Declaración vaticana para pedir una moratoria en el uso de bombas de racimo

Intervención del observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas de Ginebra

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GINEBRA, jueves, 7 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención del arzobispo Silvano Maria Tomasi, observador permanente de la Santa Sede ante la Oficina de las Naciones Unidas de Ginebra, en la XVI sesión del grupo de expertos gubernamentales sobre la Convención para la prohibición o restricción del uso de armas convencionales con efectos indiscriminados, celebrada entre el 28 de agosto y el 6 de septiembre.

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Señor coordinador:

En el marco de nuestras sesiones de trabajo sobre las submunciones de bombas de racimo, no podemos dejar de constatar que la serie de conflictos armados de los últimos cincuenta años han sido cada vez un llamamiento apremiante y renovado a los diferentes Estados, y en particular a los Estados que forman parte de la Convención para la prohibición o restricción del uso de armas convencionales con efectos indiscriminados, a que tomen en serio las consecuencias de la utilización de las submuniciones. La última guerra del Líbano nos ofrece trágicamente las pruebas del drama humanitario que se despliega ante nuestras miradas. Las imágenes y los testimonios que nos llegan son alarmantes. Esto está confirmado por las primeras estadísticas entregadas por las Naciones Unidas, en las que se muestra la gravedad y la amplitud de este problema.

Las razones para actuar, señor coordinador, no son teóricas, sino que por desgracia nos las ofrecen las decenas de víctimas inocentes y los sufrimientos que acompañan a miles de familias durante largos años. Hasta ahora, no hemos visto pruebas convincentes de la parte de quienes consideran estas armas como legítimas. De todos modos, toda arma ha sido calificada de legítima antes de ser prohibida o reglamentada. ¿No es ése el caso de las armas químicas, biológicas, incendiarias o de láser? El hecho de declarar un arma legítima no hace que sea más aceptable ni menos inhumana.

Señor coordinador:
La mejora de la calidad de las submuniciones no puede ser por sí sola la solución. Hacer que el margen de error se reduzca a un 1 ó 2 por ciento no significa nada. Un uno por ciento de cien mil bombas es mucho. Los objetivos y la proporcionalidad de los mismos son también elementos que hay que tomar en consideración.

La Santa Sede considera que es necesaria una inmediata reflexión de fondo sobre la naturaleza y la utilización de las submuniciones. Las víctimas de conflictos pasados y las víctimas potenciales de conflictos futuros no pueden esperar años de negociaciones y de discusiones. Por este motivo, se impone una moratoria en la utilización de estas armas. Al mismo tiempo, los Estados que forman parte de la Convención para la prohibición o restricción del uso de armas convencionales con efectos indiscriminados tienen que ponerse manos a la obra. La Conferencia de examen que se está preparando debería ser capaz de adoptar un mandato específico para comenzar la discusión y la negociación de un instrumento eficaz para desarraigar los riesgos ligados a las submuniciones. El derecho humanitario internacional debería ser más respetado y debería enriquecerse más en este dominio, si no queremos que una causa suplementaria venga a perpetuar la pobreza y el subdesarrollo en un cierto número de países que ya están fuertemente impedidos.

Muchas gracias, señor coordinador.

[Traducción del original francés realizada por Zenit]

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ZENIT Staff

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