálogo Argentino, quienes les informaron sobre los resultados de su trabajo.

La Asamblea Plenaria Extraordinaria del episcopado busca responder a la crisis económico-institucional sin precedentes que atraviesa el país. Sin precedentes ha sido también el compromiso de la Iglesia, que encontró su expresión más vistosa el 14 de enero pasado, día en que convocó oficialmente el presidente argentino Eduardo Duhalde la Mesa del Diálogo, que tiene por garantes oficiales la Iglesia católica y las Naciones Unidas.

«Hemos venido para buscar las rutas de la solidaridad que permitan tejer el entramado del cuerpo social con el vínculo de la amistad social –siguió diciendo el presidente del episcopado argentino–. No somos funcionarios de la gestión política, pero sí somos servidores de los hombres en lo más profundo de su vida de libertad, en la aventura de su vida».

En tal sentido, monseñor Karlic, quien es arzobispo de Paraná, dijo dirigiéndose a los ciudadanos del país que «queremos acompañarlos a pensar la Argentina, a pensarla como pueblo de amigos que administra sus bienes abundantes con inteligencia y transparencia, rechazando el error y la mentira, la superficialidad y la soberbia».

«Queremos acompañarlos a hacer la Argentina como pueblo de hermanos, de personas, familias e instituciones que se encuentran en la generosidad del mutuo servicio, en la palabra verdadera y el compromiso cumplido», insistió.

Por eso, invitó a rechazar «la mentira frívola de nuestro orgullo» y a reconocer «la verdad terrible y amenazante de nuestro egoísmo para superarlo».

Agregó que «el Señor nos ha traído hoy aquí como llamándonos otra vez en un momento clave de la historia del pueblo argentino para que nuestra historia se incorpore a la de los grandes pueblos que han encontrado en sus crisis el tiempo oportuno para realizar su designio de nobleza para construir la paz en la justicia y la solidaridad».

A juicio del prelado, «necesitamos proyectos de Nación cuyo centro sea la persona, cuya norma sea la amistad social y cuya acción sea la solidaridad. Necesitamos servidores de esos proyectos que sean reconocidos por el pueblo como sus líderes. No tiene derecho a conducir un pueblo quien no lo ama primero con todas sus fuerzas».

Por último sostuvo que «queremos ser una nación laboriosa, responsable, transparente, sin exclusiones ni violencias, con leyes justas para el bien de todos; una nación que viva su confianza en Dios y en los hijos de Dios, que somos los hombres; que tenga en su corazón ‘la alegría de la esperanza que no defrauda’».

Entre el 20 de diciembre de 2001 y el 2 de enero de 2002 se sucedieron cinco presidentes al frente de la nación argentina, se puso fin al régimen de convertibilidad entre el peso argentino y el dólar estadounidense, se verificaron más de doscientos saqueos, y murieron unas treinta personas en enfrentamientos en las calles.

Desde la devaluación de enero, el peso argentino ha perdido más del 70 por ciento de su valor ante la divisa estadounidense.

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ZENIT Staff

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