El Sínodo de la Palabra por una teología de la auténtica liberación

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Propuesta del obispo de Ibarra (Ecuador)

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 10 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- El Sínodo de la Palabra ofrece la oportunidad para superar errores en que cayeron ciertas corrientes de la teología de la liberación, consideró este viernes un obispo de Ecuador ante la asamblea.

Monseñor Julio César Terán Dutari S.I., obispo de Ibarra (Ecuador), recordó que la teología de la liberación surgió en América Latina, a causa de una interpretación bíblica «desde la propia situación de pobreza, orientada a los anhelos múltiples de liberación en nuestros pueblos».

«Bien acertadamente el Magisterio ha llamado la atención repetidas veces sobre errores y peligros de estos ensayos», constató el prelado.

«No ha dejado tampoco de alentar a los teólogos, para que la Escritura Sagrada ilumine los nuevos itinerarios que la Palabra de Dios quiere cumplir, respondiendo a las esperanzas y desafíos de hoy», siguió diciendo.

Para que la teología pueda superar errores del pasado y poder ser auténtica liberación, el prelado ofreció cuatro criterios fundamentales.

En primer lugar, dijo, «la reflexión teológica debe ubicarse en el contexto de la propia comunidad cristiana, sujeto privilegiado para comprender el sentido profundo de la Escritura, superando interpretaciones subjetivas, reduccionistas o ideológicas; se trata no de una ‘iglesia paralela’ ni de una iglesia exclusiva de los pobres, sino de la Iglesia particular que, dentro del misterio de Cristo, está constituida jerárquicamente».

En segundo lugar, añadió, «esta lectura comunitaria de la Escritura debe confrontarse con los signos de pecado y de gracia que configuran el mundo globalizado y, en América Latina, ha de prestar una especial atención a los pobres con sus muchos rostros y voces, en las nuevas y lacerantes formas de pobreza, y en las nuevas y esperanzadoras vías de liberación integral, atendiendo también al testimonio de quienes dan su vida día a día, a veces hasta derramar la sangre, en el seguimiento de Jesús pobre y humilde de corazón (Cf. Documento de Aparecida, 399-405)».

Así, dijo en tercer lugar, «la elaboración de la reflexión teológica, sobre todo en las Universidades Católicas, no tendrá dificultad en articularse también con la exégesis científica, en conformidad con las oportunas indicaciones del Magisterio para impulsar ese nuevo espíritu misionero que requiere hoy la cambiante situación cultural de nuestro continente (Cf. Aparecida 124, 341,344)».

En cuarto lugar, concluyó, «como culminación del trabajo de los teólogos ha de ofrecerse siempre la persona misma del Señor de la Iglesia: ese Jesús histórico que aparece en los Evangelios y que es el mismo Cristo resucitado, realmente presente en la Iglesia por el misterio de su Pascua».

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ZENIT Staff

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