Benedicto XVI: Líbano, un mensaje de libertad y convivencia

Al recibir en audiencia al presidente de este país, Michel Sleiman

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ROMA, jueves 24 de febrero de 2011 (ZENIT.org).- Benedicto XVI recibió este jueves en audiencia al Presidente de la República del Líbano, Michel Sleiman, que sucesivamente se encontró con el secretario de Estado vaticano, el cardenal Tarcisio Bertone, acompañado por el secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Dominique Mamberti.

“En el transcurso de los cordiales coloquios – hace saber una nota de la Sala de Prensa vaticana – se ha subrayado que el Líbano, con motivo de la presencia de diversas comunidades cristianas y musulmanas, representa un mensaje de libertad y de convivencia respetuosa no sólo para la Región, sino para el mundo entero”.

En el Líbano, de hecho, una pluralidad de religiones y de ritos convive en armonía, desde cuando sobre todo la Constitución del 23 de mayo de 1926 y el Pacto nacional de 1943 instauraron un régimen consociativo o de democracia de consenso.

De hecho, el Pacto nacional sancionó una subdivisión de los cargos públicos en base a la pertenencia religiosa: el presidente de la República debe ser cristiano maronita, permanece en el cargo seis años, y comparte el poder ejecutivo con el Consejo de Ministros, presidido por un musulmán de confesión sunní.

En particular, el artículo 9 de la Constitución declara que “la libertad de conciencia es absoluta” y que “el Estado, rindiendo homenaje al Altísimo, garantiza en la misma medida a las poblaciones, sea cual sea el rito al que pertenecen, el respeto de su estatuto personal y de sus intereses religiosos”.

“En este contexto – afirma la nota vaticana de hoy – la promoción de la colaboración y del diálogo entre las confesiones religiosas se revela cada vez más necesaria”.

“Se ha puesto de manifiesto – reitera la nota – la importancia del compromiso de las Autoridades civiles y religiosas por educar las conciencias a la paz y a la reconciliación, y se ha augurado que la formación del nuevo Gobierno favorezca la deseada estabilidad de la nación, llamada a afrontar importantes desafíos internos e internacionales”.

Durante los coloquios, se trató “sobre la situación de Oriente Medio, con particular referencia a los recientes acontecimientos en algunos países árabes, y se ha expresado la convicción común de que es urgente resolver los conflictos aún abiertos en la Región”.

“Finalmente – concluye la nota –, se ha dedicado particular a la situación de los cristianos en toda la región y a la contribución que estos pueden ofrecer para el bien de toda la sociedad”.

Ayer 23 de febrerola “Institución Maronita de la Diáspora” en Roma ofreció un almuerzo, con ocasión de la inauguración, por parte del Papa, de la estatua de san Marón en la Basílica de San Pedro (ver www.zenit.org/article-38383?l=spanish).

Durante el mismo, el Presidente Sleiman afirmó que la suerte de los cristianos en los distintos países no está ligada “al principio de la defensa personal o exterior, ni tampoco a la capacidad de tomar los elementos de la fuerza física y material, o al esfuerzo, por otra parte, de cerrarse o aislarse”.

El camino de salida, indicó, está “en conseguir formar parte de movimientos y regímenes nacidos de un pensamiento iluminado, en el seno de una nación justa, capaz de custodiar la libertad pública y de luchar contra el terrorismo y la corrupción, buscando el bien común sobre la base de la unidad nacional”.

Además, añadió, “es deber de todas las confesiones, las cristianas en particular, en este tiempo problemático, el emprender un esfuerzo de reconciliación ente todas las religiones y las confesiones, subrayando los puntos en común entre ellas, lejos del ‘juego de la política de las naciones’ y especialmente alejado de la política de los enfrentamientos, que emplea todo esfuerzo en el intento de apoyar a una una parte de la población a costa de la otra”.

En el ámbito internacional, subrayó, “Líbano ha tomado a pecho la ‘causa palestina’ y todas las preocupaciones de los árabes respecto a la incursión y la ocupación israelí”.

A propósito de esto, añadió que “durante la cumbre de Beirut en el año 2002, el país apoyó la iniciativa árabe por la paz, para la búsqueda de una solución justa e íntegra respecto a todos los aspectos del conflicto árabe-israelí, preservando su derecho legal a la defensa del propio territorio y para liberarlo con todos los medios lícitos y disponibles”.

“Uno de los puntos de mayor relevancia de esta iniciativa – concluyó – es el rechazo de englobar a los refugiados palestinos en los países árabes, porque, como en el caso del Líbano, su condición no permitiría este asentamiento”.

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ZENIT Staff

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