Solidaridad, respeto y justicia: el verdadero significado de la paz

El cardenal Erdő interviene en el encuentro KEK/CCEE en Belgrado

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BELGRADO, lunes 21 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- La paz no es simplemente la ausencia de conflicto; de hecho implica una serie de realidades y de valores, como la solidaridad, el respeto, la justicia y la igualdad.

El cardenal Péter Erdő, presidente del Consejo de la Conferencia Episcopal de Europa (CCEE), recordó esto el pasado viernes durante su intervención en Belgrado (Serbia) en el encuentro anual del Comité Conjunto de la Conferencia de las Iglesias Europeas (KEK) y del CCEE que se ha celebrado del 17 al 20 de febrero.

Después de la reunión de 2009 que afrontó la salvaguarda de la creación y la del 2010 sobre la emigración, este año se ha tratado el tema de la paz y la contribución que los cristianos están llamados a hacer para su plena realización.

En su discurso, el purpurado explicó que “el mundo es capaz de abusar del concepto de paz, como sucedió, por ejemplo en los países situados tras la cortina de acero, donde el llamado ‘movimiento de la paz’ pretendía dividir al clero y manejar a la Iglesia según los objetivos del partido comunista”.

Por este motivo, es necesario vigilar, “para poder distinguir entre el vocabulario usado y los verdaderos objetivos de los diferentes grupos de intereses, partidos o movimientos”.

El hecho de que generalmente con el término “paz” se entienda la ausencia de guerra, o bien la ausencia de conflicto armado, “es correcto y justo”, “pero la verdadera paz significa mucho más”, observó el cardenal.

“Podremos tal vez hablar de paz, ¿cuando en el mundo hay personas discriminadas por su nacionalidad o religión?”, preguntó. “¿Cómo se puede hablar de paz en aquellos países en los que a tantos cristianos se les priva de libertad religiosa y son amenazados en su misma existencia física mediante graves formas de discriminación (psicológica, económica y cultural) que a veces se traducen en verdadera persecución?”

Frente a esto, surge claramente la necesidad de “buscar nuevos y eficaces modos de solidaridad con nuestros hermanos”.

Para muchos la paz -añadió- “significa también una cierta tolerancia pasiva, o bien un acuerdo tácito de dejarse recíprocamente ‘en paz’ de manera que son respetados los derechos individuales”.

“La insuficiencia de este concepto de tolerancia superficial es evidente en los casos, cada vez más frecuentes, en los que la opinión o el interés de una minoría contraria a los derechos de la mayoría, inicia una batalla jurídica y bajo la apariencia de la no discriminación, comienza a obligar a la mayoría a renunciar a sus propios derechos comunes y tradiciones culturales”.

El camino del Señor

“¿Cómo es la paz que el Señor nos ha dejado u nos quiere dar también hoy?”, preguntó el cardenal Erdő.

“La paz del Señor se fundamenta en la verdad de Dios y del hombre”, “nos llama a descubrir la belleza y la riqueza de las distintas formas de la identidad y de la comunión”, respondió.

En concreto, la paz de Cristo llama a reconocer tres elementos fundamentales comenzando por “ la importancia vital de la diversidad de las personas individuales en la familia y en la sociedad que no es contraria a su necesidad de igualdad de derechos”.

Se debe reconocer también “el valor de las Naciones como comunidad de lengua, historia, cultura, de experiencias históricas, de tradiciones religiosas”, en un mundo que tiende a olvidar sus raíces y que termina por llegar a una masa indistinta de consumidores uniformados, o que se refugia sintiéndose amenazado, en el nacionalismo o en el extremismo”.

“El verdadero ciudadano responsable, en vez de esto, justo porque conoce y ama su cultura, su lengua y su patria, es capaz de respetar y valorar la herencia cultural de los demás”. 

El tercer elemento que hay que reconocer es el hecho de que la paz “tiene seguramente una dimensión económica”.

“La reciente crisis económica ha mostrado que el deseo desenfrenado de un beneficio siempre mayor no es capaz de asegurar un orden económico sostenible”, reconoció el cardenal.

En este contexto, concluyó, los cristianos tienen “un gran reto”: “el de descubrir, de vivir y de apoyar las iniciativas ya existentes, donde el verdadero bien de la persona, del emprendedor es el bien común de los laboratorios y de los consumidores, no se excluyen pero se enriquecen mutuamente, en la solidaridad y en la subsidiariedad”.

Ecumenismo

El cardenal Erdő destacó como la presencia de los delegados KEK/CCEE en Belgrado es “un signo importante” del deseo de paz de los cristianos, además reconoció que “la unidad de las Iglesias cristianas no puede ser construida sólo mediante ‘un acuerdo de paz’ confesional sobre el mínimo denominador común”.

En este contexto, citó al Papa Benedicto XVI, que durante la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos destacó el camino ecuménico que se ha realizado en las últimas décadas, pero que reveló que todavía falta por hacer.

“Estamos todavía lejos de la unidad por la que Cristo rezó”, una “unidad expresada en la confesión de una sola fe, en la celebración común del culto divino y en la concordia fraternal de la familia de Dios”, admitió en la celebración de clausura de la Semana, el pasado 25 enero.

El camino hacia esta unidad es “un imperativo moral”, al que hay que responder venciendo “la tentación de la resignación y del pesimismo, que es la falta de confianza en la potencia del Espíritu Santo”.

“Nuestro deber-declaró el Papa- es proseguir con pasión el camino hacia esta meta con un diálogo serio y rigoroso para profundizar en el patrimonio teológico, litúrgico y espiritual común; con el conocimiento recíproco; con la formación ecuménica de las nuevas generaciones y sobre todo, con la conversión del corazón y con la oración”.

Por Roberta Sciamplicotti. Traducido del italiano por Carmen Álvarez

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ZENIT Staff

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