La India: los cristianos ante los ataques del fundamentalismo hindú

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Habla monseñor Vincent Concessao, arzobispo de Delhi

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NUEVA DELHI, 4 febrero 2003 (ZENIT.org ).- Desde la consolidación en el escenario político del partido pro-hindú Bharatya Janata Party (Bjp), se registra una sistemática campaña de ataques contra la Iglesia en la India.

Recientemente –en declaraciones publicadas por la agencia Misna–, el arzobispo de Delhi y primer vicepresidente de la Conferencia Episcopal de la India, monseñor Vincent Michael Concessao, denunció las causas que han llevado a 26 millones de cristianos (16 millones son católicos) a una situación cuando menos compleja.

«Durante décadas, la Iglesia en la India nunca se sintió amenazada o insegura. Los cristianos nos encontrábamos “a nuestras anchas” y existía un profundo espíritu de aceptación y de tolerancia, aunque somos poco más del 2% de la población del país», recuerda el arzobispo de Delhi.

El fundamentalismo hindú y el Bjp
Actualmente, esta seguridad está muy debilitada «a causa de una pequeña minoría de fundamentalistas hindúes. Estos han desacreditado a la Iglesia y han emprendido una campaña de odio contra ella, difundiendo mentiras. (…) Han creado una atmósfera de hostilidad hacia la Iglesia», explica.

Es un problema de graves proporciones en el norte, donde los cristianos son pocos y viven en una situación de marginación social.

«Con la aparición del Bjp (Partido del pueblo indio) como fuerte movimiento nacional (que ahora controla el gobierno), los fundamentalistas se han vuelto más agresivos. Aunque el gobierno declara que quiere tender la mano a las minorías, no ha rechazado a los fundamentalistas que se han responsabilizado de acciones violentas contra cristianos y musulmanes», denuncia el prelado.

Según monseñor Concessao, a veces el gobierno incluso da carta blanca a los fundamentalistas hindúes, «como sucedió en Gujarat, a finales de febrero del 2002: cientos de musulmanes fueron asesinados tras el incendio de un tren en el que perecieron 58 hindúes».

«El gobierno del Bjp hizo entonces bien poco para detener la violencia. Varios líderes del partido llegaron a justificar los ataques contra los musulmanes inocentes como reacción “espontánea” al incendio del tren», recuerda el arzobispo de Delhi.

Los cristianos pasaron por una experiencia similar en la Navidad de 1998: «docenas de iglesias fueron incendiadas y destruidas en el área tribal de Dangs (en el sur de Gujarat) por los mismos grupos hindúes».

Después de aquello, el primer ministro Vajpayee visitó la región. «Pero en lugar de condenar la violencia anticristiana –recuerda el prelado— invocó un “debate nacional” sobre las conversiones. Al actuar así, justificó a los culpables de acciones violentas contra los cristianos. No se castigó a los responsables. Ni la policía pudo cumplir con su deber de manera imparcial, porque se le impidió».

En cambio, tras el devastador terremoto de Gujarat en enero del 2001, la Iglesia católica lanzó en ese Estado una campaña masiva de ayuda y asistencia. «Caritas India, sola, está construyendo más de 3.000 casas para las víctimas del terremoto, la mayor parte de ellas hindúes», constata monseñor Concessao.

«A pesar de su antipatía hacia los cristianos –añade–, el gobierno controlado por el Bjp en Gujarat ha nombrado a Caritas India como “coordinadora de las ONGs para la vivienda”, hecho que muestra que el gobierno, en el fondo, sabe que puede fiarse de los cristianos».

«Quieren nuestros servicios, que nuestras escuelas y hospitales estén a su disposición, pero cuando se trata de protegernos contra la violencia de los fundamentalistas la respuesta siempre es insuficiente», acusa.

El ataque contra los cristianos como estrategia de conquista de poder
Como explica el arzobispo de Delhi, «en la base de la campaña de odio contra los cristianos está la imagen que tienen de nosotros como “extranjeros” en una India que querrían exclusivamente hindú».

«Sin embargo no hay contradicción entre los distintos componentes de la población india. Todos nosotros tenemos diferentes identidades. Yo soy originario del Estado de Karnataka, en el sur, y hablo lenguas que muchos desconocen. De nacionalidad soy indio, de fe soy cristiano», explica monseñor Concessao.

«Si soy un verdadero cristiano –continúa–, estoy obligado a ser patriótico y a servir a mi país. Si no lo hago, no me comporto como buen cristiano. El gobierno quiere crear una atmósfera de conspiración para usarnos como chivos expiatorios con la intención de reforzar la mayoría hindú con fines políticos».

De esta forma, «el gobierno está empleando la campaña de odio contra nosotros como una estrategia para movilizar los votos hindúes para la conquista del poder. Es lo que hizo en Gujarat para ganar las elecciones», añadió.

En opinión del arzobispo de Delhi, lo expuesto «es una tendencia peligrosa que puede perjudicar seriamente el tradicional tejido laico de nuestro país»

La mayor parte de los hindúes, contrarios al fundamentalismo
«Afortunadamente, la gran mayoría de los hindúes no son intolerantes. Son muchos los que vienen a verme con propuestas para la realización de programas interreligiosos», aclara.

Precisamente la propia mayoría hindú representa la fuerza más resuelta contra los fundamentalistas. «De hecho, se hacen oír más y son más activos que los cristianos en su oposición al fundamentalismo», constata el prelado.

La Iglesia en la India, sola, no puede defenderse contra los ataques organizados: «nuestra fuerza está en la alianza con las fuerzas laicas del país. Son los periodistas hindúes quienes hablan en los medios de comunicación a nuestro favor y quienes denuncia la propaganda y los ataques contra nosotros, criticando al gobierno en su debilidad hacia los deberes constitucionales».

Ante el peligro de la desinformación, el desafío de la evangelización
A este panorama hay que añadir la campaña sistemática de desinformación que está en marcha contra la Iglesia. «Lo que el gobierno del Bjp está intentando introducir en los libros de texto escolares es mucho más peligroso que lo que puedan hacer físicamente», advierte monseñor Concessao.

«Debemos estar prevenidos –subraya– contra el lavado de cerebro de toda una nación y de una futura generación a través de la distorsión de los hechos históricos presentados en los libros».

En este sentido, es tarea de los cristianos «acelerar el proceso de inculturación, en el que tenemos aún mucho camino que recorrer (…). Aunque la predicación abierta del Evangelio está siendo cada vez más difícil en algunas zonas por la presencia de grupos fundamentalistas, no debemos dejarnos intimidar por las acusaciones de conversiones que nos lancen», propone.

El arzobispo de Delhi recuerda que la Iglesia existe para la evangelización y que se trata de un mandato. Sin embargo, «si suscita oposición, no debemos atraer violencia, sino testimoniar silenciosamente los valores del cristianismo, valores que atraen a la gente a Cristo», concluye.

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ZENIT Staff

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