OTTAWA, 12 abril 2003 (ZENIT.org).- ZENIT traduce una serie de preguntas y respuestas de la página web sobre el matrimonio de la Conferencia Episcopal Canadiense.

Muchas de las respuestas se basan en un informe del pasado mes de febrero sobre el matrimonio presentado por la conferencia episcopal ante la Comisión permanente sobre Justicia y Derechos Humanos de la Cámara de los Comunes.

El texto completo de esta exposición adaptada está disponible en la página web de la Catholic Organization for Life and Family y en la página web de los obispos http://www.cccb.ca.

P: ¿Cómo puede decirse que el principal fin del matrimonio es la procreación cuando no todas las parejas casadas tienen hijos, no todos los hijos nacen dentro del matrimonio y, con las nuevas tecnologías y la ayuda de una tercera persona de sexo opuesto, las parejas del mismo sexo pueden tener hijos?

R: El hecho de que algunas parejas casadas no tengan hijos sea por causa de infertilidad o decisión personal no determina el fin del matrimonio. Las excepciones prueban, no invalidan, la regla; las formas de actuar individuales no invalidan los objetivos de una institución; las variaciones no anulan una norma.

El hecho biológico inherente que permanece es que, por lo general, el matrimonio entre un hombre y una mujer dará como resultado niños. Hecho que no pueden alterar ni cambios en el reino de las ideas, ni tendencias sociales o nuevas tecnologías.

P: ¿Acaso no han evolucionado durante años los fines del matrimonio? Por ejemplo, ya no se tolera la violación bajo la cobertura del matrimonio, o las leyes familiares han desarrollado el reconocimiento de la igualdad de los esposos. ¿Ha evolucionado hoy el propósito del matrimonio desde la procreación hasta el reconocimiento de la expresión de un compromiso?

R: El propósito central del matrimonio, que ha servido a la sociedad desde tiempos inmemoriales, no ha cambiado. Los desarrollos mencionados arriba no tienen que ver realmente con la naturaleza del matrimonio sino con cambios dentro de la estructura actual del matrimonio. Simplemente han sido desarrollos para reforzar, no para redefinir la institución. Incluso, aunque el matrimonio haya estado evolucionando durante años, siempre ha sido en continuidad con su naturaleza.

P: El énfasis sobre la reproducción, ¿significa que los matrimonios de parejas infértiles son inválidos?

R: Hay parejas que no tienen hijos por elección personal o por infertilidad: el aumento de los segundos matrimonios significa que se convierten en una circunstancia más común que en el pasado.

Pero las excepciones no invalidan, sino que más bien prueban la regla, especialmente cuando tienen lugar en una institución que juega una papel tan vital como el matrimonio. Cómo se viva actualmente un matrimonio no determina los objetivos de una institución importante, que tienen objetivos críticos para el futuro de la sociedad.

P: ¿En qué manera afecta a los matrimonios de distinto sexo el que se dé la posibilidad legal de casarse a las parejas del mismo sexo?

R: El matrimonio es un consentimiento personal y también social. Lo que se reconoce legal y socialmente no es sólo el consentimiento personal sino también un consentimiento social que contribuye al futuro de la sociedad al tener y criar hijos. Aunque no todas las parejas casadas tengan hijos, la relación entre un hombre y una mujer tiene el potencial inherente de crear hijos.

Permitir a las parejas del mismo sexo casarse cambiaría la definición de matrimonio hasta tal punto que dejaría de ser matrimonio. La procreación no es sólo el fin del matrimonio sino que es esencial a la institución. Además, la complementariedad y riqueza de la diferencia sexual es esencial para la expresión del amor conyugal.

Se deben analizar las leyes no sólo según su impacto en los individuos sino también por su impacto en el tejido social. Es importante para la estabilidad de la familia y, en última instancia, de la sociedad, consolidar la institución del matrimonio.

El señor juez Pitfield en un dictamen del Tribunal Supremo de la Columbia Británica de octubre del 2001 expresaba la dimensión social del matrimonio de esta forma:

«El estado tiene una justificación demostrablemente genuina al conceder reconocimiento, preferencia y precedencia a la naturaleza y carácter de los acuerdos centrales y sociales en los que una sociedad se apoya».

P: ¿Qué respuesta se puede dar a las parejas del mismo sexo que dicen que, si se les permitiera casarse, sus uniones se consolidarían y sus hijos se verían mejor protegidos, puesto que el reconocimiento les quitaría el estigma social?

R: El hecho es que los niños están viviendo hoy en día en una variedad de hogares: familias mezcladas, familias extendidas, familias de un solo progenitor, familias donde se ha dado la muerte de un progenitor, familias pobres, familias ricas.

Durante siglos, el matrimonio se ha basado en la promoción de la relación de pareja y la continuidad de la sociedad. No se ha basado en primer lugar sobre la afirmación de la elección de vida de uno de los componentes de la pareja. En cuanto al estigma social, es importante reforzar la enseñanza de la Iglesia de que todos los seres humanos tienen igual dignidad humana y son dignos del mismo respeto, porque han sido creados a imagen de Dios; esto es verdad aunque cierto comportamiento sexual sea o no aceptado por la Iglesia.

