Sobre el preservativo, el Papa hace “un llamamiento al despertar humano y espiritual”

Afirma el director de la Red Jesuita Africana contra el Sida

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ROMA, jueves 2 de abril de 2009 (ZENIT.org).- Las palabras pronunciadas por Benedicto XVI al inicio de su viaje a África sobre el uso del preservativo en la prevención del sida han provocado una tormenta mediática, pero son “un llamamiento al despertar humano y espiritual” y no son en absoluto “irrealistas e ineficaces”, sostiene el padre Michael Czerny sj, director de la Red Jesuita Africana contra el Sida (AJAN).

En un artículo publicado en Thinking faith, la revista en internet de los jesuitas británicos, el padre Czerny explica que el Papa ha subrayado un contraste fundamental entre el enfoque de la Iglesia y el que caracteriza a los gobiernos y organizaciones internacionales: “La política de salud pública tiene que ver con cifras y tendencias, no con rostros y personas humanas. La visión cristiana incluye todo esto pero amplía y profundiza esta política”.

“Con una visión integral, la Iglesia ve a cada persona como un hijo de Dios, como un hermano o una hermana, cada uno capaz tanto de pecado como de santidad”. “Frente no sólo al sida sino a las múltiples crisis en cada rincón del continente, los africanos tienen un buen motivo, basado en la experiencia, para creer en la audaz visión de la Iglesia hacia ellos”.

Sobre la afirmación del pontífice de que los preservativos no son una respuesta a la enfermedad, sino que a veces aumentan el problema, el padre Czerny subraya que hay que considerar “dos cuestiones distintas: el estatus moral de los actos individuales y la posibilidad de una estrategia que comprende a enteras poblaciones”.

Sobre los actos individuales, el jesuita observa que, según los expertos, cuando el preservativo se usa correctamente puede reducir la posibilidad de infección. “Hacer algo equivocado podría ser más seguro con un preservativo, pero la seguridad no hace que el acto sea correcto”, comentó.

En cuanto a la estrategia dirigida a enteras poblaciones, según Czerny el hecho de que el uso del preservativo haya reducido los índices de contagio es verdad sólo fuera de África y en subgrupos identificables, como prostitutas y hombres homosexuales, “no para una población en general”.

“En realidad, la mayor disponibilidad y el mayor uso de preservativos están consistentemente asociados a más altos (y no más bajos) índices de infección del vih, quizá porque, cuando se usa una ‘tecnología’ que reduce el riesgo, como los preservativos, se pierde a menudo el beneficio (la reducción del riesgo) porque la gente se pone en más ocasiones de contagio que si no hubiera tecnología”.

A nivel público, por tanto, “una política agresiva, basada en el preservativo, aumenta el problema porque aleja la atención, la credibilidad y los recursos de estrategias más eficaces, como la abstinencia y la fidelidad”, que “gozan de poco apoyo en los discursos occidentales dominantes pero se apoyan en una sólida investigación científica y siempre se incluyen e incluso se favorecen en las estrategias nacionales contra el sida en África”.

El padre Czerny declara que la promoción de los preservativos como estrategia para reducir las infecciones de vih en la población en general “se basa en la probabilidad estadística y en la plausibilidad intuitiva”, “pero lo que falta es el apoyo científico”.

“Un preservativo es más que un trozo de látex –añade–; es también una declaración sobre el significado de la vida. Si en Europa o en el norte de América la idea es bastante aceptable (aunque no del todo), en África la fertilidad es alabada y el preservativo aparece como extranjero y extraño, y extraños también los valores que encarna”.

Un jesuita en Sudáfrica, recuerda, le dijo que “la mayor parte de los africanos piensa que ‘el Papa y los preservativos’ es un espectáculo montado por los medios y no una cuestión por la que merezca la pena gastar más tinta o destruir más árboles”.

Como recordó Benedicto XVI, la solución a la cuestión debe incluir dos elementos: subrayar la dimensión humana de la sexualidad, que debe estar “basada en la fe en Dios, en el respeto de sí mismo y del otro y en la esperanza en el futuro”, y “una verdadera amistad ofrecida sobre todo a quienes sufren”.

Este servicio “compasivo y generoso” es el que se vive en África “prácticamente desde el principio”: “los enfermos de sida han encontrado en general aceptación, alivio y asistencia por parte de la Iglesia, sean miembros de ella o no”.

“La formación de la conciencia y el tratamiento desinteresado deben ir juntos –subraya–. Una Iglesia que sirve incansablemente a los necesitados es también creíble en el enseñanza y la formación que ofrece”.

El padre Czerny concluye recordando que “la mayor parte de los africanos, católicos o no, está de acuerdo” con las palabras del Papa porque considera lo que ha dicho “profundo y verdadero”.

Por Roberta Sciamplicotti, traducido del italiano por Nieves San Martín

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ZENIT Staff

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