BAGDAD, viernes, 19 marzo 2004 (ZENIT.org).- Al cumplirse un año del inicio de las operaciones militares anglo-estadounidenses contra Irak, el arzobispo Fernando Filoni, nuncio apostólico en Irak, hace en esta entrevista concedida a «Radio Vaticano» un análisis de la situación.

--¿Ha terminado la guerra?

--Monseñor Filoni: Ciertamente ha terminado el primer capítulo, el de los enfrentamientos entre dos ejércitos, si es que tuvo lugar en algún momento propiamente hablando. De todos modos, este capítulo está cerrado. Ciertamente todavía queda abierto el capítulo de la normalización de un país que tiene problemas para aceptar el estado de ocupación y, obviamente, todo lo que de ello se deriva.

--¿Sería deseable el retiro de las tropas extranjeras de Irak?

--Monseñor Filoni: La cuestión es muy delicada, pues en este momento falta una auténtica autoridad local y, al disolverse todas las estructuras precedentes, el problema sería saber qué seguridad puede haber si falta en este momento la ayuda de quienes ya están sobre el terreno. Por tanto, siendo concretos, ¡no hay que dejar el país en el caos!

--Hace un año, usted junto al embajador de Cuba, fue el único diplomático que se quedó en Bagdad, durante el ataque anglo-estadounidense a la capital iraquí. ¿Qué recuerda de aquellos días?

--Monseñor Filoni: Más que recuerdos, quisiera mencionar la lección que todos tenemos que sacar de este acontecimiento y de este año que ha vivido Irak, con sus repercusiones internacionales: no se pueden resolver problemas tan complejos con la guerra, sin diálogo, sin buena voluntad de paz. La guerra no resuelve los problemas, puede más bien agravarlos.

--¿Cómo vive hoy la población iraquí?

--Monseñor Filoni: Es una población que no tiene una economía propiamente hablando. Trata de sobrevivir con lo poco que puede hacer, a causa de la falta de trabajo. Afronta problemas de salud, problemas de servicio eléctrico, de teléfono, etc. Es una situación de supervivencia, no es una auténtica economía. Pero, dado que es un país rico, se da la esperanza de que pueda reconstruirse un tejido económico sobre el que después pueda fundamentarse el desarrollo de todo el país.

--¿Ha afectado la guerra a la convivencia entre cristianos y musulmanes?

--Monseñor Filoni: No, no; los cristianos han vivido los mismos problemas de los musulmanes, las mismas dificultades, han tenido muertos, han tenido heridos, al igual que toda la población. El problema, en este momento, no es un problema religioso, es un problema de todo Irak.

--¿Qué ha cambiado para la Iglesia católica con la caída de Sadam Husein?

--Monseñor Filoni: La Iglesia católica continúa su obra, tratando de salir al paso de las necesidades espirituales de la gente, y de ofrecer apoyo moral y psicológico. Seguimos ofreciendo las iniciativas de obra humanitaria, con una cierta autonomía y libertad, pues antes todo tenía que ser autorizado. Ahora se da una autonomía y libertad para organizarse según las necesidades cotidianas.

--Esta situación de caos que está viviendo Irak, ¿daña a la vida pastoral de la minoría católica?

--Monseñor Filoni: Más que dañar, a veces limita, pues la falta de seguridad impide a las personas salir de casa después de una cierta hora, por ejemplo, no pueden participar en algunas celebraciones tradicionales.

--¿Qué prevé para el futuro de Irak?

--Monseñor Filoni: Como hombres de Iglesia, como cristianos, la esperanza es una virtud. En el idioma tradicional se suele decir «Inshalá», es decir, «si Dios quiere». La esperanza se mantiene y creemos que paulatinamente puede realizarse un futuro mejor.