El antiguo portavoz vaticano desvela el secreto comunicativo de Benedicto XVI

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Intervención de Joaquín Navarro-Valls en la Embajada de España ante la Santa Sede

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ROMA, domingo, 13 mayo 2007 (ZENIT.org).- Más que transmitir un saber, Benedicto XVI quiere ir más allá moviendo a las personas hacia una determinada dirección, y su comunicación lo logra, constata quien durante 22 años dirigió la Oficina de Información de la Santa Sede.

En el marco del ciclo de conferencias que, en honor al Papa Joseph Ratzinger –por su 80º cumpleaños y segundo aniversario de elección al pontificado– organiza la Embajada de España ante la Santa Sede, intervino Joaquín Navarro-Valls sobre «La imagen mediática de Benedicto XVI».

Y para ello partió del perfil del actual pontífice como comunicador, identificando en él la transmisión de una verdad –que ha captado previamente– de manera que produzca un efecto en quien la recibe.

«Éste es, en modo altísimo, el estilo comunicador de Benedicto XVI», confirmó Navarro-Valls, el «estilo típico del maestro»: «lo que le interesa de la verdad no es jugar con ella», «lo que le interesa de la verdad que transmite es que sea operativa en quien la recibe».

«Es por eso una comunicación pedagógica», «es un tipo de comunicación que a todos nos gustaría poseer, pero que es muy difícil tener», admitió en su ponencia, pronunciada el 3 de mayo.

Y es que exige «en primer lugar que quien comunica de este modo conozca muy bien no sólo la idea que trasmite, sino el camino intelectual que lleva hasta la conquista de esa idea».

Es entonces cuando «puede transmitir la idea, la verdad, como una cosa a la que se llega además después de un proceso, de un camino –añade–, y que él además explica, que él señala».

Y por otro lado «debe también conocer muy bien cómo piensan las personas que reciben ese tipo de comunicación», recalca.

Para el que fue portavoz vaticano hasta el pasado julio, toda esta forma de comunicar es evidente en Benedicto XVI, e intuitivamente lo ha comprendido toda la gente que, por ejemplo, «acude multiplicada a las audiencias de los miércoles o al Ángelus de los domingos».

A esta comunicación se añade una doble dificultad: por un lado, la que a veces conlleva la propia materia que hay que transmitir, por otro «la forma de pensar de quienes recibimos este mensaje para el que ciertas verdades resultan extrañas, cuando en otras épocas esas mismas verdades eran evidentes», advierte Navarro-Valls.

«Explicativo, interpretativo», «tremendamente coherente y lógico, sin saltos», el estilo de Benedicto XVI desemboca en la apertura al diálogo.

Aunque el Papa «esté diciendo cosas que son verdades absolutas -aclara-, las dice de modo tal que abre la puerta al diálogo ulterior sobre esas verdades absolutas» «porque tiene mucha confianza en la razón humana, la propia y la ajena», porque «cree que una persona está abierta a recibir la verdad, es más, que toda la vida de una persona no tiene más sentido que el de descubrir la verdad en todos los niveles».

Toda esta percepción «ha aparecido dicho de muchos modos diversos en gran parte de la prensa extranjera, sobre todo a nivel intelectual», recuerda Navarro-Valls.

Y «¿un Papa así es actual?», pregunta. «Actual» no es sólo algo que se identifique con los parámetros de determinada época –algo que «esté de moda»–, sino que también es «actual» «lo que una época necesita», subraya.

«Y esta riqueza conceptual, esta «pastoral de la inteligencia» que con tenacidad, con claridad, con constancia Benedicto XVI está haciendo desde el inicio de su pontificado es exactamente lo que nuestra época necesita», constata Navarro-Valls.

«La opinión pública que es honesta lo ve así, lo ve con enorme respeto y enorme atención, se da cuenta de la riqueza conceptual con la que este pontificado está realizando su ministerio y lo sigue con la atención que le es debida», concluye.

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ZENIT Staff

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