CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 7 enero 2008 (ZENIT.org).- La Compañía de Jesús ha inaugurado su 35 Congregación General con una eucaristía presidida en Roma por el cardenal Franc Rodé, prefecto de la Congregación para la Vida Religiosa.

La Congregación general, la más alta autoridad de los jesuitas, se convoca sólo para elegir a un nuevo general o tratar asuntos muy importantes. En esta ocasión los 225 delegados deberán aceptar la renuncia del actual prepósito general --lo cual sucederá, según informa la Oficina de Información de la Compañía de Jesús--, el padre Peter-Hans Kolvenbach (este año cumplirá 80 años), y elegir a su sucesor.

El cardenal Rodé exhortó a los jesuitas en la homilía, pronunciada en español, a «ponerse a la escucha del Espíritu creador que renueva el mundo» y a «regresar a las fuentes para conservar vuestra identidad sin perder vuestro propio estilo de vida».

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En el mundo hay casi 20 mil jesuitas. De los delagados, 217 tienen derecho a voto (su edad media es de 56,19 años). El padre general ha estado a la cabeza de la Compañía casi 25 años y él mismo ha decidido presentar su dimisión, que el Papa ha aceptado y que ahora los delegados deberán aceptar a su vez.

Durante la misa, celebrada en la iglesia de «Il Gesù», invitó a los miembros de la Compañía a intensificar su trabajo que «ha de ser eminentemente apostólico», con una «amplitud universal bajo el aspecto humano, eclesial y evangélico».

Esta tarea «debe ser siempre realizada a la luz de vuestro carisma, en modo tal que la creciente preparación de los laicos a vuestras actividades no oscurezca vuestra identidad, sino que la enriquezca con la colaboración de aquellos que, provenientes de otras culturas, comparten vuestro estilo y vuestros objetivos», reforzó el cardenal.

«El núcleo fundamental de la espiritualidad ignaciana consiste en reunir el amor de Dios con el amor a la Iglesia jerárquica», dijo el cardenal, recordando la característica obediencia que la Compañía de Jesús ofrece particularmente al Papa.

El cardenal Rodé mencionó como urgencias para el tiempo actual  «la necesidad de presentar a los fieles y al mundo la auténtica verdad revelada en la Escritura y en la Tradición».

En este sentido advirtió que «la diversidad doctrinal, de aquellos que a todos los niveles, por vocación y misión, son llamados a anunciar el Reino de la verdad y del amor, desorienta los fieles y conduce hacia un relativismo sin horizonte. La verdad es una, que siempre puede ser más profundamente conocida».

El cardenal esloveno, quien ha transcurrido buena parte de su vida en Argentina, abundó en este punto diciendo que «garante de la verdad revelada es el Magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo».

Así pues, «los exegetas y los estudiosos de la teología están comprometidos en colaborar para investigar y proponer las Letras divinas, bajo la vigilancia del Sagrado Magisterio, las riquezas en ellas contenidas».

Según el cardenal, «a través de vuestra larga y sólida formación, vuestros centros de investigación, la enseñanza en el campo filosófico-teológico-bíblico, os encontráis en una situación privilegiada para realizar esta difícil misión».

«Realizadla con el estudio y la profundización, realizadla con la humildad, realizadla con la fe en la Iglesia, realizadla con el amor por la Iglesia», les aconsejó.

«La Iglesia espera de vosotros una luz para restaurar el sensus Ecclesiae. Vuestra especialidad son los Ejercicios Espirituales de San Ignacio. De esta obra magnífica de la espiritualidad católica forman parte integrante y esencial las reglas del sentire cum Ecclesia. Son como un broche de oro con el cual se cierra el libro de los Ejercicios Espirituales. En vuestras manos tenéis los elementos para profundizar y actualizar este deseo, este sentimiento ignaciano y eclesial», agregó el prefecto para la vida religiosa.


Les instó a «presentar a los fieles y al mundo la auténtica verdad revelada en la Escritura y en la Tradición».

Después de la misa se veneraron las reliquias de San Ignacio de Loyola, que está enterrado bajo el altar, a mano derecha de la iglesia de «Il Gesù». Allí se encendió una lámpara que estará prendida mientras dure esta congregación, que puede durar meses. La última se prolongó 94 días.

También varias iglesias jesuitas de todo el mundo encenderán lámparas como símbolo de la oración continua que se mantiene para el éxito de la Congregación.

En la tarde del domingo, después de la solemne inauguración de la Congregación, tuvo lugar ya en la sede de la Curia General la primera sesión a puertas cerradas. Centró sus tareas primordiales en escribir el informe de la situación general de la Compañía de Jesús en el mundo.

Por Miriam Díez i Bosch