Embriones híbridos en Reino Unido: Los parlamentarios deben votar según conciencia

Piden los obispos escoceses

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GLASGOW, jueves, 17 enero 2008 (ZENIT.org).- Libertad para que los parlamentarios puedan votar según su conciencia: es la petición de los obispos escoceses ante la próxima decisión sobre el Proyecto de Ley de Fertilización Humana y Embriología, que contempla el cruce de seres humanos y animales. 

En una carta pastoral enviada esta semana al medio millar de parroquias de Escocia, los obispos de la Conferencia Episcopal local alertan del oportunismo científico que subyace tras la propuesta normativa.

A finales de mes el gobierno de Westminster presentará esta legislación «que podría ampliar el alcance, del que ya disfrutan investigadores y genetistas, de crear embriones humanos in vitro y experimentar con ellos (hasta los 14 días)», dice la misiva, que firma el arzobispo Mario Conti, de Glasgow, presidente del Comité episcopal de Bioética, en representación de los prelados escoceses.

«Otros países no toleran la clonación humana» –recuerda la pastoral–, hecho que «no ha detenido a nuestro gobierno para proponerse ir aún más lejos y permitir la fertilización entre especies y la fusión de material animal y humano que termine en embriones híbridos».

La carta insiste: este paso «ha espantado a otras legislaturas y ha sido descrito por el presidente de la Pontificia Academia para la Vida como un «acto monstruoso contra la dignidad humana»».

Los prelados perciben que tal experimentación está respaldada por intereses comerciales, en vista de potenciales beneficios, y ello a pesar de que actualmente la comunidad científica está constatando que la utilización de células adultas –que sí es ética en cuanto que no destruye seres humanos– es una solución mejor que crear seres humanos (o híbridos) para obtener sus células.

Son conscientes los obispos del «natural deseo del que tiene enfermedades genéticas» de una investigación que, teóricamente, pueda beneficiarle. «Pero jamás debemos perseguir el bien haciendo el mal», recuerdan.

«La Iglesia no está sola en su oposición a la legislación propuesta» –subraya la misiva–, además de que «tiene un derecho democrático a respaldar a los que se adhieren a una enseñanza bioética coherente y a proponer argumentos que ayuden a los políticos a tomar decisiones conscientes dado su papel como legisladores».

Por eso defiende el derecho de estos a votar en tales materias según su conciencia.

Ciertamente los parlamentarios representan a sus electores y también deben ser diligentes respecto a sus partidos. En cualquier caso los obispos recuerdan la necesidad de una integridad de los políticos, cuyos votos deben «reflejar su convicción ética en materia de justicia y moralidad».

De ahí que los prelados reclamen para los legisladores «la libertad que tiene todo ciudadano», y que esperen «que el primer ministro y su Gabinete respetarán», permitiendo «una votación libre para todos en el Parlamento».

Y lanzan una alerta, respecto a la democracia del país, citando a Benedicto XVI: «El bienestar moral del mundo nunca puede garantizarse solamente a través de estructuras, por muy válidas que éstas sean» (Spe salvi, n. 24).

Tales estructuras «no pueden ni deben dejar al margen la libertad del hombre -sigue el Papa en su reciente encíclica–. Incluso las mejores estructuras funcionan únicamente cuando en una comunidad existen unas convicciones vivas capaces de motivar a los hombres para una adhesión libre al ordenamiento comunitario».

Esto es un reto -dicen los prelados escoceses– «no sólo para los políticos, sino para todo el que, en una sociedad democrática, tiene el derecho y el deber de expresar sus convicciones en cuestiones de justicia y comportamiento moral».

Por Marta Lago

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ZENIT Staff

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