Obispos estadounidenses a legisladores: Los pobres deben ser la prioridad

En una carta a los legisladores que debaten un plan para estimular la economía

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WASHINGTON, lunes, 28 enero 2008 (ZENIT.org).- Los obispos de Estados Unidos han pedido al presidente George W. Bush y al Congreso que conviertan las necesidades de los pobres en su prioridad número uno, a la hora de debatir un paquete de medidas para estimular la economía.

Los obispos urgen en una carta, dirigida al secretario del Tesoro (ministro de Finanzas) de Estados Unidos Henry Paulson, a una cooperación bipartita para «hallar modos efectivos de proteger a las familias más pobres y a los trabajadores de bajos ingresos de las penalidades ocasionadas por el inicio de una fase descendente en la economía».

El obispo William Murphy de Rockville Centre, presidente de la Comisión Episcopal de Justicia y Desarrollo Interior, envió la carta (Cf. texto en inglés) el pasado 23 de enero.

La Casa Blanca y los líderes del Congreso llegaron a un acuerdo el pasado 24 de enero sobre un paquete de 150 mil millones de dólares que proporcionará bonos de descuento a 117 millones de familias. La medida pasó ya al Senado que la debatirá esta semana.

La carta del obispo Murphy constata que fueron retiradas iniciativas tales como «compensaciones por desempleo, bonos alimenticios y el programa de energía para hogares con bajos ingresos, como medios efectivos para asistir a las familias y ayudar a la economía».

«Nosotros como pastores, y nuestras numerosas agencias católicas que trabajan con los pobres y vulnerables, sabemos de primera mano de lo que hablamos –escribe el obispo–. También sabemos que, en las diversas propuestas y puntos de vista que se debaten, demasiado a menudo las voces de las familias pobres y de los trabajadores de bajos ingresos no están presentes».

«Permítannos recordar que, mientras sus voces no son siempre escuchadas, los pobres tienen necesidades urgentes que deberían ser un reclamo prioritario para nuestras conciencias y para las decisiones e inversiones que ustedes realizarán».

«Una buena sociedad –escribe el obispo Murphy–, se mide por la amplitud con que los que tienen responsabilidad atienden las necesidades de sus miembros más débiles, especialmente los más necesitados».

«Las políticas económicas que ayudan a las familias trabajadoras con bajos ingresos a vivir decentemente y con dignidad debería ser una clara prioridad general», concluye el prelado.

Traducido del inglés por Nieves San Martín

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ZENIT Staff

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