El Patriarca maronita lleva consigo un Líbano unido en la diversidad

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En su primera visita a Roma para dar gracias por la “communio ecclesiastica”

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ROMA, jueves 14 de abril de 2011 (ZENIT.org).- “Nuestra esperanza es que su misión como Patriarca sea espiritualmente fructífera como ‘comunión y testimonio’ en Líbano, en Oriente Medio y en la diáspora”, estas palabras fueron pronunciadas por el Superior General de la Orden Maronita de la Beata Virgen María al recibir al nuevo Patriarca maronita en Roma, son el tema central de los sentimientos y de las esperanzas que acompañan el viaje del prelado a Roma y al Vaticano.

Su Beatitud Bechara Boutros El-Raï llegó el lunes 11 de abril, a Roma para dar gracias por la “communio ecclesiastica” concedida por el Papa Benedicto XVI con ocasión de su elección y su nombramiento oficial como Patriarca de la Iglesia maronita que se celebró el pasado 25 de marzo.

Una parada en la antigua morada

La primera etapa de la visita de El-Raï fue al Colegio de San Antonio Abad en Roma, que pertenece a la Orden Maronita Mariameta, orden a la que pertenecía el Patriarca antes de su elección episcopal ocurrida en 1986.

El abad Semaan Abou Abdo dio la bienvenida al Patriarca en “su casa”, recordando los años en los que El-Raï vivió como monje maronita en aquel colegio, completando sus estudios en la Universidad Pontificia Lateranense. Abou Abdo recordó también la actividad realizada por El-Raï como director de la sección árabe de la Radio Vaticana.

Esperando que el nuevo Patriarca pueda dar fruto a la misión que se ha marcado -”Comunión y testimonio” – el abad maronita aseguró a Su Beatitud el apoyo de los monjes maronitas a través de la oración y el cumplimiento de lo que se ha llamado el “pacto monástico mariamita”, que consiste en “dar la prioridad a Dios, a la obediencia, a la castidad, a la pobreza, y a la vida fraterna y comunitaria para mayor gloria de Dios”.

“La fidelidad al pacto -prosiguió- es la fidelidad al amor, al amor de Dios y al amor por la Iglesia”, expresando la voluntad de la Orden maronita de continuar con la obra de santificación con amor filial bajo la dirección de la Iglesia maronita, para preparar a la Esposa de Cristo “a presentarse ante su Esposo sin mancha o arruga o algo similar”.

El Líbano, un mensaje de unidad en la diversidad

Por su parte, el Patriarca El-Raï expresó su gratitud a la Orden mariamita que lo preparó y hizo madurar para convertirse en padre y cabeza de la Iglesia maronita.

En su discurso, el Patriarca envió un saludo particular al Presidente libanés Michel Sleiman, agradeciéndoles por haber enviado al ministro Boutros Harb como su representante oficial durante la visita a Roma, y expresó su deseo de que el Presidente del Estado consiga “dirigir la nave de la nación hacia una orilla segura, ayudado por sus colaboradores, en concreto de su Consejo de ministros y del Parlamento”.

El-Raï afirmó que había llegado a Roma “llevando consigo la imagen del un Líbano que vive la unidad en la diversidad” y explicó que el motivo de su visita es expresar el amor de la Iglesia maronita y del Líbano por la Iglesia de Roma.

El nuevo Patriarca insistió en la importancia de la misión del Líbano, “el Líbano de la vida común, el Líbano de la unidad en la diversidad, el Líbano democrático, el Líbano de la convivencia islámico-cristiana protegida por la Constitución, el Líbano tierra de las libertades y de la apertura al mundo árabe y occidental”.

El-Raï confesó que obtenía sus fuerzas del Sínodo de los obispos, de las órdenes religiosas, de los sacerdotes, de los laicos y de las estructuras de la Iglesia y agradeció todo el amor y el apoyo recibido tras su elección.

Escuchando el espíritu del Sínodo

Durante una comida en honor al nuevo Patriarca, realizada en el colegio san Isaías de la orden maronita antoniana, el padre Daoud Reaidi, Superior del colegio, destacó entre los aspectos importantes de esta elección, la necesidad de “seguir la inspiración del Espíritu Santo que abre nuestros ojos a la comprensión de su voluntad” y “al que el Espíritu ha elegido a través del Sínodo maronita”.

El monje antoniano identificó en la elección del nuevo Patriarca un”programa evangélico” que no “se inspira en los eventos mundanos y que no se rige según sus tiempos, sino que es la que inspira los acontecimientos y la clave de su lectura”. “Su elección -prosiguió- es el inicio de una cosecha que resplandece en el horizonte. Es una etapa en el camino de la historia de la Iglesia maronita” en la que el nuevo Patriarca aportará su contribución al de sus predecesores.

El Superior antoniano habló de las revueltas populares que han agitado todo Oriente Medio y el norte de África, “despertares de la libertad, del sentido de la ciudadanía y de la democracia, que son valores que desmienten todas las corrientes totalitarias que han alimentado de alguna manera, el extremismo islámico”.

“Estos movimiento de renacimiento, continuó, muestran que la búsqueda de la identidad en el mundo árabe, el reconocimiento de la diversidad y la apertura a la convivencia entre cristianos y musulmanes son factores que ponen de relieve la importancia de la experiencia libanesa que se revela como mensaje y modelo en este momento concreto.

El nuevo Patriarca, de 71 años de edad, nacido en Himlaya, un pueblo de montaña al este de Beirut (Líbano), fue nombrado oficialmente en el transcurso de una ceremonia celebrada el 25 de marzo, en Bkerké – a 25km al norte de Beirut –, que desde 1790 alberga la residencia oficial del Patriarca maronita.

La Iglesia maronita es una comunidad sui iuris en el seno de la Iglesia Católica, que siempre ha estado en comunión con Roma, aunque si mantiene una liturgia y calendario propios: celebra su liturgia en árabe, excepto los cánticos antiguos y las oraciones ancestrales de la Eucaristía, para los que usa el arameo.

Fue fundada por san Marón, que vivió entre el siglo IV y el V come eremita en las montañas del Tauro, en las inmediaciones de Cyrus, antigua ciudad de Siria septentrional, que en vida se ganó la fama de taumaturgo y gozó de gran reputación como director espiritual.

Hoy la Iglesia maronita cuenta con más de 3 millones de fieles y está presente en Líbano, Siria, Egipto, Tierra Santa y en los países de la diáspora como Argentina y Australia.

Por Robert Cheaib. Traducción del italiano por Carmen Álvarez

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ZENIT Staff

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