Homilía del Papa al proclamar seis nuevos santos

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 16 mayo 2004 (ZENIT.org).- Publicamos la homilía de Juan Pablo II en la canonización de Luigi Orione (1872-1940), sacerdote, fundador de la Pequeña Obra de la Divina Providencia y de la Congregación de las Pequeñas Hermanas Misioneras de la Caridad, Annibale Maria di Francia (1851-1927), sacerdote, fundador de la Congregación de los Padres Rogacionistas del Corazón de Jesús y de las Hermanas Hijas del Divino Celo; Joseph Manyanet y Vives (1833-1901), sacerdote, fundador de las Congregaciones de los Hijos de la Sagrada Familia de Jesús, María y José y de las Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazaret; Nimatullah Kassab Al-Hardini (1808-1858), sacerdote, de la Orden Libanesa Maronita; Paola Elisabetta Cerioli (1816-1865), religiosa, fundadora del Instituto de las Hermanas de la Sagrada Familia y de la Congregación de la Familia de Bérgamo; y Gianna Beretta Molla (1922-1962), madre de familia.

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[En italiano]
1. «Mi paz os dejo» (Juan 14, 27). En el tiempo pascual, escuchamos con frecuencia la promesa de Jesús a sus discípulos. La paz verdadera es fruto de la victoria de Cristo sobre el poder del mal, del pecado y de la muerte. Cuantos le siguen fielmente se convierten en testigos y constructores de su paz.

Desde esta perspectiva, me complazco en contemplar a los nuevos santos, que la Iglesia presenta hoy a la veneración universal: Luigi Orione, Annibale Maria Di Francia, Josep Manyanet y Vives, Nimatullah Kassab Al-Hardini, Paola Elisabetta Cerioli, Gianna Beretta Molla.

2. «Hombres que han entregado su vida a la causa de nuestro Señor Jesucristo» (Hechos 15, 26). Estas palabras de los Hechos de los Apóstoles se pueden aplicar a san Luigi Orione, hombre totalmente entregado a la causa de Cristo y de su Reino. Sufrimientos físicos y morales, cansancio, dificultades, incomprensiones y obstáculos de todo tipo, marcaron su ministerio apostólico. «O se ama y se sirve a Cristo, a la Iglesia, a las almas en la cruz y crucificados o simplemente no se les ama», decía («Escritos», 68, 81).

El corazón de este estratega de la caridad no tuvo «fronteras porque fue dilatado por el amor de Cristo» (ibídem 102,32). La pasión por Cristo fue el alma de su vida intrépida, el empuje interior a un altruismo sin reservas, el manantial siempre fresco de una esperanza indestructible.

Este humilde hijo de un empedrador proclama que «sólo la caridad salvará al mundo» (ibídem, 62,13) y repite a todos que «la felicidad perfecta sólo está en la perfecta entrega a Dios y a los hombres, a todos los hombres» (ibídem).

3. «Si uno me ama, guardará mi Palabra» (Juan 14, 23). Estas palabra evangélicas presentan el perfil espiritual de Annibale Maria di Francia, a quien el amor del Señor le llevó a dedicar toda su existencia al bien espiritual del prójimo. En esta perspectiva, experimentó sobre todo la urgencia de realizar el mandamiento evangélico: «»Rogate ergo…» – Rogad, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mateo 9, 38).

A los Padres Rogacionistas y a las Hijas del Divino Celo les dejó la tarea de entregarse con todas sus fuerzas para que la oración por las vocaciones fuera «incesante y universal». El padre Annibale Maria Di Francia dirige esta misma invitación a los jóvenes de nuestro tiempo, sintetizándola en su acostumbrada exhortación: «Enamoraos de Jesucristo».

De esta providencial intuición ha surgido en la Iglesia un gran movimiento de oración por las vocaciones. Deseo de todo corazón que el ejemplo del padre Annibale Maria Di Francia guíe y apoye también en nuestro tiempo esta acción pastoral.

