Iglesia e informática: Un Congreso para humanizar las nuevas tecnologías

Habla monseñor Planas, organizador del encuentro continental

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CIUDAD DEL VATICANO, 13 marzo 2003 (ZENIT.org).- Del 2 al 5 de abril se celebrará en Monterrey (México) el Congreso Continental sobre Iglesia e Informática, con el lema «Hacia una red humana de respuestas y ayuda».

La iniciativa –sin precedentes– es convocada por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales (PCCS), el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM) por la arquidiócesis de Monterrey, en colaboración con entes nacionales e internacionales eclesiásticos, estatales y de la sociedad civil.

Para comprender mejor los objetivos de este Congreso, que reunirá a estudiosos del fenómeno mundialmente conocidos, así como a representantes de la Santa Sede y de la Iglesia en América, Zenit ha entrevistado a monseñor Enrique Planas del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y fundador de la Red Informática para la Iglesia en América Latina (RIIAL), organizador de la iniciativa.

–¿Por qué organiza la Iglesia un Congreso de esta envergadura sobre informática?

–Monseñor Planas: Al contrario de lo que muchos piensan, la Iglesia se ha mantenido siempre muy próxima a los esfuerzos del progreso humano y, en estos últimos tiempos, a los progresos de la tecnología, y en particular de la tecnología de la comunicación. En este sentido, el último llegado es la informática, que además es, en sí, un medio de comunicación social muy poderoso, la plataforma común de los medios de comunicación social convencionales.

Al menos en el ámbito de América Latina, el proceso de informatización de la Iglesia empezó a tener lugar de una forma espontánea y un tanto caótica. La Iglesia, como agencia de sentido que es, simplemente se ha esforzado en dar orden a este proceso. Dadas las proporciones inmensas que en el ámbito de la Iglesia ha adquirido el fenómeno de la informatización de y las nueva tecnologías, la Iglesia ha pensado en decantar una respuesta lo más exhaustiva y convincente posible para hacer frente al fenómeno. Esta es la razón de ser de este congreso.

–Usted decía que la Iglesia es también agencia de sentido en este campo. ¿Qué aportación puede ofrecer la Iglesia al fenómeno de la informática?

–Monseñor Planas: La Iglesia ve en la informática y en la comunicación social algo que va mucho más allá de los servicios y comodidades que aporta.

Por una parte, la Iglesia piensa que los instrumentos informáticos son un componente providencial del sistema nervioso, organizativo, que facilita el que hoy la Iglesia sea un cuerpo, esté más unida. En definitiva, la informática es un elemento de comunión, de unidad.

Pero, por otra parte, la informática puede ser un altavoz que proyecte su voz, su realidad, su testimonio, hasta los confines de la tierra.

Además, es necesario recordar que estos dos servicios indispensables que ofrece las nuevas tecnologías a la Iglesia tienen lugar providencialmente en un momento en que el fenómeno de la globalización se considera como un elemento indispensable de cara a la configuración del presente histórico.

–Alguno podría pensar que convocar un congreso sobre informática podría parecer algo elitista, para ingenieros o ejecutivos, mientras que la realidad de América Latina está caracterizada por dramáticas urgencias.

–Monseñor Planas: La Iglesia hace del fenómeno informático un elemento de reflexión importante, pero al mismo tiempo la Iglesia, con la RIIAL, realiza un esfuerzo material considerable para darle un uso eficaz al servicio de la evangelización y del desarrollo. Con la RIIAL la Iglesia pretende llegar a todos, pero de manera preferencial a los más alejados. De hecho, la mayor eficacia de las nuevas tecnologías –en contra de lo que pudiera parecer–, se muestra precisamente en el servicio que ofrece a los más lejanos y a los menos dotados económicamente.

No hay que olvidar que el elemento que ha llevado a descubrir la necesidad de este Congreso es la RIIAL. Y, en este sentido, la RIIAL participa plenamente de este criterio: la opción preferencial por los pobres. Esto no sólo lo reconoce la Iglesia, sino que organizaciones internacionales también se dan cuenta de su importancia.

De hecho, en la próxima conferencia mundial de sobre la pobreza informática, que se celebrará en Washington el próximo mes de junio, se ha invitado a la Iglesia para que presente tanto la realidad de la RIIAL –una solución amplia y coherente para la lucha contra la así llamada «info-pobreza» («infopoverty»)– como las conclusiones del Congreso de Monterrey, que buscan hacer del fenómeno de la informática una respuesta a las preguntas fundamentales del hombre.

–Las nuevas tecnologías se caracterizan precisamente por su carácter técnico. ¿Cómo ofrecerá el Congreso de Monterrey su aportación específica, que es de un orden diferente?

–Monseñor Planas: Creo que en Monterrey van a surgir muchas pistas e ideas para dar coherencia al nuevo fenómeno de la informática y una estructura que ofrezca respuestas a las necesidades actuales. Hay mil problemas de carácter humanístico que piden respuestas humanas y humanizantes y éstas van a emerger en el Congreso. Al emerger en un contexto así, se convierten ya un programa de actuación.

Al mismo tiempo, dada la representatividad que el Congreso espera obtener, se convertirá en un momento de creación, decantación, de una cultura que determina un uso de estos medios providenciales al servicio del hombre, en todas sus dimensiones. Es decir, se busca ofrecer un servicio al hombre que tenga como telón de fondo el Evangelio.

–Al mismo tiempo, como se puede leer en la convocatoria, es importante también la participación de representantes del norte del continente, de Canadá y Estados Unidos, algo que no tiene precedentes.

–Monseñor Planas: En nuestro campo de la informática y de las comunicaciones sociales quizá si es inédito, pero con esto el Pontifico Consejo de las Comunicaciones Sociales no hace más que recoger el espíritu de la exhortación apostólica «Ecclesia in America», en la que Juan Pablo II recogió las conclusiones del primer Sínodo de la historia de América.

En su senda, el Congreso buscar responder a la exigencia de integrar las riquezas existentes en toda la geografía americana desde Alaska hasta la Tierra del Fuego.

–Tras este Congreso, ¿qué desafíos tendrá que afrontar la Iglesia en este campo?

–Monseñor Planas: En primer lugar, la Iglesia deberá seguir integrando esfuerzos en el respeto de las características individuales y de los carismas de las iniciativa que surgen espontáneamente en estos terrenos.

En este sentido, la Iglesia no se sustraerá a proponer soluciones útiles que faciliten su tarea –también a nivel técnico–, para asistir a las realidades eclesiales que se van informatizando progresivamente.

La Iglesia cree que debe insistir en una cultura adecuada de utilización del instrumento, pero sobre todo la Iglesia piensa que el medio permite abordar los recurrentes problemas de formación e información de una forma nueva y mucho más participada.

En este sentido, el concepto de Red es sin duda fundamental para hacer una revisión del esfuerzo educativo a todos los niveles: desde la escuela primaria hasta el nivel universitario.

–¿Puede poner un ejemplo?

–Monseñor Planas: La Iglesia puede, por ejemplo, crear espacios de estudios interdisciplinares utilizando las nuevas tecnologías en los que el diálogo universitario puede potenciarse enormemente y abordar temas nuevos, incluso no contemplados en una «ratio studiorum».

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ZENIT Staff

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