El grito de dolor «mudo» de los niños exige una respuesta; asegura el Papa

Recuerda a los pequeños reclutados en guerras o víctimas del hambre y enfermedades

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 28 marzo 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II pidió este domingo responder al grito de dolor «mudo» de los niños víctimas del hambre y enfermedades como la tuberculosis y el sida, o reclutados para combatir en los así llamados «conflictos olvidados».

«Estos hermanos nuestros más pequeños, que sufren por el hambre, la guerra y las enfermedades, lanzan al mundo de los adultos un llamamiento angustiante», afirmó en las palabras que pronunció antes de rezar la oración mariana del Ángelus.

El pontífice dedicó su intervención dominical, dirigida a varios miles de peregrinos congregados en una jornada soleada y primaveral, a recordar el tema central que toca en su, Mensaje de Cuaresma 2004, en el que pide poner a los niños en el centro de la atención de las comunidades cristianas.

«Muchos de ellos son víctimas de graves enfermedades, incluidas la tuberculosis y el sida, carecen de instrucción y sufren a causa del hambre», afirmó el pontífice hablando desde la venta de su estudio que se asoma a la plaza de San Pedro del Vaticano.

«Desnutrición y malnutrición, agravadas por preocupantes carencias sanitarias, siguen siendo causa cotidiana de muerte de muchos de estos pequeños, privados incluso de lo mínimo indispensable para sobrevivir», subrayó.

«En algunos rincones de la tierra, especialmente en los países más pobres, hay niños y adolescentes que son víctimas de una horrible forma de violencia –siguió denunciando el Papa con voz bastante clara–: son reclutados para combatir en los así llamados «conflictos olvidados»».

«Sufren así una doble agresión escandalosa –lamentó–: se hace de ellos víctimas y al mismo tiempo protagonistas de la guerra, involucrándoles en el odio de los adultos. Privados de todo, ven su futuro amenazado por una pesadilla difícil de alejar».

«¡Que su grito de dolor mudo no quede sin ser escuchado!», exclamó el obispo de Roma recordando las palabras de Jesús que ha propuesto como lema para esta Cuaresma: «El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe».

«El tiempo de cuaresma invita a los cristianos a una acogida más generosa de estas palabras evangélicas, para traducirlas en obras valientes a favor de la infancia en peligro y abandonada», insistió.

El Santo Padre rezando para que Dios, por intercesión de María, «ayude a los niños en dificultad y haga fecundos los esfuerzos de quienes con amor tratan de aliviar sus sufrimientos».

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ZENIT Staff

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