Se acerca una nueva era de bebés de diseño

La creación y elección de embriones motivo de horror para los moralistas

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LONDRES, 11 de septiembre (ZENIT.org).- Las autoridades sanitarias británicas han suavizado las leyes que permiten la creación de «bebés de diseño», es decir, embriones seleccionados para proporcionar tejidos y otros materiales para sus hermanos enfermos. El procedimiento había sido prohibido bajo las leyes que regulan los procedimientos de fertilización in vitro, explicaba la BBC el 21 de julio.

La Autoridad de Fertilización y Embrionología Humana (HFEA) ha decidido la liberalización tras la petición del Dr. Mohamed Taranissi, director del Centro de Reproducción Asistida de Londres. Taranissi solicitó el permiso para crear un bebé diseñado para un niño de dos años de Irlanda del Norte, Joshua Fletcher, que sufre de un desorden sanguíneo potencialmente fatal, la anemia Diamond Blackfan.

«Hemos decidido suavizar las leyes sobre selección de embriones para permitir a todas las parejas, que deseen poder seleccionar un embrión, que pueda servir de fuente de tejidos para un hermano vivo seriamente enfermo, puedan hacerlo», afirmaba Suzi Leather, presidenta del HFEA. Leather añadió que cada caso será contemplado según sus propios méritos, y afirmó que sería un «tratamiento de último recurso».

Se utilizará al hermano para proporcionar células madre que estimulen al cuerpo de Joshua a producir células sanguíneas sanas. Las células serán tomadas del cordón umbilical del bebé recién nacido, informó el diario de Londres Times el 22 de julio.

Josephine Quintavalle, de la organización Comment on Reproductive Ethics, criticó la aprobación. «Estamos absolutamente horrorizados», afirmaba en sus comentarios divulgados por la BBC. «Es muy poco ético, y muy poco democrático».

El arzobispo de Glasgow, Mons. Mario Conti, miembro del Comité de Bioética de la Conferencia Episcopal, afirmaba en una nota de prensa: «Uno puede entender los motivos de unos padres que piden este tipo de procedimiento, pero no podemos perder de vista el hecho de que los embriones son seres humanos, estén implantados en el vientre materno y llevados a buen término, o reproducidos y luego destruidos en el laboratorio».

El arzobispo añadía: «Por cada embrión implantado usando la técnica propuesta, muchos serán destruidos. Nosotros, como sociedad, no tenemos el derecho de iniciar o de destruir una vida humana, ni para propósitos, por muy nobles que pretendan ser, que conviertan dicha vida en un medio para los fines de otro. La vida humana no es una mercancía; un bebé no es un producto; un embrión no es un montón de células para la explotación».

¿Creencias eugenésicas?
El debate sobre genética y reproducción continuará en Gran Bretaña, tras el lanzamiento el 16 de julio, de un proceso de consulta de tres meses. Durante este periodo, la Comisión de Genética Humana (HGC) aceptará el testimonio y las opiniones sobre desarrollos en genética y reproducción.

Para comenzar el debate, la HGC publicará un documento de discusión titulado «Escoger el Futuro: Tomar una Decisión Genética y Reproductiva». La comisión evaluará las contribuciones y someterá un informe al gobierno a últimos del año próximo.

En el campo de la investigación genética prenatal de embriones, la HGC considerará si los padres deben tener opciones ilimitadas sobre qué prueba aplicar. Considerará también qué obligaciones tendrán las futuras generaciones y qué marco regulador debería regir tales diagnósticos genéticos.

«Escoger el Futuro», reconoce que «algunas personas ven las actuales prácticas en la investigación y diagnosis de las condiciones genéticas como un reflejo de creencias eugenésicas, porque sienten que el objetivo principal es prevenir el nacimiento de niños con taras». Pero otros, continúa el documento, sostienen «que los recientes desarrollos no son eugenésicos sino que, por el contrario, reflejan un cambio de actitudes sobre la elección y el derecho de los individuos a tomar decisiones que creen mejores para ellos y sus familias».

