Benedicto XVI anima a los jóvenes a buscar sus propias raíces

El relativismo no da libertad sino inestabilidad, afirma el Papa

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes 3 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Benedicto XVI afirma que es “vital” para la persona “tener raíces y bases sólidas”, al contrario de lo que afirma el pensamiento actual, y por ello invita a los jóvenes a “ahondar en las raíces” y a buscar “puntos estables” que sostengan su vida.

Es el mensaje que entregó hoy a los jóvenes que participarán en la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid el próximo mes de agosto. Un mensaje en el que el propio Papa habla sobre sus años juveniles, sus aspiraciones y dudas.

En él, el Papa invita a los jóvenes a resistir al pensamiento actual relativista, a no dejar de aspirar a “una vida más grande”, a buscar, en definitiva, a Dios mismo.

“La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social”, a pesar de que “el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio”.

El Papa constata que existe “una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza”.

Por ello les invita a “volver a las raíces”: “Vosotros sois el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Es vital tener raíces y bases sólidas. Esto es verdad, especialmente hoy, cuando muchos no tienen puntos de referencia estables para construir su vida, sintiéndose así profundamente inseguros”.

“El relativismo que se ha difundido, y para el que todo da lo mismo y no existe ninguna verdad, ni un punto de referencia absoluto, no genera verdadera libertad, sino inestabilidad, desconcierto y un conformismo con las modas del momento”, advierte.

Por ello anima a los jóvenes a reclamar “el derecho de recibir de las generaciones que os preceden puntos firmes para hacer vuestras opciones y construir vuestra vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto”.

“¿Cuáles son nuestras raíces? – se pregunta -. Naturalmente, los padres, la familia y la cultura de nuestro país son un componente muy importante de nuestra identidad”.

Sin embargo, invita a los jóvenes a ir “más allá”: “Echar raíces significa volver a poner su confianza en Dios. De Él viene nuestra vida; sin Él no podríamos vivir de verdad”.

En el contexto actual, afirma el Papa, “hay una fuerte corriente de pensamiento laicista que quiere apartar a Dios de la vida de las personas y la sociedad, planteando e intentando crear un “paraíso” sin Él”.

Sin embargo, advierte, “la experiencia enseña que el mundo sin Dios se convierte en un ‘infierno’, donde prevalece el egoísmo, las divisiones en las familias, el odio entre las personas y los pueblos, la falta de amor, alegría y esperanza”.

“En cambio, cuando las personas y los pueblos acogen la presencia de Dios, le adoran en verdad y escuchan su voz, se construye concretamente la civilización del amor, donde cada uno es respetado en su dignidad y crece la comunión, con los frutos que esto conlleva”.

Así, les pone en guardia: “Hay cristianos que se dejan seducir por el modo de pensar laicista, o son atraídos por corrientes religiosas que les alejan de la fe en Jesucristo. Otros, sin dejarse seducir por ellas, sencillamente han dejado que se enfriara su fe, con las inevitables consecuencias negativas en el plano moral”.

“Por ello, también yo, como Sucesor del apóstol Pedro, deseo confirmaros en la fe. Creemos firmemente que Jesucristo se entregó en la Cruz para ofrecernos su amor; en su pasión, soportó nuestros sufrimientos, cargó con nuestros pecados, nos consiguió el perdón y nos reconcilió con Dios Padre, abriéndonos el camino de la vida eterna”.

El Papa concluye el mensaje invitándoles a “dar testimonio de la fe en la era de la globalización”.

“Cristo no es un bien sólo para nosotros mismos, sino que es el bien más precioso que tenemos que compartir con los demás. En la era de la globalización, sed testigos de la esperanza cristiana en el mundo entero: son muchos los que desean recibir esta esperanza”, añade.

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ZENIT Staff

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