[En castellano]

4. «El Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho» (Juan 14, 26). Desde el principio el Paráclito ha suscitado hombres y mujeres que han recordado y difundido la verdad revelada por Jesús. Uno de éstos fue san José Manyanet, verdadero apóstol de la familia. Inspirándose en la escuela de Nazaret, realizó su proyecto de santidad personal y se dedicó, con entrega heroica, a la misión que el Espíritu le confiaba. Para ello fundó dos Congregaciones Religiosas. Un símbolo visible de su anhelo apostólico es también el templo de la Sagrada Familia de Barcelona.

[En catalán]
Que sant Josep Manyanet beneeixi totes les famílies i us ajudi a portar els exemples de la Sagrada Família a les vostres llars.

[ ¡Que San José Manyanet bendiga a todas las familias y os ayude a llevar los ejemplos de la Sagrada Familia a vuestros hogares!]

[En francés]
5. Hombre de oración, enamorado de la Eucaristía, a la que le gustaba adorar durante largo tiempo, san Nimatullah Kassab Al-Hardini es un ejemplo para los monjes de la Orden Libanesa Maronita, así como para sus hermanos libaneses y para todos los cristianos del mundo. Se entregó totalmente al Señor con una vida de grandes renuncias, mostrando que el amor de Dios es la única fuente de alegría y de felicidad para el hombre. Se dedicó a buscar y a seguir a Cristo, su Maestro y Señor.

Al acoger a sus hermanos, alivió y curó muchas de las heridas de los corazones de sus contemporáneos, testimoniándoles la misericordia de Dios. ¡Que su ejemplo sirva para iluminar nuestro camino, para suscitar entre los jóvenes, en particular, un auténtico deseo de Dios y de la santidad, para anunciar a nuestro mundo a luz del Evangelio!

[En italiano] 6. «El ángel… me mostró la Ciudad Santa de Jerusalén, que bajaba del cielo» (Apocalipsis 21, 10). La espléndida imagen propuesta por el Apocalipsis de Juan exalta la belleza y la fecundidad espiritual de la Iglesia, la nueva Jerusalén. De esta fecundidad espiritual es singular testigo Paola Elisabetta Cerioli, cuya existencia fue fecunda en frutos de bien.

Al contemplar a la Sagrada Familia, Paola Elisabetta intuyó que los lazos de parentela son sostenidos y cimentados cuando se comparten los valores de la fe y de la cultura cristiana. Para difundir estos valores, la nueva santa fundó el Instituto de la Sagrada Familia. Estaba convencida de que los hijos, para crecer con seguridad y fuerza, tienen necesidad de una familia sana y unida, generosa y estable. Que Dios ayude a las familia cristianas a acoger y testimoniar en toda circunstancia el amor de Dios misericordioso.

7. Gianna Beretta Molla fue sencilla pero particularmente significativa mensajera del amor divino. Pocos días antes de su boda, en una carta al futuro marido, escribía: «El amor es el sentimiento más bello que el Señor ha puesto en el espíritu de los hombres».

Siguiendo el ejemplo de Cristo, que «habiendo amado a los suyos… los amó hasta el extremo» (Juan 13, 1), esta santa madre de familia fue heroicamente fiel al compromiso asumido el día de la celebración de su matrimonio. El sacrificio extremo que selló su vida testimonia cómo sólo quien tiene el valor para entregarse totalmente a Dios y a los hermanos se realiza personalmente.

¡Que nuestra época redescubra, a través del ejemplo de Gianna Beretta Molla, la belleza pura, casta y fecunda del amor conyugal, vivido como respuesta a la llamada divina!

8. «No se turbe vuestro corazón ni se acobarde» (Juan 14, 27). Las vicisitudes terrenas de estos seis nuevos santos nos alientan a perseverar en el propio camino, confiando en la ayuda de Dios y en la protección materna de María. Que velen desde el cielo ahora por nosotros y nos apoyen con su poderosa intercesión.

[Traducción del texto original en varios idiomas realizada por Zenit]

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ZENIT Staff

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