P: Permitir a las parejas del mismo sexo casarse, ¿devaluaría el matrimonio?

R: Conceder a las parejas del mismo sexo el derecho legal al matrimonio podría cambiar la definición del matrimonio hasta tal punto que dejaría de ser matrimonio. Borrar las distinciones entre el matrimonio y otras formas de relación podría dar como resultado menor diversidad en la sociedad, no mayor.

Esto no es hacer juicios sobre la riqueza y el valor de los individuos en los diferentes tipos de relación. Todos los seres humanos tienen una dignidad humana inherente porque vienen de Dios y son amados por Dios.

Resulta apropiado distinguir entre matrimonio y otros tipos de relaciones porque así ha sido durante siglos y continúa siendo el marco a través del cual se perpetúa la sociedad misma. Las estadísticas prueban de manera aplastante que el matrimonio es el mejor ambiente en el que criar a los hijos.

Como el señor juez Pitfield afirmaba en una decisión de la Corte Suprema de la Columbia Británica, en octubre del 2001, «La única cuestión es si el matrimonio puede convertirse en algo que no es, para englobar otras relaciones».

P: Las parejas del mismo sexo tienen ahora casi todos los mismos beneficios sociales que las parejas casadas; ¿no se estará en realidad luchando sólo por una palabra? ¿Qué hay tan importante en la palabra «matrimonio»?

R: Las palabras son importantes. Por ejemplo, nuestros nombres personales, nuestros apellidos son «sólo palabras». Las palabras significan quién y qué somos y el significado de las instituciones. El matrimonio tiene un enorme significado porque ha existido a través de todas las culturas, credos y sistemas políticos que recuerda la historia. El matrimonio es una palabra que está llena de historia, significado y simbolismo, y que deberíamos conservar para esta realidad única.

P: ¿Si algunos aspectos del matrimonio se asemejan a los de otras relaciones, esto significa que no es distinta de otras relaciones?

R: Es cierto que las relaciones de parejas de hecho producen hijos, algunos matrimonios no, y algunas parejas del mismo sexo tienen hijos sea de relaciones anteriores o con la ayuda de las nuevas tecnologías.

Lo que es importante es no dividir el matrimonio en sus componentes sino mirar a su fin más importante que está profundamente arraigado en n uestra historia, cultura y tradiciones religiosas.

P: ¿Rehusar a las parejas del mismo sexo el derecho a casarse sería hacer lo mismo que las leyes de algunos países que son usadas para prevenir el matrimonio entre razas diferentes?

R: La analogía es inválida porque las leyes raciales no tienen justificación a la hora de mantener separadas las razas, no a la hora de hablar de la naturaleza del matrimonio. Los matrimonios del mismo sexo podrían, como ocurre con la poligamia, cambiar la verdadera naturaleza del matrimonio al convertirlo en algo que no es.

P: Hay tres casos judiciales en Ontario, Quebec, y la Columbia Británica sobre la definición del matrimonio. En todos los tribunales se ha afirmado que la definición de oposición de sexos del matrimonio es discriminatoria, y sólo en uno (el caso de la Columbia Británica) se declaró que la discriminación era justificable. El cambio en la definición del matrimonio, ¿no será sólo una cuestión de tiempo? ¿No debería la Iglesia promover la igualdad?

R: Primero, estos son juicios de tribunales de primera instancia y hay un largo proceso de apelación. Las distinciones legales y sociales se hacen entre matrimonio y otros tipos de relación como uniones de hecho, uniones del mismo sexo y otras relaciones adultas no sexuales, no sobre la base de características personales irrelevantes.

La naturaleza de estas relaciones es substancialmente diferente del matrimonio, incluso teniendo aspectos similares. La institución del matrimonio trasciende las excepciones. Ni se está sugiriendo que las distinciones se hagan sobre la base de que los individuos en un tipo de relación sean más dignos de respeto como seres humanos que otros.

La enseñanza católica deja claro que se debe respetar la dignidad de todos los seres humanos porque han sido creados a imagen de Dios. Lo que está se cuestiona aquí es si redundará en beneficio de la sociedad el cambiar la definición del matrimonio hasta el punto de que ya no corresponda a su realidad, no sólo como ha sido conocida y vivida durante siglo sino también como es conocida y vivida por la vasta mayoría de los canadienses de hoy, así como por el resto del mundo.

P: ¿Qué se puede decir sobre las uniones de hecho del mismo sexo?

R: Hay otras relaciones entre adultos que implican compromiso, cariño e interdependencia emocional y financiera, impliquen o no un componente sexual. Si el gobierno ve conveniente tratar sus preocupaciones a través de uniones civiles o parejas registradas, se debería hacer de manera que no redefina radicalmente el matrimonio. El matrimonio debe mantenerse como una institución de sexos opuestos.

P: Las personas que forman parejas del mismo sexo formarán parte del registro de uniones civiles que se creará para ellas, ¿no serán tratados como ciudadanos de segunda clase?

A: Tratar el matrimonio de manera diferente no es un juicio sobre el valor o dignidad humana de los individuos en los diferentes tipos de relaciones. La distinción se hace debido al papel diferente que el matrimonio ha desempeñado en la perpetuación y estabilidad de la sociedad.