El desafío de la educación hoy: «ser», no «tener»; según el Papa

Una tarea de todas las comunidades cristianas y de todos en la comunidad cristiana

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 5 julio 2004 (ZENIT.org).- El desafío de la educación hoy está en formar a hombres y mujeres de «ser» y no de «tener», constata Juan Pablo II.

Este objetivo es una tarea de todas las comunidades cristianas y de todos en la comunidad cristiana, aclaró este sábado al recibir en el Vaticano a los participantes en el Simposio europeo de la Comisión episcopal para la educación católica, la escuela y la universidad sobre el tema «Los desafíos de la educación».

«En todo lugar en el que viven los estudiantes, la educación debe permitirles convertirse cada vez más en hombres y mujeres de «ser» y no simplemente de «tener» más», explicó el Santo Padre en el discurso pronunciado en francés ante los responsables de la pastoral de la educación y catequesis de 34 conferencias episcopales europeas.

«La formación escolar es uno de los aspectos de la educación, pero no puede reducirse a él. El nexo esencial entre todos los aspectos de la educación debe reforzarse sin cesar. La unidad del camino educativo llevará a una unidad cada vez más grande en la personalidad y en la vida de los adolescentes», consideró el Santo Padre.

«Es necesario que todos se movilicen y trabajen conjuntamente por los jóvenes: padres, maestros, educadores, equipos de capellanía», exhortó.

«Deben recordar que la enseñanza debe ser apoyada por el testimonio de vida. De hecho, los jóvenes son sensibles al testimonio de los adultos, que para ellos son modelos. La familia sigue siendo el lugar primordial de educación», señaló.

El Santo Padre confesó que una de sus principales preocupaciones al encontrarse con los jóvenes es «a falta de esperanza», cuyo origen, consideró, «se encuentra el intento de hacer prevalecer una antropología sin Dios y sin Cristo, que atribuye al hombre el lugar de Dios».

De este modo, «el olvido de Dios ha llevado al abandono del hombre. La verdadera educación debe comenzar por la verdad sobre el hombre, por la afirmación de su dignidad y vocación trascendente».

«Ver a todo joven a través de este prisma antropológico es querer ayudarle a desarrollar lo mejor de él mismo para que realice en el ejercicio de todas sus capacidades aquello a lo que Dios le llama», subrayó.

«La comunidad cristiana tiene también un papel en el camino educativo –explicó por último–. Tiene la tarea de transmitir los valores cristianos y hacer conocer la persona de Cristo, que llama a cada uno a una vida más bella y al descubrimiento de la salvación y la felicidad que nos ofrece»

«¡Que los cristianos no tengan miedo de anunciar a las nuevas generaciones a Cristo, fuente de esperanza y de luz en su camino! –exigió el Papa–. ¡Qué sepan acoger a los adolescentes y a sus familias, escucharles y ayudarles, aunque esto sea con frecuencia exigente!».

«La educación de la juventud es un asunto de todas las comunidades cristianas y de toda la sociedad –concluyó–. Nos corresponde proponerles los valores esenciales para que sean responsables ellos mismos y asuman su parte en la edificación social».

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ZENIT Staff

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