Píldoras de esperanza: “Habrá un solo Rebaño y un solo Pastor”

Lunes de la IV Semana de Pascua

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Reflexión sobre los Evangelios diarios

Invocamos al Espíritu Santo

Espíritu Santo ven a estos momentos donde nos disponemos de corazón y mente para escuchar el mensaje de Dios y ponerlo en acción en nuestra vida. Amén

Evangelio según San Juan 10, 11-18

Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas.

El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.

Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí –como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre– y doy mi vida por las ovejas.

Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor. El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla.

Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre».

Palabra del Señor

¿Qué dice el texto?

“Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor”. 

¿Qué nos dice hoy Dios a nosotros a través de este texto?

Este conocido texto del Evangelio de Juan, al que nosotros llamamos el discurso del Buen Pastor, es muy amplio, tiene muchas partes de las que podemos aprender mucho, especialmente en tiempos de estar en casa para evitar contagios.

Vamos a centrarnos en la idea sobre las otras ovejas que Jesús dice que no son de ese corral. Evidentemente en el mundo y cultura de los judíos de hace dos mil años, el ambiente pastoril era un ejemplo perfecto para que lo entendieran. Las ovejitas tienen un pastor, viven en un grupo llamado rebaño, y en las noches se las cuida en un lugar cerrado que solo tiene una puerta, es el corral. En base a esta experiencia Jesús les habla a sus discípulos y también hoy nos habla a nosotros.

El corral hoy son nuestros grupos religiosos, nuestras parroquias, el rebaño también es el grupo de conocidos en el templo, donde frecuentemente nos encontramos. Pero Jesús hoy nos dice que Él tiene otras ovejas, fuera del rebaño y fuera del corral. Evidentemente les habla a los judíos sobre la humanidad entera, los pueblos paganos que la Iglesia fue conquistando para Cristo. Hoy, esas ovejas que no están en el rebaño, es decir en la Iglesia, Jesús quiere reunirlas también.

Los pastores suelen tener ayudantes que los acompañan en sus labores. Y hoy podemos entender que Jesús, el Buen Pastor, nos llama a nosotros como ayudantes y compañeros del cuidado del rebaño, especialmente para cuidar a las ovejas que están fuera.

Posiblemente en estos momentos pensarás: ¿Y ahora tengo que hacer más cosas? Justo cuando estoy muy atento y “preocupado” por velar de no perder el trabajo, o cuidar más de mi familia, o revisar cómo mantener en orden los gastos cuando el salario se ha reducido… Pues sí, es el momento de poner prioridades. ¿Dónde has puesto tú la esperanza? Porque allí donde está tu tesoro, está también tu corazón.

Jesús no es sólo un personaje de la historia que vino a contarnos anécdotas bonitas, es el Señor de la Historia y nos invita a que viviendo unidos a Él podamos acompañarlo en esta labor. Quisiera invitarte hoy a que te comuniques con alguna persona que sabes que por algún motivo está dudando de su fe, ya sea por la angustia de estar sin trabajo, ya sea por la melancolía de estar en el confinamiento voluntario, ya sea porque no puede ver la luz al final del túnel en la pandemia. Pídele al Señor que te ilumine, usa tu teléfono o el medio de comunicación más apto, comunícate con esa persona. No lo hagas en nombre propio, sino como socio del Señor en esta tarea de buscar a las ovejas que están fuera del Corral. Siéntete responsable. Mantén una conversación, escucha lo que desee decirte, debes entender que todos necesitan ser escuchado y ofrécele una palabra de esperanza, de aliento. Así vas asociándote con el Señor en su ministerio pastoral. No tengas miedo, es ahora cuando vemos a los verdaderos discípulos del Señor.

Hoy te recomiendo que repitas muchas veces y con mucha seguridad en tu vida, incluso rítmicamente, cántalo si sabes cantarlo y enséñalo a otros. Cree firmemente en lo que vas a decir:

“El Señor es mi Pastor, nada me puede faltar” (Salmo 23)

Te invito a conocer más de nuestro trabajo diario sobre la Lectura Orante de la Biblia

 

 

 

 

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Ricardo Grzona

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