El debate en Tasmania
A principios de este año estalló un debate en Australia sobre los bebés de diseño, que implicaba a una pareja del estado de Tasmania. Los doctores de una clínica de Sydney, según el diario local Telegraph del 8 de marzo, desarrollaron un diagnóstico para seleccionar un bebé hermano de un niño de 4 años con una rara deficiencia inmunológica.

La clínica de Sydney es la única del país que utiliza el diagnóstico genético de preimplantación para escoger embriones como fuente de tejidos para un hermano vivo. Se requieren tres ciclos de tratamiento de fertilización in vitro para producir un número suficiente de embriones, de manera que se cree uno que sea viable y no esté afectado por el mismo problema que el otro hijo de la pareja.

En declaraciones al Daily Telegraph, el director médico de la clínica, Robert Jansen, explicaba que las células madre serían tomadas de la placenta desechada. El periódico también entrevistó al obispo auxiliar de Sydney, Mons. Anthony Fisher, portavoz de ética sanitaria de la Iglesia católica en Sydney. Explicaba que una de las objeciones que tiene la Iglesia hacia los bebés de diseño es que los embriones que no proporcionen las células madre deseadas serán desechados.

En Estados Unidos se han dado recientes progresos sobre bebés de diseño. Un reportaje del 5 de marzo de Associated Press describía cómo un laboratorio de Chicago ayudaba a crear bebés para servir como donantes de células madres para cinco familias. En todos los casos, los bebés fueron seleccionados de embriones de manera que proporcionaran células para ayudar a sus hermanos que sufren de leucemia o de anemia.

El Dr. Anver Kuliev, que participó en la investigación, afirmaba que, hasta ahora, se han donado a un hermano enfermo las células madre de la sangre del cordón umbilical de un bebé.

Richard Doerflinger, de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, criticó esta práctica. «Esto ha sido una misión de buscar y destruir», afirmó. A los embriones elegidos «se les permitirá nacer para que puedan donar tejidos que beneficien a otros».

En España, entretanto, las clínicas pronto conseguirán luz verde para los bebés de diseño, informó el diario nacional El País el 20 de julio. La ministra de sanidad, Elena Salgado, afirmó que estaba a favor de permitir a las parejas que seleccionasen genéticamente a los bebés para actuar como donantes para un hermano o hermana enfermos. El gobierno está ahora considerando cambios en la ley sobre técnicas de fertilización in vitro, con el objeto de introducir un nuevo marco legal antes de final de año.

El tema de los bebés de diseño surgió en mayo, cuando se reveló que al menos 16 parejas habían pedido a clínicas bebés de diseño. La actual ley sólo permite la selección genética antes de la implantación de embriones, para desechar aquellos que sufran de una enfermedad hereditaria.

Manipular la vida
Recientemente se ha publicado un comentario sobre los bebés de diseño en la página Web del Centro para Bioética y Dignidad Humana, con sede en Estados Unidos. En su artículo titulado «Bebés de Diseño: un Paso adelante más», el asociado al centro, Samuel Hensley, apuntaba lo moralmente objetable que es la práctica de descartar embriones considerados inadecuados. También presentaba la cuestión de si la vida humana debería crearse con el propósito de beneficiar a otros.

«¿Debería crearse un niño específicamente para salvar la vida de otra persona, o se debe dar la bienvenida a un niño y amarlo de modo incondicional sin importar su valor instrumental para ayudar a otros?», preguntaba Hensley.

Esta preocupación no se limita a una perspectiva cristiana, observaba. El filósofo Emmanuel Kant, por ejemplo, defendía «que los seres humanos deberían ser tratados siempre como fines en sí m
ismos y no como medios para que otra persona obtuviera sus fines»

Hensley comentaba: «La tentación de redefinir la paternidad para incluir la elección de características particulares en los hijos, en oposición a la aceptación incondicional de un descendiente como regalo de Dios, parece estar cargada de riesgos».

Concluía: «Crear vida primariamente para servir a otros, especialmente cuando la vida puede ser rechazada y destruida por la simple razón de que no resuelve las necesidades de los padres, es una acción que siempre debería condenarse».

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ZENIT Staff

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