Benedicto XVI recibe al representante del patriarca ortodoxo de Moscú

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El prelado se encuentra en el Vaticano por invitación del cardenal Walter Kasper

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 18 de septiembre de 2009 (ZENIT.org).- Este viernes, Benedicto XVI recibió en Castel Gandolfo el arzobispo Hilarión de Volokolamsk, Presidente del Departamento para las Relaciones Eclesiásticas Externas del Patriarcado de Moscú.

Hilarión, en su primera visita a Roma tras el nombramiento para su cargo actual, había tenido el jueves un coloquio con el cardenal Walter Kasper, Presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.

Sucesivamente, el purpurado afirmó a los micrófonos de «Radio Vaticano» que «el encuentro ha mostrado la nueva situación entre la Iglesia católica y el Patriarcado de Moscú: hemos superado todas las tensiones que existían en años pasados y tenemos actualmente una relación normal, tranquila e incluso positiva, constructiva».

«Desde el principio –añadió– Hilarión ha expresado su alta estima por el Papa Benedicto XVI, que es muy apreciado en la Iglesia ortodoxa rusa, y después hemos hablado de nuestras relaciones, sobre todo del diálogo teológico que tendrá lugar en Chipre en las próximas semanas».

La Comisión mixta internacional para el diálogo teológico entre la Iglesia católica y la Iglesia ortodoxa en su conjunto se reunirá para su XI sesión plenaria en Chipre, del 16 al 23 de octubre de 2009, para examinar un proyecto de documento esbozado en un encuentro en Creta en 2008.

La Comisión está reflexionando actualmente sobre el papel del Obispo de Roma en la comunión de la Iglesia en el primer milenio – cuando aún no se había producido el Gran Cisma de 1054 -.

Otra cuestión que deberá estudiarse es cómo el contenido del primado del sucesor de San Pedro ha evolucionado en el segundo milenio, tras la ruptura entre las dos confesiones, y cuál es la situación tras el Concilio Vaticano I y II.

El tema ya había sido profundizado con ocasión de la X Asamblea Plenaria de la Comisión Mixta que había reunido en Ravena, del 8 al 14 de octubre de 2007, a 30 delegados católicos y 30 ortodoxos para reflexionar sobre el tema: «Las consecuencias eclesiológicas y canónicas de la naturaleza sacramental de la Iglesia: comunión eclesial, conciliaridad y sinodalidad en la Iglesia».

En Ravena, la delegación del Patriarcado de Moscú decidió retirarse en signo de protesta contra la participación en el evento de los miembros de la llamada Iglesia apostólica estonia, creada por el Patriarcado de Constantinopla en 1996 en Estonia, y en seguida declarada «autónoma», un estatuto que no reconoce la Iglesia moscovita.

«Ahora quieren volver a retomar el diálogo – explica el cardenal Kasper -, han superado estas tensiones entre Moscú y Constantinopla sobre el caso de Estonia, y quieren colaborar normalmente».

«Después hemos hablado también de nuestras relaciones bilaterales: como muestra, de un concierto que quieren hacer aquí en Roma; yo he sugerido que también nosotros podamos hacer una exposición en Moscú», prosiguió el purpurado alemán.

«Hemos hablado del intercambio de sacerdotes, de teólogos y de todo aquello que pueda ayudar a mejorar las relaciones y a superar también los prejuicios y las resistencias que existen en Rusia contra la Iglesia católica y contra el ecumenismo; pero, paso a paso, podemos superar también esto».

«Ambas partes están decididas a seguir adelante», añadió, subrayando después que «por el momento, la visita del Papa a Moscú no está en la agenda», aunque «ellos no rechazan un encuentro con el Papa».

El 17 de septiembre, el arzobispo Hilarión asistió a la oración de la tarde de la Comunidad de San Egidio, en la Basílica de Santa María en Trastevere, dirigiendo un saludo a los presentes.

En aquella ocasión, agradeciendo a los miembros de la Comunidad de San Egidio por su «contribución al diálogo» y el compromiso hacia los pobres y los más necesitados, habló del desafío común representado por «un mundo descristianizado», dominado por el «consumismo, el hedonismo, el materialismo práctico y el relativismo moral».

«Sólo unidos podremos proponer al mundo los valores espirituales y morales de la fe cristiana – dijo el prelado ortodoxo -; juntos podremos ofrecer nuestra visión cristiana de la familia, de la procreación, de un amor humano hecho no sólo de placer; afirmar nuestro concepto de justicia social, de una más equitativa distribución de los bienes, de un compromiso por la salvaguarda del medio ambiente, por la defensa de la vida humana y de su dignidad».

«Por tanto, es hora de pasar del desencuentro y la competencia a la solidaridad, al respeto recíproco y a la estima –afirmó–; diría incluso sin duda que debemos pasar al amor mutuo».

«Nuestra predicación cristiana puede tener efecto, puede ser convincente también en nuestro mundo contemporáneo si sabemos vivir este amor recíproco entre nosotros los cristianos», concluyó.

 

 

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ZENIT Staff

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