Representante vaticano: Una parroquia que no es misionera pierde su esencia

Explica el secretario de la Congregación para el Culto Divino

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ROMA, miércoles, 30 enero 2008 (ZENIT.org).- La misión no es una actividad más para la parroquia, es su esencia misma; explica el arzobispo Malcolm Ranjith, secretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

Monseñor Ranjith, de 60 años, intervino este miércoles en el congreso internacional «Parroquia y nueva evangelización» organizado por la Comunidad del Emmanuel, en colaboración con el Instituto Pontificio Redemptor Hominis, que se celebra en Roma hasta el 1 de febrero.

«¿Por qué debería ser misionera una parroquia?», preguntó monseñor Ranjith, de Sri Lanka. «Porque el llamamiento al amor que nos dejó Dios», respondió.

«Jesús amó a sus hermanos y hermanas hasta el punto de entregarse totalmente por su salvación: este es el fundamento de la evangelización», explicó.

Por eso, subrayó, «la evangelización es un signo de madurez en nuestra fe».

«La Iglesia solo existe si evangeliza, y esto es válido también para la parroquia. Si una parroquia no evangeliza, no es más que un edificio»

«La evangelización no es algo opcional. Es una obligación de nuestra fe, la expresión perfecta de nuestra caridad».

Monseñor Ranjith subrayó la importancia crucial de la Eucaristía en la vida de una parroquia misionera, citando el ejemplo de una diócesis irlandesa, que ha decidido organizar la adoración eucarística en todas las parroquias.

«Como resultado, ahora hay más vocaciones. La Eucaristía atrae, el Señor atrae a la gente».

Por eso, aclaró, «la Eucaristía está en el centro de la evangelización. La eucaristía debe generar fe, aunque en algunas parroquias la celebración tiene lugar de manera que no genera fe».

Al mismo tiempo, el sacerdote debe comprender su papel en la parroquia: «No es suficiente con concentrarse sólo en la comunidad católica. La parroquia debe hacer un esfuerzo comprometedor por llegar hasta los últimos».

Para que las parroquias sean misioneras, Ranjith propone «pasos concretos».

En primer lugar, dijo, «la comunidad parroquial debe pasar del modelo de contención a un modelo misionero. Si lo único que hacemos es reparar edificios, esto nos matará espiritualmente».

En segundo lugar, «hay que pasar del espíritu de pesimismo al optimismo», recordando que «nada es imposible para Dios. Hasta los obispos prefieren en ocasiones vender sus seminarios o iglesias».

El arzobispo Ranjith subrayó el peligro de convertirse en un «sirviente perezoso». Y citó la dura frase del Evangelio sobre estos sirvientes: « Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes» (Mateo 22, 13). «No quiero ser uno de éstos», confesó  Ranjith.

En tercer lugar, subrayó la importancia de los laicos, pidiendo que cambien de mentalidad aquellos párrocos que todavía piensan que «la misión es responsabilidad única de los clérigos» y que «los sacerdotes deberían decidir todo por sí mismos». Hay que «compartir con los laicos», insistió. «Cada laico es un misionero en potencia».

En cuarto lugar, sugirió «involucrar al mayor número posible de personas (asociaciones, grupos, hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños) y a entrar en áreas inexploradas, buscando nuevos métodos». En este contexto, aconsejó utilizar «todos los recursos posibles. El milagro de la evangelización puede verificarse».

En la sesión de preguntas y respuestas un sacerdote de Holanda, que presentó su país «como el más secularizado del mundo», pidió al prelado aliento «porque estamos sumamente marginados, a pesar de que tratamos de utilizar todas las posibilidades, como los medios de comunicación, para mostrar nuestra presencia».

Monseñor Ranjith respondió: «Es bueno utilizar todos los medios posibles y penar que en ocasiones «los sueños pueden convertirse en realidad, pero lo mas importante es sentirse fuertes, confiar en Dios y rezar».

Respondiendo a una pregunta de Zenit tras el encuentro sobre qué modelo es posible ofrecer a las parroquias desalentadas, monseñor Ranjith respondió que un aspecto decisivo es «el celo y el espíritu de amor del párroco».

Como modelos que pueden inspirar a las parroquias, propuso a san Juan María Vianney, «patrono de los sacerdotes diocesanos», pero también la Madre Teresa de Calcuta o el misionero san Francisco Javier, que se fue al otro lado del mundo sin nada, sin conocer ni siquiera los idiomas, a anunciar a Cristo.

«¿Si era posible para él, por qué no podría serlo para mí?», concluyó.

Por Gisèle Plantec

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ZENIT Staff

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