Visita de Bush al Papa: El objetivo, pacificar Irak; según la Santa Sede

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Según informa el secretario vaticano para las relaciones con los Estados

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 27 mayo 2004 (ZENIT.org).- Quien se opuso a la guerra en Irak debería colaborar en la pacificación de Irak, considera la Santa Sede en vísperas de la visita del presidente George Bush a Juan Pablo II que tendrá lugar el 4 de junio.

Lo afirma el secretario vaticano para las relaciones con los Estados, el arzobispo Giovanni Lajolo, en una entrevista concedida este jueves al diario italiano «Il Corriere della Sera».

«Los Estados Unidos tienen hoy a nivel internacional un papel primario y por ello se espera también de ellos un compromiso que esté a la altura de esos valores morales que pertenecen a las páginas más gloriosas de su historia y que están escritos en su constitución», afirma el prelado italiano.

«No dudo que el encuentro del presidente Bush con el Santo Padre será la ocasión para reafirmar los compromisos de paz y de solidaridad entre los pueblos que de ellos se derivan, y de darles una nueva urgencia», añade.

Ante la pregunta del periodista que recuerda la oposición de la Santa Sede a la intervención militar en Irak, monseñor Lajolo responde que «ahora hay que mirar adelante».

Irak «exige un esfuerzo colectivo de todas las fuerzas políticas responsables para volver a llevar cuanto antes condiciones de vida normales en el país, para pacificarlo interiormente, para volverle a dar soberanía, libertad, dignidad y perspectivas de un futuro mejor»,

«No olvidemos que los soldados de los Estados Unidos en Irak –al igual que los del contingente de soldados italianos en Nassiriya– están principalmente comprometidos en estos», señala.

«Ciertamente su situación es extremadamente difícil, a causa de los ataques de los que son objeto por parte de no pocos grupos extremistas iraquíes, interesados a que aparezcan en un papel de agresores y no como liberadores y pacificadores, según la misión que les ha sido confiada», indica.

Tras el daño provocado por torturas de soldados estadounidenses a iraquíes, el prelado considera que los Estados Unidos deben poner remedio «con una mayor atención ante la sensibilidad religiosa y moral del pueblo iraquí».

«Más en concreto, ahora se pedirá una amplia y sensible acción política, diplomática y cultural para tratar de neutralizar el efecto desastroso y de amplísimo radio de imágenes difíciles de olvidar», considera.

«La historia enseña que también dentro de grandes países democráticos se cometen errores contrarios a los propios ideales; pero precisamente en la democracia está la fuerza para reconocerlos con objetividad valiente y para corregirlos», indica.

«Este es uno de esos valores, diría ejemplares, de los que los Estados Unidos pueden estar orgullosos», concluye.

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ZENIT Staff

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