Alegría del Papa por la restitución de una sede arzobispal confiscada por Stalin en Ucrania

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Un «acontecimiento histórico», reconoce el representante de la Santa Sede en el acto

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LVOV, jueves, 6 mayo 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha expresado su alegría por la restitución –verificada el miércoles– por parte de Ucrania al cardenal Marian Jaworski, arzobispo de Lvov de los Latinos, de la que era la residencia del obispo católico en esta ciudad, confiscada por orden de Stalin hace casi 60 años.

La ceremonia se desarrolló en presencia del sustituto para los Asuntos Generales de la Secretaría de Estado del Vaticano, el arzobispo argentino Leonardo Sandri, y del vice primer ministro ucraniano, Dmitro Tabatchnik.

En un mensaje enviado para la ocasión, el Papa manifestó estar «contento de que esta casa vuelva después de tantos años a su legítimo propietario».

Igualmente de declaró seguro de que el edificio «servirá a la Iglesia de Lvov no sólo como sede del arzobispo y lugar de trabajo de sus colaboradores, sino también como centro de Cáritas y de otras instituciones útiles al bien del amado pueblo de Dios de Lvov».

Juan Pablo II manifestó además su deseo de «que las buenas relaciones entre la Iglesia católica de los dos ritos y las autoridades estatales y territoriales promuevan el enriquecimiento cultural y espiritual de todos los ciudadanos de Ucrania».

El representante del gobierno de Kiev subrayó que Ucrania, independiente desde 1991, está llevando adelante el proceso de restitución de los bienes sustraídos a las comunidades religiosas bajo la Unión Soviética.

Para el cardenal Jaworski, con la restitución de la residencia, las autoridades estatales reparan una injusticia cometida por el régimen comunista soviético no sólo a la Iglesia católica, sino a toda la sociedad.

«Soy muy feliz de haber sido testigo de un acontecimiento histórico, porque después de tantas persecuciones, después de tantas injusticias hacia la Iglesia, por fin se realizan estos gestos tan importantes como la restitución de la residencia del obispo», reconoció monseñor Sandri a los micrófonos de «Radio Vaticana».

«¡Quien lo habría pensado hace 20 años! Pero gracias a la presencia de Dios, gracias a su fuerza, a su gracia, los sucesos que parecían más difíciles de cambiar, lo han hecho», añadió.

«También en nombre del Santo Padre –subrayó monseñor Sandri–, que ha sido promotor de este cambio en Europa, expreso la felicidad por este acontecimiento histórico».

Calificando el gesto del gobierno como «muy apreciable», el prelado expresó su confianza en que le sigan otros gestos «no sólo en Lvov, sino también en otros lugares de Ucrania donde hay iglesias y edificios que pertenecían a la Iglesia y que fueron confiscados».

Un llamamiento a la esperanza se desprendió del discurso de monseñor Sandri, a ejemplo del que hizo el Santo Padre en su histórica visita a Ucrania de 2001.

«Tanto sufrimiento, tantos años de silencio, de oscuridad, sin poder ver el fin, y ahora se ha abierto la puerta hacia el futuro, hacia una esperanza nueva», constató.

Si bien es cierto que «no debemos salir del dominio del materialismo ateo para caer ahora en el materialismo del consumismo –advirtió en sus declaraciones–, perdiendo el sentido de Dios, el sentido de la trascendencia que es nuestra razón de vida, o bien viviremos en este mundo sin un sentido».

«Por ello he invitado a todos los ucranianos a abrirse a esta esperanza en la construcción de un país empapado por los valores cristianos, que están en la base de la nacionalidad ucraniana», concluyó.

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ZENIT Staff

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