Conferencia Episcopal Argentina

Conferencia Episcopal Argentina, presentación final

Los obispos argentinos piden no olvidar la ruptura democrática

Tras 40 años, invitan a preguntarse cómo se pudo llegar al período más oscuro de nuestra historia

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Los obispos argentinos, reunidos en la 173º reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal, hicieron una declaración con motivo de los 40 años de la ruptura del orden institucional que se registró el 24 de marzo de 1996, cuando las Fuerzas Armadas del país tras un golpe de estado depusieron al gobierno de Isabel Perón. La escalada de violencia que inició con manifestaciones de protesta seguidas por actos terroristas, desató una represión o ‘guerra sucia’, que terminó siendo terrorismo de estado.
La Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas constató más de 9.000 casos de personas desaparecidas, mientras que los organismos de derechos humanos hablan de más de 30.000.
«No podemos dejar de preguntarnos –señalan los obispos– cómo se pudo llegar al período más oscuro de nuestra historia. Sus consecuencias de enfrentamientos, dolor y muerte aún permanecen y se nos presentan como un pasado que tenemos que afrontar y sanar».
Sobre los archivos del Vaticano de este período, el secretario general de la Conferencia Episcopal Argentina, Carlos Malfa, después de ver al papa Francisco en el Vaticano, declaró a la agencia Télam que la Iglesia y la Santa Sede están los están ordenando conjuntamente para ponerlos a disposición de los interesados, si bien reconoció que «lleva su tiempo porque implica la lectura y clasificación de los documentos».

A continuación el texto del comunicado de la Conferencia Episcopal Argentina:

«El próximo 24 de marzo se cumplen cuarenta años de la ruptura del orden constitucional y del estado de derecho. Un hecho que nunca más se debe repetir ni podemos olvidar.
Era un momento complejo y difícil para toda la sociedad. Argentina vivía una escalada de violencia que culminó en el terrorismo de estado, protagonista de crímenes de diversa índole, entre ellos: la tortura, el asesinato, la desaparición de personas y el secuestro de niños.
Los argentinos no podemos dejar de preguntarnos cómo se pudo llegar al período más oscuro de nuestra historia. Sus consecuencias de enfrentamientos, dolor y muerte aún permanecen y se nos presentan como un pasado que tenemos que afrontar y sanar.
La vuelta a la democracia marcó el inicio de un camino de verdad, de justicia y de encuentro entre todos, que urge seguir transitando, para alcanzar la concordia y la amistad social.
El reconocimiento del valor de la vida, de la dignidad y de los derechos inalienables de la persona constituye la base indispensable de toda convivencia humana y del destino feliz de un pueblo.
La memoria del 24 de marzo, este año, coincide con la celebración del Jueves santo, día de dolor y de traición, pero también día en que Jesús manifestó su amor hasta el fin entregando la vida por nosotros. En su Sangre hemos sido reconciliados. “Cristo es nuestra paz” (Ef 2,14) y el fundamento de una esperanza que nos impulsa a construir una sociedad auténticamente humana.
Su ejemplo nos ayuda a cicatrizar nuestras heridas en la verdad, el arrepentimiento, la reparación en justicia y el anhelo de alcanzar misericordia».
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ZENIT Staff

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