El cardenal Ruini pide una «conversión misionera» a las parroquias

Presenta líneas guía para una «pastoral integrada»

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ROMA, jueves, 31 enero 2008 (ZENIT.org).- El cardenal Camillo Ruini, obispo vicario del Papa para la diócesis de Roma, ha pedido este jueves a las parroquias una «conversión misionera».   El llamamiento resonó entre los participantes en el congreso «Parroquia y nueva evangelización», organizado por la Comunidad del Emanuel en colaboración con el Instituto Redemptor Hominis, que se desarrolla en Roma del 30 de enero al 1 de febrero.  

Aclarando desde un inicio que su objetivo no era el de «tranquilizar ni consolar», explicó que «la pregunta crucial afecta a la actitud que debe tener la parroquia para acoger y aplicar ese gran cambio al que se alude con el nombre de conversión misionera de nuestra pastoral».

Por este motivo, invitó a no quedar aprisionados por «dos tendencias parcialmente contrastantes, pero poco abiertas a la misión: la de verse como una comunidad cerrada, en la que sus miembros se encuentran  bien cuando están juntos, y la que se concibe como un «área de servicio» para la administración de los sacramentos, que da por descontado en quienes los piden una fe con frecuencia ausente».

Pastoral integrada

Para que se dé esta conversión de la parroquia en el nuevo contexto social, el purpurado propuso una «pastoral integrada», proceso que requiere que «las parroquias abandonen las tentaciones de la autosuficiencia, para intensificar en primer lugar la colaboración y la integración con las parroquias cercanas».

De este modo, explicó, podrán «desarrollar juntos y sin discordancias, en un mismo ámbito territorial, esas atenciones y actividades pastorales que de hecho superan las posibilidades normales de una parroquia».

Esta «colaboración e integración», dijo, «deben promoverse además con las demás realidades eclesiales, que pueden estar presentes en el territorio, por las comunidades religiosas, las asociaciones y movimientos laicales».

«El marco de referencia fundamental del proceso de integración es evidentemente la diócesis, ante todo en la persona del obispo y en sus orientaciones pastorales, pero también en los órganos de participación y en las oficinas que atienden los diferentes ámbitos de la acción pastoral y que están llamados en primer lugar a vivir una lógica de colaboración e integración».

Espiritualidad de comunión

«La misma diócesis sin renunciar a su carácter y responsabilidad propia de Iglesia particular está involucrada a un nivel más amplio en ese mismo proceso de colaboración e integración, porque cada vez son más importantes los temas pastorales a los que sólo se puede responder adecuadamente en una perspectiva tanto regional como nacional, por no decir continental y mundial».

«De todos modos, el primer motivo de la «pastoral integrada»», aclaró, «no son los cambios sociológicos que tienen lugar en estos momentos, sino la esencia misma del misterio de la Iglesia, que es comunión».

«La comunión eclesial tiene a su vez una orientación intrínseca hacia la misión y a la comunicación de la fe, que deben constituir, siempre, pero de manera especial en las circunstancias actuales, el criterio orientador de toda la pastoral».

Tres orientaciones

El cardenal propuso tres orientaciones para ayudar a la parroquia a «asumir en concreto  una configuración misionera».

La primera es «formar a los cristianos que participan en nuestras comunidades, en primer lugar a los mismos sacerdotes y seminaristas, en una fe que se conscientemente misionera, en las diferentes situaciones de vida y no sólo dentro del ámbito parroquial o eclesial».

El segundo «camino que hay que recorrer es el de discernir, valorar y desarrollar las posibilidades misioneras que ya están presentes, aunque con frecuencia de manera latente, en nuestra pastoral ordinaria, que nos permite encontrar a muchas personas que pertenecen a la Iglesia de manera débil o precaria, así como a los no creyentes: si nos acercamos a ellos con espíritu evangélico y con empuje misionero no faltarán los frutos».

Una tercera orientación de fondo propuesta por Ruini es la de «dar un espacio central a la pastoral de los adultos, y por tanto ante todo de las familias, pero también a los ambientes de trabajo y de vida en los que se encuentran los adultos».

Por eso pidió, en la medida de lo posible, «remodelar los ritmos de vida de las parroquias de manera que sean realmente accesibles a los adultos que trabajan y a las familias: para alcanzar este objetivo, más que organizar numerosos encuentros, puede ser más útil un estilo pastoral caracterizado por relaciones humanas profundas y cultivadas sin ese estrés que produce la falta de tiempo disponible».

«De todos modos, la importancia de la pastoral de los adultos y de las familias no debería implicar un debilitamiento del compromiso a favor de las generaciones más jóvenes; sería un error gravísimo», explicó.

El cardenal consideró que la conversión de una parroquia misionera no es un «desafío imposible»: «hace falta «remar mar adentro», con la confianza, la creatividad y la valentía apostólica que nacen de la fe».

Por Jesús Colina

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ZENIT Staff

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