Carlo Urbani murió el sábado pasado en Bangkok (Tailandia) después de dedicar su vida al servicio de la investigación de las infecciones en los países más pobres: Vietnam, Laos y Camboya.
El su mensaje, el Papa se refirió al doctor Urbani como «un estimado médico que había dedicado la vida a aliviar el dolor de los hermanos». El texto fue leído durante el funeral celebrado en Castelpiano –en la provincia italiana de Ancona–, ciudad de la que era originario.
Presidió la celebración el obispo de Jesi, monseñor Oscar Serfilippi. Estuvieron presentes, entre otras personalidades, el ministro italiano de Sanidad, Girolamo Sirchia, y dos directivos de la OMS, David Heymann y Guenael Rodier –miembros de la unidad de crisis de la pulmonía atípica–.
«Un misionero de la salud»: así describió al médico desaparecido monseñor Serfilippi ante los micrófonos de Radio Vaticana . «El Señor regaló a Carlo muchos talentos que él cultivó con humildad, pero con tenacidad, y que puso desde su juventud al servicio de los hermanos», recordó.
El Senado italiano también recordó la figura del médico italiano que trabajó para diferentes organizaciones humanitarias, como «Médicos sin fronteras».